“El
icono de los discípulos de Emaús
viene bien para orientar un Año en que la
Iglesia estará dedicada especialmente a
vivir el misterio de la Santísima Eucaristía.
En el camino de nuestras dudas e inquietudes, y
a veces de nuestras amargas desilusiones, el divino
Caminante sigue haciéndose nuestro compañero
para introducirnos, con la interpretación
de las Escrituras, en la comprensión de
los misterios de Dios. Cuando el encuentro llega
a su plenitud, a la luz de la Palabra se añade
la que brota del ‘Pan de vida’, con
el cual Cristo cumple a la perfección su
promesa de ‘estar con nosotros todos los
días hasta el fin del mundo’ (cf.
Mt 28,20).”
Carta
Apostólica Mane Nobiscum Domine — Juan
Pablo II
El
tiempo apremia
Myrna
Fernández, Coop.fp.
Aquella
fue una noticia de alegría y esperanza.
La declaración de SS Juan Pablo II para
la celebración del Año de la Eucaristía,
mediante su Carta Apostólica Mane Nobiscum
Domine, se percibía como un camino bordeado
de esperanza, en ese compromiso eucarístico
de cada católico.
Ya
hoy, cuando faltan apenas tres o cuatro meses
para concluir el Año de la Eucaristía,
aquella visión esperanzadora puede parecer
que se esfuma. En el camino recorrido, ¿acaso
podemos enumerar los frutos de aquel Quédate
con nosotros, dirigido a Nuestro Señor?
Con
el Sínodo de los obispos de todo el
mundo sobre la Eucaristía (pautado para
octubre 2 - 23), concluye el Año de la Eucaristía,
que comenzó el 7 de octubre de 2004. Entretanto,
bien debemos repasar las enseñanzas de la
Madre Iglesia acerca de la Eucaristía.
Si
recibir a Jesús en la santa Comunión
nos ayuda a mantenernos alejados del pecado y a
estar más cerca de El y de su gracia; si
la Eucaristía es el alimento que requiere
el alma y nos proporciona gracias especiales, entonces, ¿qué nos
impide, cómo se puede explicar el poco interés
en acudir cada día a la celebración
de la santa Misa? La Misa es la gran experiencia
de Dios. Así nos dice Martín Irure.
Estamos a tiempo: busquemos entenderla y celebrarla;
acudamos a Jesús y dejemos que Él
acuda a nosotros.
La
Misa es la gran experiencia de Dios
El explorador arrepentido
Aquel
explorador había regresado feliz de
su expedición de muchos meses por el Amazonas.
Lo había observado todo: el cauce del gran
río, las enormes corrientes de agua que
ocultaban pequeños y enormes peces, boas
larguísimas, tigres y pumas, pájaros
de vivos colores, gente que vivía en aquellas
enormes selvas... ¡Todo le había
sorprendido agradablemente!
¿
Cómo podría trasmitir y expresar
a sus paisanos las maravillosas sensaciones que él
había experimentado?
Cuando
llegó a su pueblo, reunió a
todos en un salón y les explicó las
maravillas contempladas y vividas en las selvas
amazónicas. Y les invitaba contínuamente
a vivirlo ellos mismos:
--
Vayan y descúbranlo ustedes mismos. Nada
puede sustituir al riesgo, a la emoción
y a la experiencia de vivirlo personalmente.
Y
para orientarles dibujó un mapa. Ellos
tomaron el mapa y lo colocaron en la alcaldía.
Hicieron copias para cada uno. Y los vecinos fueron
viendo cada uno su mapa. Al poco tiempo, cada uno
se creía un experto en el Amazonas y sus
selvas: animales, árboles, productos, afluentes,
etc. ¡Todo se lo sabían!
El
explorador se lamentó toda su vida haber
dibujado aquel mapa. Así aquellos vecinos
no se movieron de su pueblo para ir a experimentar
por sí mismos las emociones del viaje.
No
basta saber que la Misa es un acto excelente,
el mejor que los cristianos celebramos. Es necesario
vivirlo. No basta conocer la fórmula del
agua. Es necesario haberla bebido. No basta haber
visto el fuego para saber lo que es. Es necesario
haberse quemado.
No
basta saber que Dios existe. Es necesario vivir
la experiencia de Dios que vive en nuestro interior
y sin el cual no se entiende nuestra vida. No
basta conocer el Evangelio, hay que ponerlo en
práctica
(Evangelio según San Mateo 7, 21). No basta
haber sido bautizado, es necesario seguir a Jesús
y tener la vivencia de la comunidad de la Iglesia.
Si
nos contentamos con cumplir la obligación
de ir a Misa el domingo, eso no basta para comprenderla
y vivirla. ¡Cuántos cristianos hay
que siguen yendo a la Misa sólo por cumplir
una obligación! ¿Se entienden las
expresiones de amor (un beso, un abrazo...) entre
los esposos o los amigos como una obligación,
algo que se está mandado a realizar? ¿Está mandado
que los esposos se den, al menos, un abrazo y un
beso una vez a la semana? Nadie entiende así el
amor ni la amistad. Y, sin embargo, hay cristianos
que no entienden la participación en la
Misa como un acto de amor que el Señor nos
regala y que, en consecuencia, también cada
participante debe corresponder con todo su amor.
No
sólo hay que oír o escuchar la
Misa. Hay que participar, tomar parte activa en
ella. Mejor todavía: ¡hay que celebrar
con gozo la Misa! Sólo así entenderemos
y gustaremos la Misa que celebramos.
Fuente:
La Misa Explicada en 40 historias
Martín Irure
Editorial Nueva Palabra
Comuniones
Inolvidables
Todo
cambió para mí
Estoy
confinado en la Penitenciaría Estatal.
Para mí, la Comunión ha sido muy
especial en mi vida porque la recibí por
primera vez a los 35 años, estando confinado.
Nunca había hecho la Primera Comunión.
Ese gran día jamás se me olvidará,
pues sentí una purificación en mi
alma y todo cambió para mi.
Todo
cambió. El cielo, la tierra y todo
a mi alrededor lo vi y lo sentí diferente.
Le doy gracias a Dios por la oportunidad de vida
que me ha dado, y cada vez que comulgo siento la
presencia de Dios en mi cuerpo, y en mi ser. Sigo
confinado en la Penitenciaría de Río
Piedras, Anexo 352. Si Dios me tiene vivo es con
algún propósito y yo no lo defraudaré jamás.
Gracias
a todas las personas que me han ayudado. Dios
les bendiga.
Ferdinand
Santiago Vargas
Río Piedras, PR
El
corazón de Jesús y el mío
Al
recibir la Sagrada Comunión he sentido
algo demasiado especial: el corazón late
más rápido que lo normal y mis ojos
se llenan de lágrimas. Es como si fuera
una emoción sobrenatural.
Quise
tener una dirección espiritual con
un sacerdote para preguntarle el porqué de
esta experiencia. Me explicó que el corazón
de Jesús y el mío se juntaban en
ese momento y los latidos eran más rápidos.
Yo no había pensado en eso, pero es cierto,
pues en ese momento el corazón de Jesús
está vivo latiendo dentro de mí.
Carmen
Pura De la Torre
Lares,
PR
¿Cómo
son tus encuentros con Jesús
Eucaristía? ¿Tienes alguna experiencia
personal especial? Si quieres compartirla con
nuestros lectores, describe brevemente la misma
y envíala
por correo a:
Experiencia Jesús Eucaristía
Atención Myrna Fernández
EL VISITANTE – P.O. Box 41305
San Juan, PR 00940-1305