Edición 28 • 10 al 16 de julio de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

Amor adolescente

Padre Isaías Revilla Casado, OSA
Para EL VISITANTE
frirevilla@hotmail.com

P/ Tengo veinte años. Tuve mi primer novio a los 16. Ni antes ni después he tenido otro. Me dejó para estar con otra chica; ya lo había hecho antes otras tres veces con distintas muchachas. Yo, como estaba enamorada de él, siempre le perdoné. Ahora llevo año y medio sola. Le extraño muchísimo y deseo (si Dios quiere, porque Él es quien decide) estar con él. Mi pregunta es: ¿se peca contra el 9º mandamiento por sentir aún ese amor por él? Yo no soy de las que se vengan como en las novelas.

Anónimo.

R/ Hace un tiempo, en una reunión de jóvenes alguien definió el enamoramiento como una palabra de dos partes: enamora- y -miento: “Enamorarse es mentir”. Yo me reí y repliqué que, si hubiese sido uno de mis alumnos de gramática, hubiese recibido un monumental suspenso. Pero tengo que reconocer que en la práctica de lo que ocurre en los años púberes (14- 20), se cumple con cierta testarudez. Y lo peor no es que se mienta al otro; es que se miente uno a sí mismo. Eso es lo que le pasa a mi comunicante, cuyo anonimato me solicita y yo respeto.

Tu enamoramiento te está engañando miserablemente. Estás presentando a tu enemigo tu flanco débil. Te auguro que perderás la guerra, y además sufrirás las peores y más doloras consecuencias, si no dejas de engañarte. Los “mariposos” seguirán mariposeando; y seguirán mariposeando porque hay flores tontas que les admiten a libar en su polen. ¡No seas tú una de ésas!

Y desde luego, si estuvieses dispuesta a esperarle, a darle la “prueba del amor”, aunque quedases embarazada, porque así le habrías ganado (¡cuántas han cometido este terrible y lamentable error!); aparte de que estarías dándote la cabeza contra una pared, ya estarías también quebrantando en el 9º mandamiento de la ley de Dios.

Es normal que a los 13… 14 años surjan esos estremecimientos ante una mirada de un chico o de una chica, que provoquen un atractivo y una amistad, si quieres. Pero cuando lo llamamos enamoramiento y comenzamos a hablar de noviazgo, lo que pasa es que estamos poniéndonos una venda en los ojos y ni siquiera cuando nos la arrancan violentamente con tres engaños, como en el caso actual, vemos la realidad. Lo terrible es que ese enamoramiento lo permitimos en nombre de la libertad. Somos libres para enamorarnos. Ya no tenemos por qué hacer caso a los consejos de nuestros “viejos”…

¡Terrible equivocación!

Lo lógico es que, después de haber tenido esa primera experiencia a los 13 años, surgirá inevitablemente otra a los 15, 16, 18… Y cuando uno llega a los 20 puede tener un abanico de conocidos, entre los cuales puede elegir. En eso consiste la verdadera libertad: en la capacidad de elección. Lo anterior es crearse una esclavitud ante un falso amor, que nos distrae de nuestra formación y tal vez nos lleva a una maternidad o paternidad, sin saber ni siquiera “freír un huevo”. Hemos estropeado nuestra vida, la del enamorado(a), y, tal vez, si hemos ido demasiado lejos, la del niño concebido por un infantilismo tonto; tanto más tonto cuanto que lo hemos hecho, pensando que ya somos “mayores”.

Pero “mayores” son nuestros padres o nuestros directores espirituales. ¡Qué bueno sería tenerles en cuenta!

Para otros temas relacionados vea http://sududa.tripod.com sección Moral.

Archivo EV

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