Edición 29 • 17 al 23 de julio de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

La Biblia y el sobre

Rafael Domingo
Para EL VISITANTE

Ocurrió en una parroquia de Brooklyn, Nueva York. Se encontraba un grupo de 50 hispanos asistiendo a una conferencia bíblica. Olimpia, una señora mejicana, abre la reunión. “La Biblia es como un sobre. Cuando lo recibimos por correo, inmediatamente queremos abrirlo para conocer su contenido”, nos decía. Y luego añadía, “imagínense el entusiasmo que ustedes tienen al recibir una carta de su familia. ¿No tienen deseo en saber cómo están sus hijos, su esposa o su novia? Pues, si no abren el sobre, se quedarán con la curiosidad, pero sin saber su contenido. Así es la Biblia, si no la abren nunca sabrán su contenido”.

Me encantó este ejemplo y vi que todo el mundo entendió bien su significado. Hoy día, gracias a Dios, ya la Biblia está presente en muchos hogares católicos. Entre los objetos de la sala de estar en muchos de ellos se puede ver un libro grande. Es la Biblia, que adorna la habitación e indica que se está en una casa religiosa. Pero siguiendo el ejemplo del sobre de doña Olimpia, el libro puede estar allí. Puede ser precioso, puede ser un gran recuerdo de sus hijos, o el regalo de boda. Ese libro bonito, lleno de fotografías en colores y de cantos dorados, puede estar allí recibiendo polvo y sin ser abierto.

Como en el ejemplo del sobre, si no abrimos sus páginas, no nos enteraremos de su contenido. Sí, sabemos que la Biblia es la Palabra de Dios, pero si permanece encerrada nunca la escucharemos. Desgraciadamente, esto está ocurriendo en más de un hogar. ¡Qué pena! Tenemos la Palabra de Dios amordazada.

¡ Lejos de mí juzgar ni condenar a nadie! Comprendo que el abrir ese libro grande con cientos de páginas no es cosa fácil. Y menos para personas que no están acostumbradas a leer. En muchos casos, sí ha habido un intento, pero al encontrar nombres raros o temas que no se entendían, abandonaron su lectura. En cualquier caso, muchas personas se complacen en tener la Biblia adornando la sala. Otras se justifican diciendo, que ‘es difícil leerla’, o que ‘les prohibieron su lectura cuando eran jóvenes’.

Sin embargo, la realidad es que ‘el sobre’ continúa cerrado.

Gracias a Dios, muchos católicos han conseguido romper esa barrera y han abierto las páginas de la Biblia. Quizá, para los principiantes, una manera sencilla sea abrir el libro e ir al índice (que como en otros libros puede encontrarse al principio o al final). Allí se busca el número de la página de ‘Los Salmos’. Una vez conocido ese número, se abre su página y se comienza a leer un salmo cada día. La gente encuentra que las oraciones de los salmos son muy de actualidad y se identifican fácilmente con ellos. Su lectura, o el uso de estas oraciones, abrirán la mente del católico y facilitará, sin duda, su relación con Dios. Disfrutará recitando oraciones milenarias y que el mismo Jesús rezó en el seno de la Sagrada Familia. ¡Qué más se puede pedir!

Sin quererlo, del ejemplo de Doña Olimpia me he ido a presentar lo fácil que puede resultar a cualquier persona, el abrir la Biblia y leer un salmo. Este simple acto es un paso de gigante para descubrir el maravilloso mundo de las Sagradas Escrituras.


Misioneros de Jesús Internacional

Archivo EV

Carmelo Seglar 2005


Colegio San José en San Germán


Salud en la Edad de Oro
Ir al tope del documento
Ir atrs
Página Principal De Portada Esta Semana En Foco Formación Liturgia Por las diócesis EV de Revista