Prepararnos mejor...
Myrna Fernández, Coop.fp.
Cada año, en especial en los meses de mayo
y junio, muchos niños y niñas reciben
por primera vez la Sagrada Comunión. Esa Primera
Comunión está, tiene que estar, precedida
por una catequesis profunda: conocer, saber y valorar
a la perfección que esa Hostia que el sacerdote
celebrante en esa Santa Misa coloca en la lengua
de cada niño o niña, es Jesús
mismo, el “Rey de reyes, Señor de los
señores” (como Santa Faustina misma
identificaba a Jesús). Es el mayor de los
regalos, es el Regalo, único, insustituible,
continuo, para siempre. Pero recibirlo siempre depende
de cada ser humano.
¿
Y luego qué? Cada catequista, cada maestra,
cada papa y mamá, esperan y confían
que la recepción del Cuerpo y Sangre de Cristo
en cada uno de esos primeros celebrantes sea al menos
semanal y por siempre. Pero el tiempo pasa... y el
viento sopla... ¡cuántas buenas enseñanzas
y las mejores intenciones pueden ser arrebatadas
por el maligno! No hay que llegar a la esquina para
encontrar las tentaciones... están ahí,
al lado, dentro de cada quien...
Todos los que han pasado por la formación
requerida para hacer la Primera Comunión,
crecen en edad y experiencia. Con el correr de los
años, desde aquel primer examen de conciencia,
ocurrirán muchos más. No se pueden
posponer. Ese examen es requisito diario para una
vida balanceada en el amor y la caridad.
El tiempo no pasa en vano, es necesario reconocer
nuestra pequeñez y la condición de
pecador(a). Es necesario acercarse al Sacramento
de la Reconciliación. Jesús espera.
Y nosotros, cada domingo (o diariamente), previo
al inicio de la Santa Misa, ¿qué hacemos?. ¿Cómo
nos preparamos para recibir a Jesús? En el
escrito que continúa examinemos la primera
parte de algunas notas de Santa Faustina Kowalska
acerca de su preparación para recibir la Santa
Comunión.
Cracovia, 10 I 1938
Mi preparación para la
Santa Comunión (1 de 2)
Sor María Faustina
del Santísimo Sacramento
Congregación de las Hermanas de la Madre de
Dios de la Misericordia
1804 (2) El momento más solemne de mi vida
es cuando recibo la Santa Comunión. Anhelo
cada Santa Comunión y agradezco a la Santísima
Trinidad por cada Santa Comunión.
Si los ángeles pudieran envidiar, nos envidiarían
dos cosas: primero, la Santa Comunión y segundo,
el sufrimiento.
1805 1.+ Hoy me preparo para Tu llegada como la
esposa para la llegada de su Esposo. Este Esposo
mío
es un gran Señor. Los cielos no logran contenerlo.
Los serafines que están más cerca de
El cubren sus rostros y repiten sin cesar: Santo,
Santo, Santo.
Este gran Señor es mi Esposo. A El le cantan
los Coros, ante El se postran los Tronos, frente
a su resplandor se apaga el sol. Y sin embargo este
gran Señor es mi Esposo. Corazón mío,
sal de este profundo asombro sobre cómo lo
adoran los demás, porque no tienes tiempo,
visto que se acerca y ya está a tu puerta.

1807 2. + Hoy mi preparación para la venida
de Jesús es breve, pero marcada por un amor
intenso. La presencia de Dios me penetra e inflama
mi amor hacia El. No hay ninguna palabra, sólo
hay un entendimiento interior. Me sumerjo toda en
Dios a través del amor. El Señor se
acerca a la morada de mi corazón. Después
de recibir la Comunión apenas estoy consciente
para volver a mi reclinatorio. En ese mismo momento
mi alma (4) se sumerge totalmente en Dios y no sé lo
que pasa alrededor. Dios me da el conociemiento interior
de su Ser Divino. Estos momentos son breves, pero
penetrantes. El alma sale de la capilla profundamente
recogida y no es fácil distraerla. Entonces
me parece que toco la tierra con un sólo pie.
Ningún sacrificio durante el día resulta
difícil ni pesado. Cada circunstancia despierta
un nuevo acto de amor.
1808 3. + Hoy invité a Jesús a mi corazón
como al amor. Tú eres el amor mismo. Todo
el cielo se enciende y llena de Tu amor. Por lo tanto
mi alma Te desea como una flor anhela el sol. Jesús,
ven rápidamente a mi corazón, porque
ves que como la flor requiere el sol, así mi
corazón se [lanza] hacia Ti. Abro el cáliz
de mi corazón para acoger Tu Amor.
1809 Cuando Jesús vino a mi corazón
todo vibró de vida y de calor en mi alma.
Jesús, retira mi amor del corazón y
llénalo con el Tuyo. Un amor ardiente y luminoso
que sabe llevar el sacrificio, que sabe olvidarse
completamente de sí mismo.
Hoy mi día está marcado por el sacrificio...
1813 5. + Hoy no me esfuerzo en ninguna preparación
especial. No sé pensar nada aunque siento
mucho. Añoro el momento en que Dios venga
a mi corazón. Me arrojo en sus brazos y hablo
de mi incapacidad y de mi miseria. Derramo todo el
dolor de mi corazón: que no soy capaz de amarle
tal como deseo. Despierto los actos de fe, esperanza
y amor, y de ellos vivo durante todo el día.
1815 7. + Hoy, en la Santa Comunión, deseo
unirme a Jesús lo más estrechamente
posible a través del amor. Deseo a Dios tan
ardientemente que me parece que no llegaré al
momento en que el sacerdote me dé la Santa
Comunión. Mi alma cae como en un desmayo por
anhelar a Dios.
1816 Después de recibirlo en mi corazón,
se desgarró el velo de la fe. Vi a Jesús
que me dijo: Hija mía, tu amor me compensa
por la frialdad de muchas almas. Después de
estas palabras me quedé sola, pero durante
todo el día viví del acto de reparación.
1817 8. + Hoy siento en mi alma el abismo de miseria.
Deseo acercarme a la Santa Comunión como a
la Fuente de misericordia y sumergirme toda en este
océano de amor.
Al recibir al Señor Jesús, me arrojé en
El como en el abismo de misericordia insondable y
cuanto más sentía que era la miseria
misma tanto más aumentaba mi confianza en
El.
En esta humillación pasé el día
entero.
1818 (8) 9. + Hoy mi alma tiene la naturaleza de
un niño. Me uno a Dios como el niño
al Padre. Me siento plenamente la hija de Dios.
1820 10. + Hoy deseo transformarme toda en el amor
de Jesús y ofrecerme junto con El al Padre
celestial.
Durante la Santa Misa vi a Jesús pequeñito,
en un cáliz y me dijo: Vivo en tu corazón
tal y como Me ves en este cáliz.
1821 Después de la Santa Comunión sentí en
mi propio corazón los latidos del Corazón
de Jesús. Aunque desde hace mucho estoy consciente
de que la Santa Comunión dura en mí hasta
la siguiente Comunión, hoy todo el día
adoro a Jesús en mi corazón y le pido
que con su gracia proteja a los niños pequeños
del mal que les amenaza. La viva presencia de Dios
que se deja sentir incluso físicamente dura
el día entero, no me impide absolutamente
cumplir con mis deberes.
1824 13. + Hoy mi corazón tiembla de alegría.
Deseo mucho que Jesús venga a mi corazón.
Estoy llena de un deseo ardiente, mi corazón
ansioso de verlo se enciende con un amor cada vez
más fuerte.
Cuando Jesús vino, me arrojé en sus
brazos como una niña pequeña. Le conté mi
alegría. Jesús escuchaba estas manifestaciones
de mi amor. Cuando le pedí perdón por
no haberme preparado a la Santa Comunión,
ya que pensaba continuamente en compartir [con él]
esta alegría, Jesús me contestó:
La más agradable para Mí es la preparación
con la cual Me has acogido hoy en tu corazón.
Hoy bendigo esta alegría tuya de modo especial.
Nada te turbará esta alegría en el
día de hoy...
Continuará...
Fuente: DiarioLa Divina Misericordia en mi alma
(Santa) Sor M. Faustina Kowalska
Editorial de los Padres Marianos de la Inmaculada
Concepción. Primera Edición autorizada
(1996). Stockbridge, Massachusetts.