Edición 30 • 24 al 30 de julio de 2005
Hoy es jueves, 8 de enero de 2009

Cristianos por el mundo

Padre Antonio González Pola, OP
Para EL VISITANTE

Los discípulos de Jesús predican el Reino, dice San Lucas en los Hechos. La semilla unas veces cae en tierra fértil y otras en estéril; el trigo crece junto con la cizaña; y en el mar viven peces de buena calidad junto a otros venenosos; en el subsuelo hay piedras calcáreas y otras preciosas... Con tiempo y discernimiento se decantan.

Ese campo, trigo, pez, perla... es conocido por “camino” que lleva y es llevado. Pues libera y salva. Arranca desde el seno de la Trinidad al enviar ésta una de sus personas, por la Encarnación, a vivir, morir y resucitar. Desde Pentecostés, este camino liberador fue predicado a todos los pueblos. Entre las rutas abiertas y andadas una de ellas nos interesa en particular este año 2005: El camino de Santiago que enlaza Jerusalén con España, la Ciudad Santa con la Galicia cántabra.

Hay en estas costas un cabo llamado desde los romanos finis terrae (fin de la tierra). Milenio y medio después de Cristo se hendirá el horizonte velado por el mar tenebroso (Atlántico) y, este camino, a hombros de misioneros y colonizadores, se extiende por mares y tierras nuevas, a diestra y siniestra. El campo sembrado por Santiago y los suyos es el más fecundo y extenso de los cultivados por cada apóstol. El presente año 2004-2005 se celebra el Año Santo Compostelano, el primero del nuevo milenio, a finalizar este 25 de julio. Miles de peregrinos lo recorren desde el siglo noveno (829) en que es redescubierto el sepulcro del Apóstol cerca de Iría Flavia siendo obispo de aquella diócesis el señor Teodomiro, y Alfonso II el Casto, rey de Asturias, al que pertenecían estas tierras; y, dicho sea de paso y a gran honra de los asturianos, el camino jacobeo, es inaugurado por el mencionado rey y su corte, tras conocer tan fausto acontecimiento. Entre Oviedo, sede del rey Casto, y el Campus Stellae tuvo lugar la peregrinación original y originaria de dicho Camino. Ahí comienza todo. No sin razón suele decirse: “quien va a Santiago y no pasa por San Salvador (Oviedo), visita al criado y olvida al Señor”.

Andando los siglos, este camino primitivo por montes y valles astures, da origen a otros por mar y aire en España, Europa, América y Filipinas marcando un hito en nuestra historia occidental y cristiana. Camino de Santiago. Camino de encuentros. Encuentros con Dios, con los hombres y consigo mismo. La fe que arraiga genera cultura y civilización en comunión. Excede este espacio el intento de mencionar los lugares de culto en Borinquen bajo la advocación de Santiago. Incontables en Ibero América y Filipinas. Personas, ciudades, organizaciones... llevan su nombre.

Hay diversidad de caminos (tierra, mar y aire) y un significado para el mismo: por donde se va a algún lugar sin error... Cada uno hace propio el camino de otro al recorrerlo a re-andarlo, al volver a las andadas, volver sobre los pasos... Así sucede también en poesía, filosofía, ciencias, religión. El camino es norma de viaje, es relativo pues supone viajero. El peregrinar es medio de vida, y principalmente modo de vida. La duración del homo viator es nuestra temporalidad e historia.

Don Quijote de la Mancha es caballero andante, invencible en sus propósitos: “noble peregrino de los peregrinos,/ que santificaste todos los caminos/ con el paso augusto de tu heroicidad,/ contra las certezas, contra las conciencias/ y contra las leyes y contra las ciencias,/ contra la mentira, contra la verdad.” (Rubén Darío). A Bartolomé de Las Casas se le considera como El Quijote de las Indias, también andante “a lo divino” y en pos de la itinerancia apostólica de Domingo de Guzmán.

 

 

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