Edición 30 • 24 al 30 de julio de 2005
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012

Prepararnos mejor...

Myrna Fernández, Coop.fp.

Cada año, en especial en los meses de mayo y junio, muchos niños y niñas reciben por primera vez la Sagrada Comunión. Esa Primera Comunión está, tiene que estar, precedida por una catequesis profunda: conocer, saber y valorar a la perfección que esa Hostia que el sacerdote celebrante en esa Santa Misa coloca en la lengua de cada niño o niña, es Jesús mismo, el “Rey de reyes, Señor de los señores” (como Santa Faustina misma identificaba a Jesús). Es el mayor de los regalos, es el Regalo, único, insustituible, continuo, para siempre. Pero recibirlo siempre depende de cada ser humano.

¿ Y luego qué? Cada catequista, cada maestra, cada papa y mamá, esperan y confían que la recepción del Cuerpo y Sangre de Cristo en cada uno de esos primeros celebrantes sea al menos semanal y por siempre. Pero el tiempo pasa... y el viento sopla... ¡cuántas buenas enseñanzas y las mejores intenciones pueden ser arrebatadas por el maligno! No hay que llegar a la esquina para encontrar las tentaciones... están ahí, al lado, dentro de cada quien...

Todos los que han pasado por la formación requerida para hacer la Primera Comunión, crecen en edad y experiencia. Con el correr de los años, desde aquel primer examen de conciencia, ocurrirán muchos más. No se pueden posponer. Ese examen es requisito diario para una vida balanceada en el amor y la caridad.

El tiempo no pasa en vano, es necesario reconocer nuestra pequeñez y la condición de pecador(a). Es necesario acercarse al Sacramento de la Reconciliación. Jesús espera.

Y nosotros, cada domingo (o diariamente), previo al inicio de la Santa Misa, ¿qué hacemos?. ¿Cómo nos preparamos para recibir a Jesús? En el escrito que continúa examinemos la primera parte de algunas notas de Santa Faustina Kowalska acerca de su preparación para recibir la Santa Comunión.


Cracovia, 10 I 1938

Mi preparación para la
Santa Comunión (1 de 2)
Sor María Faustina
del Santísimo Sacramento
Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia

1804 (2) El momento más solemne de mi vida es cuando recibo la Santa Comunión. Anhelo cada Santa Comunión y agradezco a la Santísima Trinidad por cada Santa Comunión.

Si los ángeles pudieran envidiar, nos envidiarían dos cosas: primero, la Santa Comunión y segundo, el sufrimiento.

1805 1.+ Hoy me preparo para Tu llegada como la esposa para la llegada de su Esposo. Este Esposo mío es un gran Señor. Los cielos no logran contenerlo. Los serafines que están más cerca de El cubren sus rostros y repiten sin cesar: Santo, Santo, Santo.

Este gran Señor es mi Esposo. A El le cantan los Coros, ante El se postran los Tronos, frente a su resplandor se apaga el sol. Y sin embargo este gran Señor es mi Esposo. Corazón mío, sal de este profundo asombro sobre cómo lo adoran los demás, porque no tienes tiempo, visto que se acerca y ya está a tu puerta.

1807 2. + Hoy mi preparación para la venida de Jesús es breve, pero marcada por un amor intenso. La presencia de Dios me penetra e inflama mi amor hacia El. No hay ninguna palabra, sólo hay un entendimiento interior. Me sumerjo toda en Dios a través del amor. El Señor se acerca a la morada de mi corazón. Después de recibir la Comunión apenas estoy consciente para volver a mi reclinatorio. En ese mismo momento mi alma (4) se sumerge totalmente en Dios y no sé lo que pasa alrededor. Dios me da el conociemiento interior de su Ser Divino. Estos momentos son breves, pero penetrantes. El alma sale de la capilla profundamente recogida y no es fácil distraerla. Entonces me parece que toco la tierra con un sólo pie. Ningún sacrificio durante el día resulta difícil ni pesado. Cada circunstancia despierta un nuevo acto de amor.

1808 3. + Hoy invité a Jesús a mi corazón como al amor. Tú eres el amor mismo. Todo el cielo se enciende y llena de Tu amor. Por lo tanto mi alma Te desea como una flor anhela el sol. Jesús, ven rápidamente a mi corazón, porque ves que como la flor requiere el sol, así mi corazón se [lanza] hacia Ti. Abro el cáliz de mi corazón para acoger Tu Amor.

1809 Cuando Jesús vino a mi corazón todo vibró de vida y de calor en mi alma. Jesús, retira mi amor del corazón y llénalo con el Tuyo. Un amor ardiente y luminoso que sabe llevar el sacrificio, que sabe olvidarse completamente de sí mismo.

Hoy mi día está marcado por el sacrificio...

1813 5. + Hoy no me esfuerzo en ninguna preparación especial. No sé pensar nada aunque siento mucho. Añoro el momento en que Dios venga a mi corazón. Me arrojo en sus brazos y hablo de mi incapacidad y de mi miseria. Derramo todo el dolor de mi corazón: que no soy capaz de amarle tal como deseo. Despierto los actos de fe, esperanza y amor, y de ellos vivo durante todo el día.

1815 7. + Hoy, en la Santa Comunión, deseo unirme a Jesús lo más estrechamente posible a través del amor. Deseo a Dios tan ardientemente que me parece que no llegaré al momento en que el sacerdote me dé la Santa Comunión. Mi alma cae como en un desmayo por anhelar a Dios.

1816 Después de recibirlo en mi corazón, se desgarró el velo de la fe. Vi a Jesús que me dijo: Hija mía, tu amor me compensa por la frialdad de muchas almas. Después de estas palabras me quedé sola, pero durante todo el día viví del acto de reparación.

 

1817 8. + Hoy siento en mi alma el abismo de miseria. Deseo acercarme a la Santa Comunión como a la Fuente de misericordia y sumergirme toda en este océano de amor.

Al recibir al Señor Jesús, me arrojé en El como en el abismo de misericordia insondable y cuanto más sentía que era la miseria misma tanto más aumentaba mi confianza en El.

En esta humillación pasé el día entero.

1818 (8) 9. + Hoy mi alma tiene la naturaleza de un niño. Me uno a Dios como el niño al Padre. Me siento plenamente la hija de Dios.

1820 10. + Hoy deseo transformarme toda en el amor de Jesús y ofrecerme junto con El al Padre celestial.

Durante la Santa Misa vi a Jesús pequeñito, en un cáliz y me dijo: Vivo en tu corazón tal y como Me ves en este cáliz.

1821 Después de la Santa Comunión sentí en mi propio corazón los latidos del Corazón de Jesús. Aunque desde hace mucho estoy consciente de que la Santa Comunión dura en mí hasta la siguiente Comunión, hoy todo el día adoro a Jesús en mi corazón y le pido que con su gracia proteja a los niños pequeños del mal que les amenaza. La viva presencia de Dios que se deja sentir incluso físicamente dura el día entero, no me impide absolutamente cumplir con mis deberes.

1824 13. + Hoy mi corazón tiembla de alegría. Deseo mucho que Jesús venga a mi corazón. Estoy llena de un deseo ardiente, mi corazón ansioso de verlo se enciende con un amor cada vez más fuerte.

Cuando Jesús vino, me arrojé en sus brazos como una niña pequeña. Le conté mi alegría. Jesús escuchaba estas manifestaciones de mi amor. Cuando le pedí perdón por no haberme preparado a la Santa Comunión, ya que pensaba continuamente en compartir [con él] esta alegría, Jesús me contestó: La más agradable para Mí es la preparación con la cual Me has acogido hoy en tu corazón. Hoy bendigo esta alegría tuya de modo especial. Nada te turbará esta alegría en el día de hoy...

Continuará...

Fuente: DiarioLa Divina Misericordia en mi alma
(Santa) Sor M. Faustina Kowalska
Editorial de los Padres Marianos de la Inmaculada Concepción. Primera Edición autorizada (1996). Stockbridge, Massachusetts.

Archivo EV

Ir al tope del documento
Ir atrs
Página Principal De Portada Esta Semana En Foco Formación Liturgia Por las diócesis EV de Revista