Concordancias
bíblicas
Padre Isaías Revilla Casado,
OSA
Para EL VISITANTE
frirevilla@hotmail.com
P/ Según Juan 19,33-34, Jesús ya estaba
muerto cuando uno de los soldados le punzó con
una lanza y al instante salió sangre y agua.
Sin embargo Mateo 27, 49-50 indica que no estaba
muerto en ese momento. ¿Por qué la
diferencia?
José Pérez
R/ Desde la constatación de las primeras fuentes
del Pentateuco hasta las redacciones de los cuatro
evangelios, sobre todo los sinópticos, la
cuestión de las concordancias bíblicas
ha dado mucho que hablar y que comentar. Se han escrito
tratados, a veces muy voluminosos, para establecer
la analogía de los textos. Y no siempre hay
respuestas definitivas y claras. En general son diferencias
de redacción que nunca implican dificultad
para la interpretación global del mensaje
Bíblico.
Un ejemplo puede ser la secuencia de las tres negaciones
de Pedro y los cantos de gallo. Lo normal es hacer
caso a la redacción más precisa. En
este caso parece ser la de Marcos que dice: “Antes
que el gallo cante dos veces, tú me negarás
tres”.
Otro ejemplo puede ser el de las bienaventuranzas.
En Mateo 5, se cuentan 8. Sin embargo en Lucas 6,20
sólo figuran 4. Pero, indudablemente el contexto
de ambos evangelios tiene otras ideas complementarias
al tema, que, a la hora de la verdad, nos pone, una
vez más, en dos redacciones diferentes del
mismo mensaje, sin que pueda encontrarse ninguna
contradicción o error sustancial en su transmisión.
En el caso que nos ocupa el texto de Juan dice: “Vinieron
los soldados… y, como vieron a Jesús
ya muerto no le quebraron la piernas, sino que uno
de los soldados le atravesó con su lanza el
costado y al instante salió sangre y agua”.
Por su parte el de Mateo: “Uno de los soldados
tomó una esponja. La empapó de vinagre,
la fijó en una caña y le dio a beber.
Otros decían: ‘Deja, veamos si viene
Elías a salvarlo. Jesús, dando de nuevo
un fuerte grito, expiró’”.
La verdad es que soy yo, quien no entiende la pregunta.
Indudablemente se trata de dos momentos diferentes,
correspondientes a otros dos episodios deferentes
de lo que ocurre en las tres horas de Jesús
en la Cruz. Pero no hay por qué situar el
de la esponja después de la muerte, ni el
de la lanzada antes de ella. Y menos, si tenemos
en cuenta las dos redacciones evangélicas.
Hay que recordar que el evangelio de S. Juan no es
sinóptico. Es decir, no contiene el mismo
esquema de los otros tres, sino que se escribe para
afirmar la divinidad de Jesús y para llenar
lagunas que habían quedado en los sinópticos.
Por tanto es menos probable la posible contradicción
de este evangelio con los sinópticos, que
de ellos entre sí.
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