La Biblia y el sobre
Rafael Domingo
Para EL VISITANTE
Ocurrió en una parroquia de Brooklyn, Nueva
York. Se encontraba un grupo de 50 hispanos asistiendo
a una conferencia bíblica. Olimpia, una señora
mejicana, abre la reunión. “La Biblia
es como un sobre. Cuando lo recibimos por correo,
inmediatamente queremos abrirlo para conocer su contenido”,
nos decía. Y luego añadía, “imagínense
el entusiasmo que ustedes tienen al recibir una carta
de su familia. ¿No tienen deseo en saber cómo
están sus hijos, su esposa o su novia? Pues,
si no abren el sobre, se quedarán con la curiosidad,
pero sin saber su contenido. Así es la Biblia,
si no la abren nunca sabrán su contenido”.
Me encantó este ejemplo y vi que todo el mundo
entendió bien su significado. Hoy día,
gracias a Dios, ya la Biblia está presente
en muchos hogares católicos. Entre los objetos
de la sala de estar en muchos de ellos se puede ver
un libro grande. Es la Biblia, que adorna la habitación
e indica que se está en una casa religiosa.
Pero siguiendo el ejemplo del sobre de doña
Olimpia, el libro puede estar allí. Puede
ser precioso, puede ser un gran recuerdo de sus hijos,
o el regalo de boda. Ese libro bonito, lleno de fotografías
en colores y de cantos dorados, puede estar allí recibiendo
polvo y sin ser abierto.
Como en el ejemplo del sobre, si no abrimos sus
páginas,
no nos enteraremos de su contenido. Sí, sabemos
que la Biblia es la Palabra de Dios, pero si permanece
encerrada nunca la escucharemos. Desgraciadamente,
esto está ocurriendo en más de un hogar. ¡Qué pena!
Tenemos la Palabra de Dios amordazada.
¡
Lejos de mí juzgar ni condenar a nadie! Comprendo
que el abrir ese libro grande con cientos de páginas
no es cosa fácil. Y menos para personas que
no están acostumbradas a leer. En muchos casos,
sí ha habido un intento, pero al encontrar
nombres raros o temas que no se entendían,
abandonaron su lectura. En cualquier caso, muchas
personas se complacen en tener la Biblia adornando
la sala. Otras se justifican diciendo, que ‘es
difícil leerla’, o que ‘les prohibieron
su lectura cuando eran jóvenes’.
Sin embargo, la realidad es que ‘el sobre’ continúa
cerrado.
Gracias a Dios, muchos católicos han conseguido
romper esa barrera y han abierto las páginas
de la Biblia. Quizá, para los principiantes,
una manera sencilla sea abrir el libro e ir al índice
(que como en otros libros puede encontrarse al principio
o al final). Allí se busca el número
de la página de ‘Los Salmos’.
Una vez conocido ese número, se abre su página
y se comienza a leer un salmo cada día. La
gente encuentra que las oraciones de los salmos son
muy de actualidad y se identifican fácilmente
con ellos. Su lectura, o el uso de estas oraciones,
abrirán la mente del católico y facilitará,
sin duda, su relación con Dios. Disfrutará recitando
oraciones milenarias y que el mismo Jesús
rezó en el seno de la Sagrada Familia. ¡Qué más
se puede pedir!
Sin quererlo, del ejemplo de Doña Olimpia
me he ido a presentar lo fácil que puede resultar
a cualquier persona, el abrir la Biblia y leer un
salmo. Este simple acto es un paso de gigante para
descubrir el maravilloso mundo de las Sagradas Escrituras.