A la Casa del Padre
Recordar a Sor Digna Iglesias, H.C.
Eliezer Vázquez León
Para EL VISITANTE
Se ha ido al cielo Sor Digna. A vivir con el
Dios que tanto amó. La conocí en el Colegio
de La Inmaculada de Manatí. Ese día
me dio un caluroso saludo y siempre me apoyó en
todo. Un día me dejé la barba y me
dijo: “Muchacho, aféitate que pareces
un prófugo”. Tenía sus santas
ocurrencias. A veces iba por mi salón de
clase cuando laboré en La Inmaculada. Me
contaba sus experiencias en Africa. Y fue mi maestra
de francés por varios meses. Decía
que yo lo leía muy bien. Y me regaló un
breviario en esa lengua. Aún lo conservo.
También me regaló otro breviario
de las ediciones que se publicaron luego del Concilio
Vaticano II.
Ya Sor Digna se ha ido. Ha cambiado de casa como
decía Santa Teresa de Jesús. Siempre
fue fiel a su vocación. De un carácter
recio. Muy sabia dando consejos. La última
vez que la vi me aconsejó que cuidara mi
salud. Aún en el colegio me decía
que no me afanara tanto. Muy fanática de
los “Piratas” de Quebradillas. Mujer
firme en su fe. Cuando la visité en El Caimito
se le veía muy jovial. Tranquila. Sentada
en un butacón. Te quiero dar las gracias
Sor Digna. Por tu testimonio de vida religiosa.
Por tu fe. Por tu amor. Porque consumiste tu vida
como una lamparilla de sagrario por Dios y por
los pobres. Porque fuiste de verdad una Hija de
la Caridad. Gracias Sor Digna porque fuiste aliento
para mi fe. Descanso en el camino. Conservo muchas
estampitas que me dedicaste. Reza por mí en
el cielo. Yo hoy mismo comienzo a rezar el oficio
de difuntos con la hora de nona. Nos veremos en
la eternidad. Buen viaje a las eternas moradas.
Allí sé que sea en español
o en francés cantarás eternamente
las misericordias del Señor. Hasta luego.
No olvidaré tus chistes y ocurrencias jocosas.
Siempre seguiste aquello de: “Un santo triste
es un triste santo”. Te caracterizó tu
alegría. Tu vitalidad siempre. Descansa
en paz.