Edición 32 • 7 al 13 de agosto de 2005
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012

¡Señor, auméntanos la fe!

P. José Pascual Benabarre Vigo
Benigno benabarre@hotmail.com
Para EL VISITANTE

Entre los dichos atribuidos al Señor Jesús, y registrados por San Lucas, se encuentra este tan llamativo: “Si tuvieras fe como un grano de arena, habríais dicho a este sicómoro: ‘Arráncate y plántate en el mar, y os habría obedecido’” (Lucas 17,6).

Estimo que sería en esta ocasión, o en otra semejante, cuando los apóstoles, avergonzados de su poca fe, suplicaron al Señor: “¡Auméntanos la fe!” (Lucas 17, 5).

Este grito de angustia, y la respuesta del ciego de Jericó a la pregunta de Jesús: “¿Qué quieres que te haga?” --¡Señor, que vea!” (Mateo 10,51), bien podrían ser dos humildes jaculatorias que, repetidas con frecuencia y sinceridad, conmovieran las entrañas de Dios para otorgarnos la fe sobrenatural, no, precisamente, para arrancar árboles y montañas y anegarlos en el mar, sino para agradarle con nuestra conducta y servir bien a los hermanos. (Una confidencia, lector querido: desde hace decenas de años, siempre he tenido sobre la mesa de estudio, y a la vista, una cartulina con esas dos peticiones. ! Y qué bien me hacen!).

¿Qué es fe sobrenatural?

Es necesario ir por partes, pues hay mucha confusión en esta materia - clave para nuestra santificación y salvación.

Los Testigos de Jehová dicen que tienen fe, y hasta tienen la arrogancia de llamarse cristianos, pero no admiten la divinidad de Jesucristo. Los Mormones también dicen que tienen fe, pero no es la cristiana, no obstante llamarse “Iglesia de Jesucristo de los Santos del Último Día”, su Book of Mormon está, para ellos, sobre la autoridad de la Biblia. Los cientos de iglesias y sectas evangélicas que pululan por esos mundos de Dios, afirman tener la fe bíblica; pero el hecho de existir tantas, ya indica que no tienen la misma fe, a la vez que reniegan de la Iglesia Católica - la única fundada por Jesucristo. Y también es lamentable que sean muchos los bautizados católicos que no tienen otra fe que “la del carbonero”. ¿Qué es, entonces, la fe sobrenatural que agrada a Dios? Hay diversas definiciones – explicaciones, pero todas coinciden en lo esencial. He aquí unas pocas.

• La fe es un asentimiento a Dios, que se revela.

• La fe es una obediencia (ver Romanos 1,5) del entendimiento y de la voluntad del hombre a Dios, que se revela en Jesucristo y en sus obras y palabras.

* “Creer es un acto del entendimiento, que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad, movida por Dios mediante la gracia” (Santo Tomás).

Una definición más comprensiva y, por tanto, más clara y completa, podría ser la siguiente:

* La fe es un don sobrenatural dado por Dios, y una virtud teologal por las cuales la mente, dirigida por la voluntad, cree todo lo que Dios ha revelado, y la Iglesia nos propone como materia de creencia, y actuamos de conformidad con la misma.”

Al decir que la fe “es un don sobrenatural”, se quiere significar que el hombre no puede adquirirla por sus esfuerzos, sino que es una pura gracia o don que Dios otorga al hombre – al que quiere.

Se afirma que debemos creer “todo” lo revelado, pues no puede haber una fe parcial, es decir, creer en algo porque nos gusta o parece razonable, y rechazar otras verdades porque las estimamos demasiado fuertes. La razón de esto es que la fe se apoya únicamente en la bondad y sabiduría de Dios, que ni puede equivocarse ni engañarnos; y si todo lo revelado viene de Dios, todo tiene la misma autoridad.

La fe es una virtud “teologal”, es decir, que tiene por único objeto a Dios, que da la fuerza (virtus = virtud) para creerle y servirle con la mente y la voluntad.

Y se añade que es la Iglesia la que determina cuáles son las verdades que debemos creer, y su recto sentido. Nadie más que el papa y los obispos en comunión con él tienen ese cometido (Catecismo 100).

Finalmente se dice que necesitamos tener la fe verdadera para salvarnos, pues así nos lo dice tajantemente el autor de la Carta a los Hebreos: “Sin fe, no podemos agradar a Dios” (11,6).

Cómo podemos crecer en la fe

La fe, como don sobrenatural, se nos infunde en germen en el bautismo. Pero Dios y la Iglesia esperan que hagamos de nuestra parte todo lo que podamos para que crezca en racionalidad y en comprensión. Por desgracia, son demasiados los que no pasan de tener una fe infantil toda su vida. Son los que tienen la fe del carbonero, es decir, creen que porque la Iglesia se lo indica o porque “siempre ha sido así”. Es una lástima, pues no es la fe que Dios espera de nosotros. Cierto que nadie llega a “comprender” o “conocer” el meollo de ningún misterio de la fe; pero también lo es que todos podemos ampliar sus horizontes y penetrar un tanto en su sentido profundo. ¿Cómo? He aquí unas pocas ideas:

• Mediante la oración frecuente al Espíritu Santo pidiéndole humildemente que nos conduzca “a la verdad plena” (Juan 16,13).

• Mediante la frecuente contemplación de las verdades de la fe, con deseos de conocerla mejor y de vivir mejor según ellas.

• Mediante el estudio serio del contenido de la fe y su explicación por parte del Magisterio de la Iglesia (la del papa y de los obispos en comunión con él) (DV 8).

• Mediante la atenta escucha de la predicación de la palabra de Dios. Y para ustedes, queridos lectores, mediante la lectura semanal de EL VISITANTE.

La fe no es ciega ni irracional

Puesto que San Pablo nos asegura - y lo comprendemos todos los que tenemos los ojos abiertos y el corazón libre de pasiones pecaminosas-que, observando las maravillas de la naturaleza, podemos descubrir a su Creador (Romanos 3, 20-23); y puesto que Jesucristo - máxima revelación de Dios - probó hasta la saciedad con obras y palabras (Juan 14,11), y con su resurrección (Evangelios) que era Dios verdadero; y sabiendo que Jesús estableció Su Iglesia -- ¡la católica!-para continuar su obra salvadora, para lo cual le transmitió sus poderes (Juan 20,21), y le prometió su asistencia hasta el fin del mundo (Mateo 28, 19-20), bien podemos decir que nuestra fe es racional e inteligente.

Contenido de la fe

Todo lo que Dios ha querido revelarnos en materia de fe y buenas costumbres, lo tenemos en la Biblia y en la Tradición. Su contenido esencial lo hallamos en los dos Credos (el de los apóstoles- el corto - y el Niceno-Constantinopolitano, allí llamado por haberse formulado en esos Concilios, años 325 y381, respectivamente). Además de esas verdades, sólo hay otras tres que, por haberse formulado más tarde, no están en los mismos. Son: la infalibilidad del papa cuando habla ex cathedra, es decir de modo solemne y explícito, definida en los Concilios Vaticanos I y II, años 1869-1870 y 1962-1965; la Inmaculada Concepción de la Virgen María (1850), y la Asunción de la Santísima Virgen en cuerpo y alma a los cielos (1950). Todo eso es lo que debemos creer explícitamente para salvarnos. Y la explicación autorizada de toda la fe la encontramos en el CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, publicado en el año 1977. Con la Biblia, ese Catecismo no debería faltar en ninguna familia.

¡ Señor, auméntanos la fe!

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