Edición 29 • 17 al 23 de julio de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

Padre Efraín Zabala

Filósofos superficiales

Entre acontecimientos lamentables se oye un triste clamor “esto ‘tá malo”. Las tragedias que subrayan la realidad en ascuas hacen mella en los sentimientos momentáneos, pero no penetran en la mente y el corazón de la multitud. Parece ser que tanto golpe emotivo resbala sobre la piel demasiado reseca por las circunstancias adversas y lo expulsan con el olvido y la indiferencia.

Si los nuevos filósofos penetraran en la esencia de los por qués, regresarían a las raíces y a la cátedra que nos dejaron nuestros padres. El lamento como estribillo pasajero está lleno de confeti y de inconsistencia con la realidad. Mientras los quejosos se llenan la boca con las palabras apocalípticas, no dudan en caer en las garras de lo que el mundo promete y da como bueno y justo.

Esa ambivalencia entre lo justo y razonable y los dictámines frágiles mantiene a la comunidad en vilo porque hasta ahora la compasión se escribe con mayúscula. Esos nuevos filósofos, con corazón bueno y mente descabellada, quisieran hacer algo digno por el país, pero están comprometidos con el sistema económico y materialista. Tal vez los que están hablando de la condición critica del país, ya tienen en mente ir por la noche al casino o entrar a una megatienda y dejar sus ahorros en comprar, comprar y comprar.

Las alianzas con el procedimiento triturador no permiten a muchos puertorriqueños dar un paso a favor del bien y a tener una conversión de envergadura. Se mantienen entre dos aguas flotando sin relativizar el mundo y sus vanidades. El no a la esclavitud y al chantaje de los sentidos es básico para que los quejidos adquieran la virtud necesaria para lograr paz interior y fervor humano.

Los entierros, las tragedias humanas, los choques automovilísticos, implican que la realidad dolorosa se impone y que está como una advertencia y una lección. Los que desarrollan una actitud de “borrón y cuenta nueva” por aquello de vivir al garete, se unen a la pena de los demás sin hacer un examen de conciencia que les lleve a reflexionar en lo básico. Una lagrimita pasajera no constituye un argumento real de qué malas están las cosas, sino un ardid de la mente que evita la confrontación con el mal y sus secuaces.

Se necesitan filósofos que interpreten y deshojen la verdad linda y lironda, sin antifaces, ni maquillajes o conveniencia. Este deterioro comunitario es punto de arranque para poner orden en la mente. La conciencia, con su voz, es un aldabonazo sobre las actitudes y estilos de vida. Se necesita un cambio, una mirada limpia.


Misioneros de Jesús Internacional

Archivo EV

Carmelo Seglar 2005


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