| Edición 28 • 10 al 16
de julio de 2005 |
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012
|

Decimoquinto
Domingo
El sembrador
P. Angel Manuel Santos Santos
psantos@elvisitante.biz
Para EL VISITANTE
Isaías
55, 10-11
El profeta Isaías compara la Palabra de
Dios con la lluvia. Afirma que ésta, al
salir de la boca de Dios, no vuelve al cielo vacía,
sino que hace la voluntad de Dios y cumple su encargo.
Salmo 64, 10-14
En este himno de acción de gracias se desarrolla
la imagen de la lluvia sobre el terreno. Dios Padre
prepara a cada persona para que acepte la Palabra
de Dios y la cuida para que dé fruto.
Romanos 8, 18-23
La vida del cristiano en el Espíritu Santo,
lo destina a la gloria. La creación entera
participará en esta gloria. Los cristianos
aguardamos la redención de nuestros cuerpos.
La Palabra de Dios que hemos recibido fructificará para
la vida eterna.
Mateo 13, 1-23
El sembrador es Cristo que salió a predicar
la semilla de la Palabra de Dios. Es también
la Iglesia llamada a desarrollar esa misma misión.
Cada cristiano, llamado a anunciar el Evangelio,
está también representado en el sembrador.
El fruto de la Palabra de Dios
Para que los hijos de Dios brillen en el mundo,
el Espíritu Santo, que ama profundamente
la Iglesia, los poda para que den más fruto.
Y cuando los cristianos no producen el fruto debido,
Dios permite que el mundo, a través de sus
medios, purifique la Iglesia persiguiéndola
o manifestando los pecados ocultos de sus miembros.
Todo pecado daña la Iglesia y nunca podemos
alegrarnos del mal ni de sus consecuencias. Por
eso mismo, la Iglesia no deja de resarcir los daños
causados por el pecado como un deber de justicia.
La Iglesia no sólo perdona al pecador arrepentido
sino que también sana a la víctima
del pecado para guiarlos a todos hacia la santidad.
Con la parábola del sembrador podemos comprender
el porqué muchos cristianos no dan este
fruto de la santidad.
Una poca cayó al borde del camino y vinieron
los pájaros y se la comieron. Cuando se
siembra la palabra en el corazón sin entenderla,
viene el Maligno y roba lo sembrado sólo
en el corazón. La Palabra que no se entiende
no tiene raíces y fácilmente se olvida.
Lo que se olvida no se sabe ni se puede aplicar.
El esfuerzo por comprender es el primer paso para
convertir el corazón y dar fruto de santidad
en la vida.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el
que escucha y la acepta enseguida con alegría;
pero no tiene raíces, es inconstante, y
cuando viene una dificultad o persecución
por la Palabra sucumbe. La Palabra de Dios recibida
con mucha alegría, con una estupenda respuesta
emocional, puede estar sin raíces y manifestarse
inconstante. En algunos lugares sólo se
conoce el evangelio de la alegría, el mensaje
del chiste, del hacer reír y entretener.
La gente tiene un gusto por esta forma de «sembrar
de la Palabra» debido a la falta de verdadero
amor y la baja de estima propia que padecen muchos
fieles. Esa siembra no da fruto de santidad porque
se queda en una sensiblería infecunda. Eso
hace que la Iglesia crezca artificialmente, pero
sin la fuerza del Espíritu para cargar la
cruz y para perseverar en la dificultad y en las
pruebas.
La Palabra sembrada sin entendimiento se hace
infecunda porque no echa raíces. La Palabra sembrada
sólo en los sentimientos del corazón
se convierte en sensiblería estéril.
Sólo una respuesta de la mente (entendimiento),
del corazón por la conversión y de
la voluntad, motivada por el verdadero amor, es
capaz de dar una respuesta válida a la Palabra
y dar fruto de santidad, siempre y cuando los afanes
no la ahoguen.
Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha
la Palabra, pero los afanes de la vida y la seducción
de las riquezas la ahogan y se queda estéril.
Nuestra cultura es la más afanada por el
bienestar, por la diversión y por las riquezas.
Se nota claramente cómo los cristianos escuchan
la Palabra, se confiesan, comulgan y hacen apostolado,
pero no crecen en santidad. Además de la
falta de dirección espiritual y de la distracción
de las personas en comisiones sociales, cívicas
y deportivas, las personas no pueden liberarse
de los afanes de la vida ni despegarse de las riquezas.
Tal vez la conversión más dura es
la conversión de los que nos creemos convertidos.
Para retomar el camino que lleva al fruto de la
santidad hay que escuchar con renovado fervor la
Palabra de Dios. Una Palabra que se entienda, que
convierta el corazón y transforme nuestra
conducta es el único camino que nos lleva
a la santidad.
lecturas
| 10 |
+ XV Domingo del Tiempo Ordinario. |
| ve |
Misa pr, Gl, Cr, Pf dominical |
| |
L 1 Is 55, 10-11; Sal 64 |
| |
L 2 Rm 8, 18-23 |
| |
Ev Mt 13, 1-23 |
| |
Oficio dominical. Te Deum. |
| |
(OL: 1 Sam 31,1-4; 2 Sam 1,1-16) |
| |
|
| 11 |
Lunes XV s.t.o. Memoria obligatoria: |
| |
San Benito, abad |
| bl |
Misa de la memoria. Tres ors. prs. |
| |
L 1 Ex 1, 8-14.22; Sal 123 |
| |
Ev Mt 10, 34-11, 1 |
| |
Oficio de la memoria, ants Ben y Mag prs. |
| |
(OL: 2 Sam 2, 1-11; 3, 1-5) |
| |
|
| 12 |
Martes XV s.t.o. Feria: |
| ve |
Misa de feria |
| |
L 1 Ex 2, 1-15a; Sal 68 |
| |
Ev Mt 11, 20-24 |
| |
Oficio de feria |
| |
(OL: 2 Sam 4, 2---5,7) |
| |
|
| 13 |
Miércoles XV s.t.o. Memoria obligatoria: |
| |
Beato Carlos Manuel Rodríguez |
| bl |
Misa de la memoria (Or pr en el Apéndice) |
| |
L 1 Ex 3, 1-6. 9-12; Sal 102 |
| |
Ev Mt 11, 25-27 |
| |
Oficio de la memoria (Cf apéndice) |
| |
(OL: 2 Sam 6, 1-23) |
| |
|
| 14 |
Jueves XV s.t.o. Feria o Memoria libre: |
| |
San Camilo de Lelis, pbro. |
| ve |
Misa de feria o (bl) de la memoria |
| |
L 1 Ex 3, 13-20; Sal 104 |
| |
Ev Mt 11, 28-30 |
| |
Oficio de la feria o de la memoria |
| |
(OL: 2 Sam 7, 1-25) |
| |
|
| 15 |
Viernes XV s.t.o. Memoria obligatoria: |
| |
San Buenaventura, ob. y dr. |
| bl |
Misa de la memoria |
| |
L 1 Ex 11,10---12,14; Sal 115 |
| |
Ev Mt 12, 1-8 |
| |
Oficio de la memoria |
| |
(OL: 2 Sam 11, 1-17.26-27) |
| |
|
| 16 |
Sábado XV s.t.o. Fiesta: |
| |
Nuestra Señora del Carmen |
| bl |
Misa de la fiesta, Gl, Pf Sma. Virgen I V |
| |
(MRPR, pág. 139) |
| |
L 1 Zac. 2, 14-17; Sal Lc 1 |
| |
Ev Mt 12, 46-50 (Cf LPR, pág. 24) |
| |
Oficio de la fiesta. Te Deum. Hr ant y Salm |
| |
de la semana correspondiente. |
| |
(LHPR, pág. 47) |
| ve |
I Vísp del domingo sig. Comp Dom I |
| |
Misa vespertina del domingo sig. |
| |
|
| 17 |
+ XVI Domingo del Tiempo Ordinario. |
| ve |
Misa pr, Gl, Cr, Pf dominical |
| |
L 1 Sab 12, 13.16-19; Sal 85 |
| |
L 2 Rm 8, 26-27 |
| |
Ev Mt 13, 24-43 |
| |
Oficio dominical. Te Deum. |
| |
(OL: 2 Sam 15,7-14.24-30; 16-5-13) |
|




|
|