Normas contra ley natural desautorizan a legisladores
MADRID, 27 Jun. 05 (ACI).-El Director de la Oficina
de Prensa de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls,
aseguró en Madrid que cuando los legisladores
aprueban normas “contra el derecho natural
y el sentido común”, se desautorizan
a sí mismos.
A pocos días de la eventual aprobación
en la Cámara de Diputados del proyecto de
ley que equipararía las uniones homosexuales
al matrimonio, el vocero vaticano consideró que
en estos casos, “la primera víctima
es el legislador, porque pierde autoridad y abre
la puerta” a protestas lícitas como
la objeción de conciencia.
Navarro Valls visitó España para
recibir un doctorado honoris causa por la Universidad
Cardenal Herrera-CEU, junto al Premio Nobel de Medicina
1997, Stanley B.Prusiner.
Aunque aclaró que no habla en nombre del Vaticano,
el director indicó que “si la más
alta instancia sobre la conducta de una persona es
su conciencia, ésta es inviolable y no puede
ser violada por otra de rango inferior como es el
Derecho positivo”.
Al respecto indicó que “quien actúa
en contra de su conciencia, abdica de sí mismo” y
es ahí donde radica el “problema de
la conciencia formal”, que se constituye “sobre
la verdad, no sobre opiniones”. De no ser así, “se
produce una confusión entre los derechos,
que van con la naturaleza del ser humano, y los deseos
o caprichos”. Benedicto XVI: Uno de los mejores
pensadores de la actualidad
En diálogo con la prensa local, reiteró que
decidió seguir al frente de la Oficina de
Prensa del Vaticano, a pesar de haber presentado
su renuncia a Benedicto XVI luego de 20 años
de trabajo, porque “es muy difícil decir
que no a un Papa”.
Según Navarro-Valls, el Pontífice es “uno
de los mejores pensadores de la Humanidad del momento
actual” y su producción filosófico-teológica
es de “una calidad intelectual extraordinaria”.
Evocó que este Pontífice trabajó junto
a Juan Pablo II “durante muchos años,
sobre todo en los temas más importantes de
la Iglesia”. “Prácticamente todo
lo que Juan Pablo II escribía –encíclicas,
discursos o libros– todo era enviado antes
al Cardenal (Ratzinger) para que le diera su aprobación”,
recordó.