Edición 27 • 3 al 9 de julio de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

El Monje Benedictino como Sacerdote

P. Eric R. Buermann, O.S.B.
Para EL VISITANTE

Hace unas semanas El Visitante publicó dos artículos, uno sobre la espiritualidad del sacerdote diocesano y el otro del sacerdocio religioso. Bajo el término “sacerdote religioso” el autor incluyó sacerdotes que pertenecen no sólo a “institutos muy antiguos” como los benedictinos, frailes menores, dominicos y carmelitas sino también otros que surgieron más tarde (en el s. XVI o aún en el s. XIX).

Aunque los benedictinos se clasifican en general como religiosos, el término más preciso es decir que los benedictinos son monjes, una palabra tomada del griego y significa “solitario, separado.” Sin embargo, la soledad del monje no es aislamiento ni menosprecio de los otros, sino que está en función de una mayor comunión con Cristo y consecuentemente con los hombres. O, como un monje-teólogo del siglo IV, Evagrio Póntico, afirmaba, “el monje se considera unido a todos, porque se ve a sí mismo en cada uno.”

Los monjes de san Benito son los que quieren vivir en comunidad “bajo una regla y un abad” (R.B. 1). Se dedican a la oración, a la lectura divina y al trabajo. La oración es una tarea incesante del monje; y la oración comunitaria lo recoge, acrecienta y alimenta. La lectio divina, de la Palabra de Dios y de “las enseñanzas de los Santos Padres” (R.B. 73), son instrumentos de virtudes para los monjes todos los días.

Hoy día el trabajo de los monjes es mucho menos agrícola que antes; puede incluir actividades artesanales y, mirando la sociedad en que vivimos, la investigación científica y todo tipo de actividad intelectual.

Históricamente la vida monástica era básicamente laica, ya que la mayoría de los monjes eran laicos. Todo cristiano pudiera sentirse llamado a darlo todo para vivir radicalmente el misterio de la muerte y la resurrección de Jesús en un camino escondido de pobreza y humildad. El sacerdote o presbítero, en cambio, a partir de su ordenación, se ha de integrar en la función ministerial de la palabra y de los sacramentos. Tenemos que recordar siempre que ser monje y ser presbítero no se contraponen sino que se complementan de cara a la edificación del Reino de Dios.

Así san Benito en su Regla está dispuesto a admitir sacerdotes a su comunidad con el aviso de que ellos deben “observar todas las prescripciones de la Regla”(RB c. 60). A lo largo de la historia del monacato, desde el tiempo de san Benito hasta nuestros días, los monasterios siempre han tenido algunos miembros que eran sacerdotes y que ejercían su ministerio tanto dentro como afuera del recinto monástico. Tomás Merton, por ejemplo, no era sólo monje sino también sacerdote. La historia tanto antigua como moderna nos ofrece otros ejemplos admirables de sacerdotes que han sido fieles monjes en la vida monástica. El Beato Columba Marmion, el distinguido Cardenal Basil Hume como arzobispo de Westminister en Inglaterra, y el conocido autor contemporáneo, Anselm Grün, todos son ejemplos de monjes-sacerdotes.

La formación de un monje, tanto del que permanece laico como el que es ordenado presbítero, es idéntica. La única diferencia es que para recibir el sacramento de los Sagrados Ordenes el candidato tiene que cumplir exactamente todos los requisitos que exige la Iglesia para cualquier presbítero. Es decir, tiene que tomar cursos de la filosofía, de teología, de las Sagradas Escrituras, de la liturgia, de la espiritualidad y de moral.

Al ser ordenado, el monje-sacerdote puede ejercer su ministerio en obediencia a su abad. Esto puede ser dentro del recinto monástico o afuera, según las necesidades del momento en la Iglesia. Pero siempre lo cumple su ministerio fiel al carisma de su Orden, es decir, de oración, lectura divina y trabajo.

Archivo EV

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