Edición 30 • 24 al 30 de julio de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

En la fiesta de San Joaquín y Santa Ana - 26 de julio
Amemos más a nuestros abuelos

Carlos Méndez Santos
Para EL VISITANTE

La poetisa chilena, Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura en el año 1945, solía decir: “Nuestros abuelos son un cúmulo de amor para sus nietecitos...”. Y nos corresponde a todos protegerlos, conservarlos, amarlos. De las parroquias de Puerto Rico, hay una en la Diócesis de Ponce, que tiene un aspecto particular, esa es la del pueblo de Adjuntas (1815). ¿Por qué? Pues, porque en ésta le rinden honores a San Joaquín y a Santa Ana, abuelos de Nuestro Señor Jesucristo. Un motivo más para que amemos a nuestros abuelitos, como los aman los niños y niñas adjunteños.

Al partir a morar junto al Señor, nuestro notable escritor Don Enrique Laguerre, a los 99 años de edad, casi una centuria, el país quedó profundamente conmovido por la participación de sus nietos en los funerales.

La ciudad de Ponce, tiene la fama en Puerto Rico, que es “La ciudad de los centenarios”, pues tiene un alto número de sus residentes que viven más de cien años. Don Luis A. Ferré, llegó a los 99 años. Y el atleta y deportista Don Emilio (Millito) Navarro, llegará a cumplir la centuria en los próximos meses. Ambos muy amados por sus nietos.

Nuestra niñez, alegre, feliz y sonora, debe poner mucho amor en cada hogar y en cada familia en sus abuelitos y abuelitas. Porque en cada una de sus vidas, como decía Gabriela Mistral, “hay un cúmulo de amor”. Un tesoro de recuerdos, de experiencias, de historias y cariño.

La poetisa española, María Soledad Lancharro, publicó en el año 1993, en la revista Madre y Maestra, el poema titulado “El abuelo”. En el mismo recoge las experiencias tristes de un abuelo que sufre porque se le ve como “un estorbo”, después de contribuir tanto al hogar y a la familia.

Pero en la última estrofa la escritora nos regala un mensaje de un profundo amor, cuando nos dice: “Enjúgate el llanto, no llores abuelo. Si él no te comprende, yo sí que te quiero. Yo lo sé mi vida, dame un fuerte beso”.

Amemos a nuestros abuelos y abuelas. En ellos, cada familia tiene un tesoro de valores, de costumbres, de tradiciones. Y en todo esto, hay “un cúmulo de amor”.

Y cuando al acercarnos al sillón donde lentamente se mecen nuestros abuelitos o abuelitas, digamos como la poetisa española en sus versos. “Dime que te pasa, no llores abuelo”.

(El autor es profesor en la Pontificia Universidad Católica de Ponce)

Archivo EV

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