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Padre Efraín Zabala |
El intelecto en flor
El curso escolar ha comenzado para poner término
al período estival y dar rienda suelta al
consenso humano. Maestros, padres y alumnos tienen
que converger en la idea suprema: el estudio libera,
la convivencia abre rutas, el amor recrea todas
las cosas. El proceso de aprender requiere de luz
de lo alto y de apertura del corazón para
tranzar con la verdad emancipadora.
Un curso más es orientación básica
para beber de la fuente del conocimiento, para
aquilatar el saber en armonía con lo justo
y con lo bello. Las nuevas generaciones se nutren
del acervo mental y cultural que achica las distancias
y ofrece u menú de variedad de conceptos
y formas de vivir y soñar. El esfuerzo de
ver más allá va unido a la honestidad,
a la ardua tarea de comprender las preguntas fundamentales: ¿Quién
soy? ¿Para qué vivo?
La quemazón técnica, útil
para estos días globales, se orienta mejor
cuando hay vivencias misteriosas, capacidad de
dominar la tierra desde los adentros iluminados.
El pensamiento frágil y raquítico
es cuña que desmerece el conocimiento con
alas. Los errores gramaticales, las deficiencias
en la escritura, la manera de hablar tartamudeando,
dan fe de una decadencia interior versus una genialidad
de las computadoras.
Alma y cuerpo vislumbran un día de armonioso
crecimiento en que el yo funcional y el yo conceptual
logren un montaje de alto calibre. El espíritu
tiene su lenguaje sutil y noble y el cuerpo con
su multiplicidad de voces hace el coro de las categorías útiles
y necesarias. El pensamiento organizado que llega
en cápsulas de arte, poesía, filosofía
y otras disciplinas son punto de arranque para
otear un horizonte de fe y esperanza.
Las escuelas se abren en huerto de hermandad
y colaboración. La idea central de toda institución
de enseñanza no puede perderse en la hojarasca
de vaciedades, festejos y el “no hay clases” fatídico
y desilusionante. Cada minuto cuenta y el resultado
al fin de año tiene que ir a la par con
los millones gastados en suplir al entendimiento
de una ración gustada y dirigida por los
alumnos.
Niños y niñas son el desvelo patrio
porque ellos constituyen una nueva generación
de artífices del mañana. Se va a
la escuela a aprender la lección básica
y a reunir el fervor para dar lo máximo
por el país.
Puerto Rico se merece el aporte de todos, que
es riqueza y tesoro para la gran obra de entender
y amar.