Cristianos por el mundo
Padre Antonio González
Pola, OP
Para EL VISITANTE
Los discípulos de Jesús predican
el Reino, dice San Lucas en los Hechos. La semilla
unas veces cae en tierra fértil y otras
en estéril; el trigo crece junto con la
cizaña; y en el mar viven peces de buena
calidad junto a otros venenosos; en el subsuelo
hay piedras calcáreas y otras preciosas...
Con tiempo y discernimiento se decantan.
Ese campo, trigo, pez, perla... es conocido por “camino” que
lleva y es llevado. Pues libera y salva. Arranca
desde el seno de la Trinidad al enviar ésta
una de sus personas, por la Encarnación,
a vivir, morir y resucitar. Desde Pentecostés,
este camino liberador fue predicado a todos los
pueblos. Entre las rutas abiertas y andadas una
de ellas nos interesa en particular este año
2005: El camino de Santiago que enlaza Jerusalén
con España, la Ciudad Santa con la Galicia
cántabra.
Hay en estas costas un cabo llamado desde los
romanos finis terrae (fin de la tierra). Milenio
y medio
después de Cristo se hendirá el horizonte
velado por el mar tenebroso (Atlántico)
y, este camino, a hombros de misioneros y colonizadores,
se extiende por mares y tierras nuevas, a diestra
y siniestra. El campo sembrado por Santiago y los
suyos es el más fecundo y extenso de los
cultivados por cada apóstol. El presente
año 2004-2005 se celebra el Año Santo
Compostelano, el primero del nuevo milenio, a finalizar
este 25 de julio. Miles de peregrinos lo recorren
desde el siglo noveno (829) en que es redescubierto
el sepulcro del Apóstol cerca de Iría
Flavia siendo obispo de aquella diócesis
el señor Teodomiro, y Alfonso II el Casto,
rey de Asturias, al que pertenecían estas
tierras; y, dicho sea de paso y a gran honra de
los asturianos, el camino jacobeo, es inaugurado
por el mencionado rey y su corte, tras conocer
tan fausto acontecimiento. Entre Oviedo, sede del
rey Casto, y el Campus Stellae tuvo lugar la peregrinación
original y originaria de dicho Camino. Ahí comienza
todo. No sin razón suele decirse: “quien
va a Santiago y no pasa por San Salvador (Oviedo),
visita al criado y olvida al Señor”.
Andando los siglos, este camino primitivo por
montes y valles astures, da origen a otros por
mar y aire
en España, Europa, América y Filipinas
marcando un hito en nuestra historia occidental
y cristiana. Camino de Santiago. Camino de encuentros.
Encuentros con Dios, con los hombres y consigo
mismo. La fe que arraiga genera cultura y civilización
en comunión. Excede este espacio el intento
de mencionar los lugares de culto en Borinquen
bajo la advocación de Santiago. Incontables
en Ibero América y Filipinas. Personas,
ciudades, organizaciones... llevan su nombre.
Hay diversidad de caminos (tierra, mar y aire)
y un significado para el mismo: por donde se va
a algún lugar sin error... Cada uno hace
propio el camino de otro al recorrerlo a re-andarlo,
al volver a las andadas, volver sobre los pasos...
Así sucede también en poesía,
filosofía, ciencias, religión. El
camino es norma de viaje, es relativo pues supone
viajero. El peregrinar es medio de vida, y principalmente
modo de vida. La duración del homo viator
es nuestra temporalidad e historia.
Don Quijote de la Mancha es caballero andante,
invencible en sus propósitos: “noble
peregrino de los peregrinos,/ que santificaste
todos los caminos/ con el paso augusto de tu heroicidad,/
contra las certezas, contra las conciencias/ y
contra las leyes y contra las ciencias,/ contra
la mentira, contra la verdad.” (Rubén
Darío). A Bartolomé de Las Casas
se le considera como El Quijote de las Indias,
también andante “a lo divino” y
en pos de la itinerancia apostólica de Domingo
de Guzmán.