Edición 32 • 7 al 13 de agosto de 2005
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012

Inseguridad colectiva

El jueves, 21 de julio, el caos y la burundanga isleña impusieron la bota sobre el país. La marea de palabras, instintos, provocaciones y locuacidad primitiva hicieron su agosto en medio del ¡ay que dolor!”: propiciado por los aumentos del agua, los peajes y la gasolina. El naufragio que se avecina, si el pueblo no se ajusta los cinturones, implica una desorientación básica que tiene que ver con las incoherencias políticas y sociales llevadas al plano de espejismo colectivo.

La crisis de la escasez de gasolina, debido al paro de los camioneros, ha dejado al descubierto la débil piel y el miedo escalofriante que se apodera de la mente y el corazón de los boricuas. La idea de todo o nada, tan ligada a una visión de afluencia económica mal entendida, convierte a los puertorriqueños en hojas al viento, en diminutos buscadores de tesoros.

El empalagamiento de lo materia produce males que rayan en la locura y en la desesperanza. El jueves la conversación pueblerina giró en torno al tanque lleno, medio o vacío. La gasolina dejó al diccionario sin palabras y tomó auge el reggeaton que alude a tan preciado líquido. Los temas importantes quedaron opacados y se pusieron en la agenda para otra ocasión cuando el maná cubra el cuerpo y el alma, los sentimientos y apetitos, en fin, cuando el cielo esté al alcance de la mano material.

La inseguridad terrena es parte de la existencia que nos habla contundentemente de que somos peregrinos, anhelantes de la eternidad. La fe aquieta el corazón, pero no tiene un remedio total porque “ahora vemos como un espejo:. Mientras más se confíe en Dios, mayor será la seguridad, la absoluta inmersión en la respuesta de alto abolengo espiritual.

Ningún país puede vivir embriagado por pequeñeces y artificios de puro corte cerebral o humano. Las verdaderas emergencias son las del espíritu, de la falta de energía valorativa, de la estricta observancia de la luz Suprema. Los que corren detrás del barullo y del baile del zambito de la confusión, se extravían en el monte de la discordia y de la desolación. No hay vuelta atrás cuando se estrangula el bien común y las frases acomodaticias se quedan en la periferia sin llegar a lo profundo de las circunstancias reales.

Puerto Rico no puede seguir en ese dislocamiento valorativo en que el consumismo sea avaricia desmedida. El enloquecimiento aunque sea pasajero deja torturas en el alma y enfermedades en el corazón. Merecemos algo mejor en este entorno de luz en que la piedad, la solidaridad y la hermandad sean cartel y vida. Los motines a bordo tienen que ceder para dar cabida a la paz que es fruto de la justicia y de la verdad. Dios está entre nosotros como un imán que atrae a todos para ilusionarnos con lo bello y lo bueno.


aplude

Verdad

A los economistas que hablan claro del panorama fiscal del país y contribuyen a poner las finanzas en su justa perspectiva.

La verdad nos hará libres y nadie mejor que los economistas que entienden la intringulis financiera para dictar cátedra en momentos de urgencia nacional.

Son muchos los que viven moviéndose sobre ideas caduca y conceptos de corte partidista. Sólo tienen oídos para escuchar las simplezas que entretienen al oído.

La madeja de mentiras tiene que ser destruida a través de la contundencia auspiciada por los peritos que saben y entienden de números. La ignorancia es mala consejera y sólo sirve para confundir y crear pánico.

Acompañantes

A los padres que acompañan a sus hijos los primeros días de clase para acentuar su disponibilidad y buenos deseos de contribuir a la sana educación de los suyos.

Ya es proverbial la ausencia de los progenitores en el recinto académico. Tal parece que hay un impasse perpetuo entre escuela y el hogar.

La unidad: padres, maestros y estudiantes es esencial para una convivencia saludable que refleje las virtudes sociales y espirituales de unos y otros.

Los hijos se sienten más seguros cuando los padres están atentos a lo que ocurre en la escuela y se hacen presentes en las reuniones y actividades escolares.

Editor

censura

Consumismo extremo

A los que acumulan gasolina en la casa para hacer frente a la carestía y a los amagos de cierre de algunas gasolineras.

Las pretensiones convierten los hogares en almacenes de mil cosas, aferrándose al tener, como tabla de salvación.

La prevención debe ir en consonancia con las realidades y con lo poco que tienen otras personas. Cuando lo tenemos todo, nos olvidamos del prójimo que a menudo carece.

Es bueno prevenir sin caer en la desbandada de los apetitos y los sentidos.

Poco amor

A los hijos que han hecho su hogar al lado de los padres y “ni para allá miran”.

Es raro que un hijo que ha recibido amor, atención, un solar y otras migajas se torne en indiferente. Esta actitud, tan en moda, está apadrinada por la expresión “eso ya no se usa”.

Los uraños de la época contemporánea no entienden de sacrificio, ni de corazones en coloquio de dádiva y amor.

La familia huérfana de ternura y compasión se destruye a sí misma. Los hijos que sólo viven para ellos, caerán en las redes de la locura y la empiedad.

Editor

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