Edición 32 • 7 al 13 de agosto de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

Padre Efraín Zabala

El intelecto en flor

El curso escolar ha comenzado para poner término al período estival y dar rienda suelta al consenso humano. Maestros, padres y alumnos tienen que converger en la idea suprema: el estudio libera, la convivencia abre rutas, el amor recrea todas las cosas. El proceso de aprender requiere de luz de lo alto y de apertura del corazón para tranzar con la verdad emancipadora.

Un curso más es orientación básica para beber de la fuente del conocimiento, para aquilatar el saber en armonía con lo justo y con lo bello. Las nuevas generaciones se nutren del acervo mental y cultural que achica las distancias y ofrece u menú de variedad de conceptos y formas de vivir y soñar. El esfuerzo de ver más allá va unido a la honestidad, a la ardua tarea de comprender las preguntas fundamentales: ¿Quién soy? ¿Para qué vivo?

La quemazón técnica, útil para estos días globales, se orienta mejor cuando hay vivencias misteriosas, capacidad de dominar la tierra desde los adentros iluminados. El pensamiento frágil y raquítico es cuña que desmerece el conocimiento con alas. Los errores gramaticales, las deficiencias en la escritura, la manera de hablar tartamudeando, dan fe de una decadencia interior versus una genialidad de las computadoras.

Alma y cuerpo vislumbran un día de armonioso crecimiento en que el yo funcional y el yo conceptual logren un montaje de alto calibre. El espíritu tiene su lenguaje sutil y noble y el cuerpo con su multiplicidad de voces hace el coro de las categorías útiles y necesarias. El pensamiento organizado que llega en cápsulas de arte, poesía, filosofía y otras disciplinas son punto de arranque para otear un horizonte de fe y esperanza.

Las escuelas se abren en huerto de hermandad y colaboración. La idea central de toda institución de enseñanza no puede perderse en la hojarasca de vaciedades, festejos y el “no hay clases” fatídico y desilusionante. Cada minuto cuenta y el resultado al fin de año tiene que ir a la par con los millones gastados en suplir al entendimiento de una ración gustada y dirigida por los alumnos.

Niños y niñas son el desvelo patrio porque ellos constituyen una nueva generación de artífices del mañana. Se va a la escuela a aprender la lección básica y a reunir el fervor para dar lo máximo por el país.

Puerto Rico se merece el aporte de todos, que es riqueza y tesoro para la gran obra de entender y amar.

 

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