50
años
de vida sacerdotal al servicio de la Iglesia
y las almas
Padre
Bertulfo Acevedo Echeverri
José A. Rodríguez González
redaccionsjc@elvisitante.biz
Padre Bertulfo Acevedo Echeverri nació en
Amagá, Colombia, el 5 de abril de 1930.
Sus padres se llamaban Manuel Antonio y María
Clotilde. Es el tercero de seis hijos que engendró el
matrimonio Acevedo Echeverri. Sus hermanos se llamaban: Ángel,
Emilio, Carmelina, Virgelina e Isabel. El último
que quedaba vivo, Emilio, falleció el 2
de marzo de 2005.
Se educó en Cartago, Colombia. A los 13
años ingresó al seminario menor en
Manizales. Hizo su filosofía en el Desierto
de la Candelaria, Bollacá. Su teologado
lo cursó en Suba, Bogotá. Además
estudió psicología y bibliotecología
en la Universidad Javeriana de Bogotá.

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¿Cuándo se ordenó de
sacerdote?
Fui ordenado el 17 de junio de 1955 por la imposición
de manos del obispo auxiliar de Bogotá,
Monseñor Luis Córdoba Concha.
¿Dónde cursó su carrera eclesiástica?
Mi formación fue agustiniana porque ingresé a
la congregación de los agustinos debido
a que había mucha influencia donde los conocí,
en Cartago, Colombia, donde me crié. Me
enamore del espíritu agustino basado en
hermanos el carisma de amar primero Dios y después
al prójimo. Profesé los votos religiosos
en 1948, en Colombia.
Con el permiso del arzobispo de la arquidiócesis
de Tunja, Monseñor Augusto Trujillo Alango,
trabajé como sacerdote diocesano en 1970.
En 1976 me concede, el arzobispo, permiso para
ir a Estados Unidos a trabajar con las comunidades
hispanas.
¿Cuáles
han sido sus responsabilidades pastorales?
Tras mi ordenación sacerdotal, me asignaron
a la misiones de Casanares, en Colombia, donde
estuve 10 años. Luego fui Capellán
Militar por 6 años, en que serví a
la armada de infantería de Casanares. Fui
vicerrector y prefecto de disciplina por 3 años
en el Colegio Agustino de Bogotá. Después
fui párroco en Suba, Bogotá, donde
había estudiado; y en 1976 viajé a
Estados Unidos, a la diócesis de Canden,
New Yersey. Aquí trabajé con los
hispanos por 7 años. En 1982 viajé a
Puerto Rico, en que he estado hasta actualidad.
En Puerto Rico, he estado de párroco en
la Parroquia La Milagrosa de Palmarito, Corozal:
entre 1982 a 1986. Luego pasé a un campo
de Lares como primer párroco y fundador
de la Parroquia San Judas Tadeo, en el Barrio Buenos
Aires. Aquí estuve 8 años. Luego
serví 7 años en la Parroquia Nuestra
Señora del Carmen de la Playa en Vega Baja.
De aquí fui trasladado a la Parroquia Nuestra
Señora de los Dolores del Barrio Maguana
de Utuado. Comencé el 1 de diciembre del
2000 y he perseverado hasta el presente.
¿Por qué llegó a
Puerto Rico?
La razón por la que llegué a Puerto
Rico fue porque el contacto que tuve con las comunidades
puertorriqueñas en Estados Unidos me movió a
conocer la cultura puertorriqueña. Así que
un día me trasladé a Puerto Rico
y solicité incardinación en la Diócesis
de Arecibo. En mayo de 1982, el entonces obispo,
Monseñor Miguel Rodríguez me la concede.
Con
ocasión de su aniversario de oro sacerdotal, ¿qué significa
para usted?
Significa, en realidad, la entrega total de mi
vida al servicio de la Iglesia; algo que me llena
de plena satisfacción. Me compromete a gastar
mis últimos días al servicio de esta
Iglesia en contacto con los que me encuentre en
mi camino. Seguiré trabajando por mi Iglesia.
Me siento muy agradecido a mi obispo actual,
Monseñor
Iñaki Mallona, como al Padre Dimas Soberal;
de quienes he recibido detalles muy bellos en este
año jubilar. Siento una gran satisfacción
de haber podido servir a mis hermanos donde mis
superiores me han asignado, a lo largo de toda
mi vida sacerdotal.
De
su vida sacerdotal, ¿qué le apasiona
más?
La vida parroquial es lo que más me gusta.
En las misiones, era casi párroco y aquí en
Puerto Rico lo he sido en todo el tiempo que he
estado. Poder llegar al pueblo y tratarlos de tu
a tu, es algo que me realiza como sacerdote.
¿Qué les diría
a los feligreses de Puerto Rico?
Les diría que hay mucha necesidad de incrementar
las vocaciones sacerdotales nativas para que de
esta manera se pueda continuar una obra más
eficiente. Veo la urgencia de que haya sacerdotes
nativos que puedan llegar más al corazón
de los puertorriqueños.