Edición 31 • 31 de julio al 6 de agost de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

Las normas de la Liturgia

Padre Isaías Revilla Casado, OSA
frirevilla@hotmail.com
Para EL VISITANTE

P/ Estimado P. Isaías: Gracias por su columna y que Dios le bendiga. En mi parroquia un sacerdote omite el lavado de las manos. Otro invita a la asamblea a repetir con él: “Por Cristo, con él y en él…” Otro interrumpe la liturgia para regañar a los fieles o ensayar las respuestas o cánticos durante la Liturgia… ¿Pueden hacerlo por sí mismos y sin más?
M. J. Vélez

R/ En general la respuesta es negativa. Todos esos detalles están prescritos en las “rúbricas” del misal, así llamadas porque están escritas en letra roja.

Pero es cierto que muchas de ellas ha sido expresión popular durante muchos años, a veces siglos; y han ido cambiando unas veces poco a poco y otras de golpe. No hay que olvidar que Liturgia quiere decir, por definición, “obra pública”, “obra del pueblo”, “obra de la comunidad”.

Por ejemplo la lengua latina es la lengua oficial de la Iglesia y era preceptivo usarla en todas las ceremonias sacramentales, como la Misa. Pero, vino la reforma posterior al Concilio Vaticano II y lo cambió de un plumazo, autorizando las llamadas lenguas vernáculas. Aunque es cierto que en algunas diócesis ya se utilizaba.

Otro ejemplo: nuestro maestro de novicios nos aconsejaba, para estar más devotos en la Misa, sobre todo en el momento de la Consagración, pronunciar la jaculatoria de santo Tomás: “Señor mío y Dios mío”. ¡Cuál no sería mi sorpresa a llegar a Aguada y oír a todo el mundo pronunciar sin recato y en voz alta, en el momento de la Elevación, esa misma jaculatoria! No está contemplada en el Misal. Pero nunca se me ha ocurrido regañar a nadie por eso… Y la razón es muy sencilla: lo que se pretende es que el pueblo participe lo más posible en el misterio que se realiza y esos detalles están buscándolo. Algo de eso ocurre con la aclamación al final del canon: “Por Cristo, con él…”

De todos modos, seguirá siendo norma elemental de conducta, en todo buen cristiano, la obediencia a la autoridad legítima; y esos detalles, aunque en sí no tienen trascendencia, pueden dar la sensación de una cierta anarquía. Por eso ya me he referido en otras ocasiones a ellos y he lamentado que los sacerdotes demos pie a nuestro fieles para que nos juzguen negativamente, por esos y por otros motivos. Seguirá siendo verdad que nosotros, los sacerdotes sobre todo, llevamos un tesoro en vasos frágiles. El tesoro es nuestro sacerdocio con su capacidad de perdonar los pecados y de consagrar el pan y el vino; el vaso frágil, nuestra naturaleza débil, como ya lo manifiesta san Pablo (II Cor. 4,7).

En cuanto a lo del regaño, creo yo que sería mejor, si hay que hacerlo (¡que a veces algunos fieles dan demasiados motivos!), aprovechar otro momento distinto de la misma liturgia.

Para otros temas relacionados vea http://sududa.tripod.com sección Liturgia.

Archivo EV

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