Edición 30 • 24 al 30 de julio de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

Fallan los pronósticos

La razón argumenta bien y da en el clavo si penetra en la mentalidad predominante. Los conceptos viajan por la vía de la racionabilidad y no se percatan de que el atosigamiento fanático tiene sus refugios y sus defensores a la trágala. Los enclaves aislados se nutren de la radio que lleva y trae, se dice y se desdice, y muchas veces se fomenta el miedo o la abstención.

Fallaron las cifras de votantes en el referéndum del domingo diez de julio. Los sectores rurales presentaban un cansancio electoral y una apatía gigante. La lluvia les convencía de quedarse en casa y tomar una siesta larga y productiva. Cuando le pregunté a uno de los observadores si habían acudido muchos electores me respondió: “No, como un 20%. Aquí la gente no se ha movido.”

La gente cansada del agobio político ha echado cayos en sus manos y corazones y optan por la indiferencia. ¿Para qué? Parece ser la pregunta más aguda en momentos de referendums y votaciones. Años atrás Puerto Rico se desvivía por la urna. El voto era su arma y su afirmación democrática. Todo ese pensamiento está colapsando gracias a unos líderes que reparten cicuta a la población entera.

Entre los días de fiesta más recordados estaba el de los comicios cada cuatro años. El ejercicio del voto pertenecía al ámbito de la responsabilidad cívica y comunitaria. Concurrir al salón cerrado o al abierto implicaba una decisión por el bien de todos. La reverencia por la democracia se palpaba a distancia porque pobres y ricos, ancianos y jóvenes se guarecían bajo un solo propósito: el bien del país.

Los que han fallado, por su comportamiento y abuso, han logrado marchitar el entusiasmo de muchos y abrir una puerta a la huida. Miles de puertorriqueños hacen lo que pueden en esta realidad minada de falacias, mitos y engaños de toda índole y condición. Se ha perdido el consenso de voluntades y el amor por sacar al país del atolladero. El narcisismo económico, el adiós a los valores boricuas y la vorágine política, en nada contribuyen a hacer una cruz bajo tal idea, aunque ésta sea buena y razonable.

El universo del no está amparado por la vida loca que no distingue entre el bien y el mal. Los que trabajamos campo adentro, con toda clase de gente y condición, damos testimonio de una testarudez avasalladora. La mente anquilosada no cambia fácilmente y los apologistas del desastre se encargan de contradecir la verdad y echar a rodar rumores. En estas circunstancias se equivocan aquellos que hablan a pequeños grupos y se olvidan de los muchos que preparan la revancha inesperada.

Archivo EV

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