Sacerdote
Capuchino celebra 50 años al
servicio de Dios
Padre Joseph Schreck, OFM. Cap.
José A. Rodríguez González
redaccionsjc@elvisitante.biz
Padre Joseph Schreck, OFM. Cap., nació en
Marienthal, Kansas, el 20 de abril de 1927. Es
el sexto de ocho hijos que engendró el matrimonio
de Don Henry y Doña Adelheid (Fonke) Schreck.
Cursó 8 grados en la escuela parroquial
y 3 de secundaria en la pública. Entró en
el Seminario con los Padres y Hermanos Maryknoll,
en 1946: estuvo un año en Onamia MN, tres
en Lakewood, NJ; uno en Glen Hellín, Illinois.
En 1951, cambió a la Orden Capuchina, haciendo
el noviciado en Anápolis MD y los estudios
teológicos en Washington, DC.
¿Cuándo se ordenó de
sacerdote?
Fui ordenado sacerdote por Monseñor John
Baptist Franz, en la Capilla Saint Mary’s
of the Plains College en Dodge City, Kansas, el
11 de junio de 1955.

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¿Cuáles
han sido sus responsabilidades pastorales?
Cuando terminé los estudios teológicos,
en junio de 1956, sustituía por un tiempo
temporero a sacerdotes en varios sitios: Cumberland,
MD; Pittsburgh y Herman, PA, mientras esperaba
las elecciones en la Orden y asignaciones.
Llegué a Puerto Rico el 19 de septiembre
de 1956 y me encomendaron cuatro capillas en los
campos de Utuado. Recuerdo que cuando fui asignado
a Puerto Rico, estudié español 2
semanas en Berlitz.
En 1958, me asignaron a la Capilla Rodante, un
camión equipado con altar en la parte de
atrás, con sistema de altoparlante. Anticipando
el Concilio Vaticano II, instalé una grabadora
con las oraciones de la Misa en español
que se tocaba por el sistema de sonido mientras
yo rezaba en latín. Visitaba unos 33 lugares
al mes en las áreas distantes de capillas
establecidas en casi todos los barrios de Utuado.
De 1960 a 1967 fui asignado a la Parroquia San
Francisco, en el Viejo San Juan, sirviendo como
párroco por 5 años, tres de ellos
también como Director de la Academia Católica.
De 1965 a 1967 serví de secretario del recién
instalado Arzobispo, Monseñor Luis Aponte.
Durante ese tiempo serví, también
como Juez Pro – Sinodal en el Tribunal Eclesiástico
de San Juan.
De 1967 a 1975 serví un año como
vicario y luego de párroco de Santa Teresita
en Ponce y director del colegio de dicha parroquia.
Con Sister Anita de Lourdes, CSJ, empecé el
Centro San Francisco en Tamarindo como, centro
de doctrina y misas. Servía a aquellas personas
que no podían bajar a la iglesia. Luego,
Sister Anita, lo convirtió en una escuela
de K a 12. Durante 2 años serví de
vicario episcopal de pastoral de la diócesis
de Ponce. De 1975 a 1978 volví a Utuado
como párroco y guardián de la fraternidad.
En abril de 1978 fui elegido Ministro Vice Provincial
de los Frailes Capuchinos en Puerto Rico, puesto
que ocupé por el límite de seis años,
viviendo en Park Gardens de Río Piedras.
Durante esos años comenzamos el programa
de formación de nuestros nuevos miembros
aquí en Puerto Rico, parte integral del
cual era el establecimiento de CEDOC – el
teologado – en Bayamón en el cual
gustosamente cooperé.
Después serví tres años como
Director del Colegio San Antonio en Río
Piedras y en 1987, una vez más, en Utuado,
como párroco y Director del Colegio hasta
1994. Luego de un año semi jubilado, como
vicario en la parroquia, Monseñor Iñaki
Mallona me reclutó para servir de Canciller
de la Diócesis de Arecibo. En dicho puesto
estoy cumpliendo 10 años.
Con ocasión de su aniversario de oro sacerdotal, ¿qué significa
para usted?
En ocasión de mis Bodas de Oro sacerdotal,
me siento lleno de gozo y agradecimiento a Dios. “Gozo” porque
han sido 50 años sumamente interesantes,
fructíferos, salpicados con esos momentos
en que uno se siente instrumento de Dios, el que
hace la conexión entre el individuo y Dios:
un viejo muriendo de cáncer, totalmente
ignorante de Dios y su amor; una prostituta en
rebelión con su familia y Dios; un joven
padre, muriéndose de tuberculosis, otra
vez completamente sin conocimientos de Dios y tan
receptivo cuando se lo presentaba y muchos más.
“Agradecido” a Dios porque Él
me invitó y
me ayudó a ser un Capuchino de la vida mixta,
de contemplación y actividad y un sacerdote
partícipe con Cristo en su misión.
Simplemente no se me ocurre otra “carrera” tan
buena, tan significativa.
¿
Cuál es su mensaje para los jóvenes?
Mi mensaje a los jóvenes: piénsalo
bien, ¿dónde mejor gastar su vida? ¡Atrévanse
a ser diferentes, a caminar el camino menos caminado,
a servir sin reservas al Señor de tiempo
y eternidad!
¿Qué les diría
a los feligreses de Puerto Rico?
Al pueblo de Puerto Rico: gracias por siempre
acogerme como uno de sus hijos – tanto en la ruralía
como en las ciudades. Gracias por su respuesta
al mensaje de Dios. Esfuércense a redescubrir
los valores que han ido desapareciendo: humildad,
generosidad, honradez, trato caballeroso uno con
otro, respeto a los mayores, prioridad de lo espiritual
sobre lo material. ¡Comencemos juntos los
próximos 50 años!