Sexualidad Responsable
Carlos Torres
Para El Visitante
Cuentan que durante la peste negra en Europa
las autoridades estaban presionadas para buscar
una
solución rápida para parar la epidemia.
Decidieron entonces matar a todos los perros y
los gatos. Pensaban que eran esos animales los
que transmitían la enfermedad. Resultó al
revés. Los perros y los gatos eran los enemigos
principales de las ratas, que eran las verdaderas
portadoras. La población de ratas aumentó y
con ellas la epidemia. A veces la solución
rápida no es solución.
Me pregunto si no nos estará pasando a nosotros
lo mismo. Vivimos una epidemia de sexualidad. El
bombardeo es continuo y generalizado. No hay donde
esconderse. Claro que las consecuencias no se hacen
esperar. Lo raro es que nos sorprendamos de ellas.
Veo a la prensa preocupada por la cantidad de embarazos
de adolescentes, pero a mi me parece pequeño
el número, considerando el empujón
que le damos a nuestros jóvenes.
Cabe entonces preguntarse cuál es la postura
responsable ante este fenómeno. Es como
una paradoja con soluciones encontradas. Unos dicen
que debemos enseñarlos a usar contraceptivos
y distribuirlos por todos sitios. Otros pensamos,
y yo estoy en ese grupo, que hay que enseñar
el autocontrol, la autoestima y la continencia.
Los primeros piensan que sería irresponsable
no darles los medios para protegerse de los embarazos
no deseados y de las enfermedades. De primera intención
hace sentido darles las herramientas para defenderse,
si de todas maneras lo van a hacer. Con este argumento
muchos de mi lado se pasan al otro.
Pensando un poco más, me doy cuenta de que
hay más información que procesar
antes de tomar una decisión responsable.
Primero se está presumiendo que los jóvenes
van a practicar el sexo de todas maneras. Me parece
que no es cierto. La experiencia me dice que muchos
de los que dicen estar activos en verdad no lo
están. Hacen una fachada para aparentar
frente al grupo. Hasta puede ser un mecanismo de
defensa para proteger su intimidad. Estoy seguro
que la mayoría de los adolescentes estarían
tranquilos hasta los dieciocho años si no
fuera por la presión del ambiente. Las mujeres,
especialmente, prefieren esperar a su príncipe
azul y las condiciones ideales.
La presión de grupo, empujada por los medios
de comunicación, se encarga de sacarlos
de su comodidad. Vivimos en una sociedad en que
la virginidad es una condición de la que
hay que salir a la primera oportunidad. Y la fidelidad
es ya otra carga social a la que hay que poner
remedio. Ambas son motivos de burla. Pero en verdad,
la mayoría de las personas que conozco prefieren
vivir en paz con su cuerpo y con su pareja. Los
que tienen la desgracia de ceder ante la presión,
se arrepienten en su interior. Con una buena conversación
en privado les puedes sacar la podredumbre que
esconden adentro. Están insatisfechos, tristes
y solos.
La verdad es que, si vamos al fondo del asunto,
estamos equivocando el mal. La sabiduría
convencional, lo que parece creer y aceptar la
mayoría, es que lo malo son los hijos indeseados.
Eso no es así. Lo que es malo es el sexo
sin amor, las relaciones fuera del matrimonio,
la pornografía y el exhibicionismo que tenemos
en este país. Parece ser que lo malo es
que te cojan. ¡Hipócritas! Si de verdad
creyeran en el amor libre, no buscarían
relaciones para ellos mismos. Si de verdad creyeran
que el sexo es natural, los hijos no serían
un problema. Si de verdad no creyeran en la fidelidad,
no se casarían en primer lugar.
Una cosa son los novios que, queriéndose,
caen en un momento de debilidad. Otra cosa son
los promiscuos que se acuestan con cualquiera por
puro placer. Una cosa es el que sabe que se va
a portar mal y se compra un condón. Otra
cosa es regalarle un condón a uno que no
tenía pensado portarse mal. Una cosa es
comprender a los que cometen un error. Otra cosa
es pensar que el error es lo normal y hacerlo modelo
de conducta para que los que yerran se sientan
bien.
¿
Creen acaso que esos muchachos no saben de sexualidad? ¿Qué clase
de ingenuo cree que le pueda enseñar algo
de sexo a los jóvenes de este país? ¿Creen
de verdad que no usan los contraceptivos que les
regalan porque no saben nada mejor? La verdad es
que la vida real no es tan planificada. El sexo
en la calle no es un experimento de laboratorio.
Las situaciones son complicadas y las variables
muchas. A fin de cuentas el condón se queda
en el bolsillo. No por vagancia, ni por desconocimiento,
sino porque la situación no lo permite.
La oportunidad, el riesgo y tantas cosas confabulan
contra la planificación antinatural.
En fin, sobre el tema de responsabilidad e irresponsabilidad,
es un contrasentido enseñar a portarse mal
para proteger a los que así decidan portarse.
Peor si se enseña también a los que
se están portando bien. ¿Acaso vamos
a acabar enseñando a usar AK-47 y técnicas
de car-jacking porque de todas formas lo van a
hacer? Pues igual de absurdo es empujarle la sexualidad
irresponsable a la juventud. Pero lo hemos repetido
tanto que ya no suena tan mal. Además, la
mayoría se porta bien.
Si algún joven llegó hasta aquí,
quiero decirle que no ceda. Quédate en la
comodidad de tu intimidad hasta que encuentres
ese alguien importante y real con quien compartirla.
Vive en paz con tu cuerpo y llena tus horas de
actividades productivas. Esfuérzate por
progresar en la vida. Estudia y trabaja fuerte.
Diviértete con tus amigos en actividades
sanas. No le permitas a nadie que te diga cuándo
estás listo para el sexo. Defiende tu pureza
de cuerpo y de espíritu. Y cuando te pregunten
si ya lo hiciste, contéstales que no les
importa. Esa contestación no tiene menos
modales que la pregunta.
A los adultos les digo que estamos cediendo en
lo importante. Por buscar soluciones rápidas
estamos matando a los perros y a los gatos, nuestros
jóvenes sanos, y nos estamos quedando con
las ratas, los promiscuos que esparcen la enfermedad.
Peor todavía, estamos convirtiendo a los
perros y a los gatos en ratas inmundas. Un adulto
que respete sus años no puede promover que
se repartan contraceptivos en las escuelas.