Celebración
en la Parroquia Sagrados Corazones
El 3 de junio, solemnidad del Corazón de
Jesús, fue día de alegría
y gozo en la Parroquia Sagrados Corazones de Guaynabo.
La Santa Misa fue ofrecida por tres sacerdotes
de la Congregación de los Sagrados Corazones
quienes durante el transcurso de este año
cumplen 50 años de profesión religiosa:
Padre Luis Antonio Sada, Párroco actual;
Padre José María García, Superior
de la Comunidad en Puerto Rico y Padre Jesús
Vieites, Párroco de la Parroquia Corazón
de Jesús, y además tiene a cargo
las capillas de San Juan Bosco y Sagrada Familia.
Congregación
La Congregación de los Sagrados Corazones
de Jesús y de María y de la Adoración
Perpetua del Santísimo Sacramento del Altar,
presente en Puerto Rico por unas cuantas décadas,
es una congregación religiosa apostólica
de derecho pontificio, fundada por Pierre Coudrin
y Henriette Aymer de la Chevaliere. Hermanos y
Hermanas unidos en un mismo carisma y una misma
misión y una sola espiritualidad, constituyen
una sola Congregación aprobada como tal
por el Papa Pío VII en 1817. Sus miembros
se consagran a Dios mediante votos públicos
de pobreza, castidad y obediencia, para vivir la
misma forma de vida de Jesús, compartiendo
la vida fraterna.

Eucarística fue celebrada por Padre Mateo
Mateo y concelebrada por José María
García (a la izquierda) y Padre Luis Antonio
Sada (a la derecha), asistidos por el diácono
Iván Domínguez. (Foto Ricardo Rivera
/ más fotos en www.elvisitante.biz)

Padre Jesús Vieites (Foto Ricardo Rivera)
La actividad apostólica -pastoral, misionera,
educativa o social- es el sello de su servicio
a la Iglesia y al mundo. Cada rama goza de personalidad
jurídica autónoma, con legislación,
estructura de gobierno y de formación, vida
comunitaria y patrimonio temporal propios. Es una
congregación internacional, de diversas
lenguas y culturas; sus miembros desarrollan su
actividad en diversas partes del mundo, siempre
dispuestos a dejar patria, familia y ambiente para
servir donde sea necesario.
Misión
Su misión en el mundo es:
•
contemplar el amor de Dios a partir de una experiencia
religiosa profunda, especialmente en la celebración
eucarística y en la adoración contemplativa;
participar de los sentimientos de Jesús
ante el Padre y ante el mundo, en un proceso de
conversión continua.
•
vivir el amor de Dios, especialmente por una vida
de fraternidad intensa, con sencillez y espíritu
de familia, abiertos a todos los pueblos.
•
anunciar el amor de Dios mediante la misión
evangelizadora y reparadora, especialmente en medio
de los marginados, los afligidos y los que no conocen
el Evangelio, buscando transformar el corazón
humano y construyendo un mundo más justo
en solidaridad con los pobres.
Todos conocemos o hemos oído hablar de Padre
Damián de Molokai, beato, el apóstol
de los leprosos y sacerdote de la Congregación
de los Sagrados Corazones, siervo de la humanidad
y ejemplo por excelencia de la vida entregada.
(Información compilada por Myrna Fernández,
Coop. fp.)La celebración