Edición 27 • 3 al 9 de julio de 2005
Hoy es miércoles, 8 de febrero de 2012

Sacerdote Capuchino celebra 50 años al servicio de Dios
Padre Joseph Schreck, OFM. Cap.

José A. Rodríguez González
redaccionsjc@elvisitante.biz

Padre Joseph Schreck, OFM. Cap., nació en Marienthal, Kansas, el 20 de abril de 1927. Es el sexto de ocho hijos que engendró el matrimonio de Don Henry y Doña Adelheid (Fonke) Schreck.

Cursó 8 grados en la escuela parroquial y 3 de secundaria en la pública. Entró en el Seminario con los Padres y Hermanos Maryknoll, en 1946: estuvo un año en Onamia MN, tres en Lakewood, NJ; uno en Glen Hellín, Illinois. En 1951, cambió a la Orden Capuchina, haciendo el noviciado en Anápolis MD y los estudios teológicos en Washington, DC.

¿Cuándo se ordenó de sacerdote?

Fui ordenado sacerdote por Monseñor John Baptist Franz, en la Capilla Saint Mary’s of the Plains College en Dodge City, Kansas, el 11 de junio de 1955.


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¿Cuáles han sido sus responsabilidades pastorales?

Cuando terminé los estudios teológicos, en junio de 1956, sustituía por un tiempo temporero a sacerdotes en varios sitios: Cumberland, MD; Pittsburgh y Herman, PA, mientras esperaba las elecciones en la Orden y asignaciones.

Llegué a Puerto Rico el 19 de septiembre de 1956 y me encomendaron cuatro capillas en los campos de Utuado. Recuerdo que cuando fui asignado a Puerto Rico, estudié español 2 semanas en Berlitz.

En 1958, me asignaron a la Capilla Rodante, un camión equipado con altar en la parte de atrás, con sistema de altoparlante. Anticipando el Concilio Vaticano II, instalé una grabadora con las oraciones de la Misa en español que se tocaba por el sistema de sonido mientras yo rezaba en latín. Visitaba unos 33 lugares al mes en las áreas distantes de capillas establecidas en casi todos los barrios de Utuado.

De 1960 a 1967 fui asignado a la Parroquia San Francisco, en el Viejo San Juan, sirviendo como párroco por 5 años, tres de ellos también como Director de la Academia Católica. De 1965 a 1967 serví de secretario del recién instalado Arzobispo, Monseñor Luis Aponte. Durante ese tiempo serví, también como Juez Pro – Sinodal en el Tribunal Eclesiástico de San Juan.

De 1967 a 1975 serví un año como vicario y luego de párroco de Santa Teresita en Ponce y director del colegio de dicha parroquia. Con Sister Anita de Lourdes, CSJ, empecé el Centro San Francisco en Tamarindo como, centro de doctrina y misas. Servía a aquellas personas que no podían bajar a la iglesia. Luego, Sister Anita, lo convirtió en una escuela de K a 12. Durante 2 años serví de vicario episcopal de pastoral de la diócesis de Ponce. De 1975 a 1978 volví a Utuado como párroco y guardián de la fraternidad.

En abril de 1978 fui elegido Ministro Vice Provincial de los Frailes Capuchinos en Puerto Rico, puesto que ocupé por el límite de seis años, viviendo en Park Gardens de Río Piedras. Durante esos años comenzamos el programa de formación de nuestros nuevos miembros aquí en Puerto Rico, parte integral del cual era el establecimiento de CEDOC – el teologado – en Bayamón en el cual gustosamente cooperé.

Después serví tres años como Director del Colegio San Antonio en Río Piedras y en 1987, una vez más, en Utuado, como párroco y Director del Colegio hasta 1994. Luego de un año semi jubilado, como vicario en la parroquia, Monseñor Iñaki Mallona me reclutó para servir de Canciller de la Diócesis de Arecibo. En dicho puesto estoy cumpliendo 10 años.

Con ocasión de su aniversario de oro sacerdotal, ¿qué significa para usted?

En ocasión de mis Bodas de Oro sacerdotal, me siento lleno de gozo y agradecimiento a Dios. “Gozo” porque han sido 50 años sumamente interesantes, fructíferos, salpicados con esos momentos en que uno se siente instrumento de Dios, el que hace la conexión entre el individuo y Dios: un viejo muriendo de cáncer, totalmente ignorante de Dios y su amor; una prostituta en rebelión con su familia y Dios; un joven padre, muriéndose de tuberculosis, otra vez completamente sin conocimientos de Dios y tan receptivo cuando se lo presentaba y muchos más.

“Agradecido” a Dios porque Él me invitó y me ayudó a ser un Capuchino de la vida mixta, de contemplación y actividad y un sacerdote partícipe con Cristo en su misión. Simplemente no se me ocurre otra “carrera” tan buena, tan significativa.

¿ Cuál es su mensaje para los jóvenes?

Mi mensaje a los jóvenes: piénsalo bien, ¿dónde mejor gastar su vida? ¡Atrévanse a ser diferentes, a caminar el camino menos caminado, a servir sin reservas al Señor de tiempo y eternidad!

¿Qué les diría a los feligreses de Puerto Rico?

Al pueblo de Puerto Rico: gracias por siempre acogerme como uno de sus hijos – tanto en la ruralía como en las ciudades. Gracias por su respuesta al mensaje de Dios. Esfuércense a redescubrir los valores que han ido desapareciendo: humildad, generosidad, honradez, trato caballeroso uno con otro, respeto a los mayores, prioridad de lo espiritual sobre lo material. ¡Comencemos juntos los próximos 50 años!

Archivo EV

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