Edición 29 • 17 al 23 de julio de 2005
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012

“El icono de los discípulos de Emaús viene bien para orientar un Año en que la Iglesia estará dedicada especialmente a vivir el misterio de la Santísima Eucaristía. En el camino de nuestras dudas e inquietudes, y a veces de nuestras amargas desilusiones, el divino Caminante sigue haciéndose nuestro compañero para introducirnos, con la interpretación de las Escrituras, en la comprensión de los misterios de Dios. Cuando el encuentro llega a su plenitud, a la luz de la Palabra se añade la que brota del ‘Pan de vida’, con el cual Cristo cumple a la perfección su promesa de ‘estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo’ (cf. Mt 28,20).”
Carta Apostólica Mane Nobiscum Domine — Juan Pablo II

El tiempo apremia

Myrna Fernández, Coop.fp.

Aquella fue una noticia de alegría y esperanza. La declaración de SS Juan Pablo II para la celebración del Año de la Eucaristía, mediante su Carta Apostólica Mane Nobiscum Domine, se percibía como un camino bordeado de esperanza, en ese compromiso eucarístico de cada católico.

Ya hoy, cuando faltan apenas tres o cuatro meses para concluir el Año de la Eucaristía, aquella visión esperanzadora puede parecer que se esfuma. En el camino recorrido, ¿acaso podemos enumerar los frutos de aquel Quédate con nosotros, dirigido a Nuestro Señor?

Con el Sínodo de los obispos de todo el mundo sobre la Eucaristía (pautado para octubre 2 - 23), concluye el Año de la Eucaristía, que comenzó el 7 de octubre de 2004. Entretanto, bien debemos repasar las enseñanzas de la Madre Iglesia acerca de la Eucaristía.

Si recibir a Jesús en la santa Comunión nos ayuda a mantenernos alejados del pecado y a estar más cerca de El y de su gracia; si la Eucaristía es el alimento que requiere el alma y nos proporciona gracias especiales, entonces, ¿qué nos impide, cómo se puede explicar el poco interés en acudir cada día a la celebración de la santa Misa? La Misa es la gran experiencia de Dios. Así nos dice Martín Irure. Estamos a tiempo: busquemos entenderla y celebrarla; acudamos a Jesús y dejemos que Él acuda a nosotros.

La Misa es la gran experiencia de Dios

El explorador arrepentido

Aquel explorador había regresado feliz de su expedición de muchos meses por el Amazonas. Lo había observado todo: el cauce del gran río, las enormes corrientes de agua que ocultaban pequeños y enormes peces, boas larguísimas, tigres y pumas, pájaros de vivos colores, gente que vivía en aquellas enormes selvas... ¡Todo le había sorprendido agradablemente!

¿ Cómo podría trasmitir y expresar a sus paisanos las maravillosas sensaciones que él había experimentado?

Cuando llegó a su pueblo, reunió a todos en un salón y les explicó las maravillas contempladas y vividas en las selvas amazónicas. Y les invitaba contínuamente a vivirlo ellos mismos:

-- Vayan y descúbranlo ustedes mismos. Nada puede sustituir al riesgo, a la emoción y a la experiencia de vivirlo personalmente.

Y para orientarles dibujó un mapa. Ellos tomaron el mapa y lo colocaron en la alcaldía. Hicieron copias para cada uno. Y los vecinos fueron viendo cada uno su mapa. Al poco tiempo, cada uno se creía un experto en el Amazonas y sus selvas: animales, árboles, productos, afluentes, etc. ¡Todo se lo sabían!

El explorador se lamentó toda su vida haber dibujado aquel mapa. Así aquellos vecinos no se movieron de su pueblo para ir a experimentar por sí mismos las emociones del viaje.

No basta saber que la Misa es un acto excelente, el mejor que los cristianos celebramos. Es necesario vivirlo. No basta conocer la fórmula del agua. Es necesario haberla bebido. No basta haber visto el fuego para saber lo que es. Es necesario haberse quemado.

No basta saber que Dios existe. Es necesario vivir la experiencia de Dios que vive en nuestro interior y sin el cual no se entiende nuestra vida. No basta conocer el Evangelio, hay que ponerlo en práctica (Evangelio según San Mateo 7, 21). No basta haber sido bautizado, es necesario seguir a Jesús y tener la vivencia de la comunidad de la Iglesia.

Si nos contentamos con cumplir la obligación de ir a Misa el domingo, eso no basta para comprenderla y vivirla. ¡Cuántos cristianos hay que siguen yendo a la Misa sólo por cumplir una obligación! ¿Se entienden las expresiones de amor (un beso, un abrazo...) entre los esposos o los amigos como una obligación, algo que se está mandado a realizar? ¿Está mandado que los esposos se den, al menos, un abrazo y un beso una vez a la semana? Nadie entiende así el amor ni la amistad. Y, sin embargo, hay cristianos que no entienden la participación en la Misa como un acto de amor que el Señor nos regala y que, en consecuencia, también cada participante debe corresponder con todo su amor.

No sólo hay que oír o escuchar la Misa. Hay que participar, tomar parte activa en ella. Mejor todavía: ¡hay que celebrar con gozo la Misa! Sólo así entenderemos y gustaremos la Misa que celebramos.

Fuente: La Misa Explicada en 40 historias
Martín Irure
Editorial Nueva Palabra


Comuniones Inolvidables

Todo cambió para mí

Estoy confinado en la Penitenciaría Estatal. Para mí, la Comunión ha sido muy especial en mi vida porque la recibí por primera vez a los 35 años, estando confinado. Nunca había hecho la Primera Comunión. Ese gran día jamás se me olvidará, pues sentí una purificación en mi alma y todo cambió para mi.

Todo cambió. El cielo, la tierra y todo a mi alrededor lo vi y lo sentí diferente. Le doy gracias a Dios por la oportunidad de vida que me ha dado, y cada vez que comulgo siento la presencia de Dios en mi cuerpo, y en mi ser. Sigo confinado en la Penitenciaría de Río Piedras, Anexo 352. Si Dios me tiene vivo es con algún propósito y yo no lo defraudaré jamás.

Gracias a todas las personas que me han ayudado. Dios les bendiga.

Ferdinand Santiago Vargas
Río Piedras, PR

El corazón de Jesús y el mío

Al recibir la Sagrada Comunión he sentido algo demasiado especial: el corazón late más rápido que lo normal y mis ojos se llenan de lágrimas. Es como si fuera una emoción sobrenatural.

Quise tener una dirección espiritual con un sacerdote para preguntarle el porqué de esta experiencia. Me explicó que el corazón de Jesús y el mío se juntaban en ese momento y los latidos eran más rápidos. Yo no había pensado en eso, pero es cierto, pues en ese momento el corazón de Jesús está vivo latiendo dentro de mí.

Carmen Pura De la Torre
Lares, PR


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Experiencia Jesús Eucaristía
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