¡Señor, auméntanos
la fe!
P. José Pascual Benabarre
Vigo
Benigno
benabarre@hotmail.com
Para EL VISITANTE
Entre los dichos atribuidos al Señor Jesús,
y registrados por San Lucas, se encuentra este
tan llamativo: “Si tuvieras fe como un grano
de arena, habríais dicho a este sicómoro: ‘Arráncate
y plántate en el mar, y os habría
obedecido’” (Lucas 17,6).
Estimo que sería en esta ocasión,
o en otra semejante, cuando los apóstoles,
avergonzados de su poca fe, suplicaron al Señor: “¡Auméntanos
la fe!” (Lucas 17, 5).
Este grito de angustia,
y la respuesta del ciego de Jericó a la
pregunta de Jesús: “¿Qué quieres
que te haga?” --¡Señor, que
vea!” (Mateo 10,51), bien podrían
ser dos humildes jaculatorias que, repetidas con
frecuencia y sinceridad, conmovieran las entrañas
de Dios para otorgarnos la fe sobrenatural, no,
precisamente, para arrancar árboles y montañas
y anegarlos en el mar, sino para agradarle con
nuestra conducta y servir bien a los hermanos.
(Una confidencia, lector querido: desde hace decenas
de años, siempre he tenido sobre la mesa
de estudio, y a la vista, una cartulina con esas
dos peticiones. ! Y qué bien me hacen!).

¿Qué es
fe sobrenatural?
Es necesario ir por partes, pues hay mucha confusión
en esta materia - clave para nuestra santificación
y salvación.
Los Testigos de Jehová dicen que tienen
fe, y hasta tienen la arrogancia de llamarse cristianos,
pero no admiten la divinidad de Jesucristo. Los
Mormones también dicen que tienen fe, pero
no es la cristiana, no obstante llamarse “Iglesia
de Jesucristo de los Santos del Último Día”,
su Book of Mormon está, para ellos, sobre
la autoridad de la Biblia. Los cientos de iglesias
y sectas evangélicas que pululan por esos
mundos de Dios, afirman tener la fe bíblica;
pero el hecho de existir tantas, ya indica que
no tienen la misma fe, a la vez que reniegan de
la Iglesia Católica - la única fundada
por Jesucristo. Y también es lamentable
que sean muchos los bautizados católicos
que no tienen otra fe que “la del carbonero”. ¿Qué es,
entonces, la fe sobrenatural que agrada a Dios?
Hay diversas definiciones – explicaciones,
pero todas coinciden en lo esencial. He aquí unas
pocas.
• La fe es un asentimiento a Dios, que
se revela.
• La fe es una obediencia (ver Romanos
1,5) del entendimiento y de la voluntad del hombre
a Dios, que se revela en Jesucristo y en sus obras
y palabras.
* “Creer es un acto del entendimiento,
que asiente a la verdad divina por imperio de la
voluntad, movida por Dios mediante la gracia” (Santo
Tomás).
Una definición más comprensiva
y, por tanto, más clara y completa, podría
ser la siguiente:
* La fe es un don sobrenatural dado por Dios,
y una virtud teologal por las cuales la mente,
dirigida por la voluntad, cree todo lo que Dios
ha revelado, y la Iglesia nos propone como materia
de creencia, y actuamos de conformidad con la misma.”
Al decir que la fe “es un don sobrenatural”,
se quiere significar que el hombre no puede adquirirla
por sus esfuerzos, sino que es una pura gracia
o don que Dios otorga al hombre – al que
quiere.
Se afirma que debemos creer “todo” lo
revelado, pues no puede haber una fe parcial, es
decir, creer en algo porque nos gusta o parece
razonable, y rechazar otras verdades porque las
estimamos demasiado fuertes. La razón de
esto es que la fe se apoya únicamente en
la bondad y sabiduría de Dios, que ni puede
equivocarse ni engañarnos; y si todo lo
revelado viene de Dios, todo tiene la misma autoridad.
La fe es una virtud “teologal”, es
decir, que tiene por único objeto a Dios,
que da la fuerza (virtus = virtud) para creerle
y servirle con la mente y la voluntad.
Y se añade que es la Iglesia la que determina
cuáles son las verdades que debemos creer,
y su recto sentido. Nadie más que el papa
y los obispos en comunión con él
tienen ese cometido (Catecismo 100).
Finalmente se dice que necesitamos tener la fe
verdadera para salvarnos, pues así nos lo
dice tajantemente el autor de la Carta a los Hebreos: “Sin
fe, no podemos agradar a Dios” (11,6).
Cómo
podemos crecer en la fe
La fe, como don sobrenatural, se nos infunde
en germen en el bautismo. Pero Dios y la Iglesia
esperan que hagamos de nuestra parte todo lo que
podamos para que crezca en racionalidad y en comprensión.
Por desgracia, son demasiados los que no pasan
de tener una fe infantil toda su vida. Son los
que tienen la fe del carbonero, es decir, creen
que porque la Iglesia se lo indica o porque “siempre
ha sido así”. Es una lástima,
pues no es la fe que Dios espera de nosotros. Cierto
que nadie llega a “comprender” o “conocer” el
meollo de ningún misterio de la fe; pero
también lo es que todos podemos ampliar
sus horizontes y penetrar un tanto en su sentido
profundo. ¿Cómo? He aquí unas
pocas ideas:
• Mediante la oración frecuente
al Espíritu Santo pidiéndole humildemente
que nos conduzca “a la verdad plena” (Juan
16,13).
• Mediante la frecuente contemplación
de las verdades de la fe, con deseos de conocerla
mejor y de vivir mejor según ellas.
• Mediante el estudio serio del contenido
de la fe y su explicación por parte del
Magisterio de la Iglesia (la del papa y de los
obispos en comunión con él) (DV 8).
• Mediante la atenta escucha de la predicación
de la palabra de Dios. Y para ustedes, queridos
lectores, mediante la lectura semanal de EL VISITANTE.
La fe no es ciega ni irracional
Puesto que San Pablo nos asegura - y lo comprendemos
todos los que tenemos los ojos abiertos y el corazón
libre de pasiones pecaminosas-que, observando las
maravillas de la naturaleza, podemos descubrir
a su Creador (Romanos 3, 20-23); y puesto que Jesucristo
- máxima revelación de Dios - probó hasta
la saciedad con obras y palabras (Juan 14,11),
y con su resurrección (Evangelios) que era
Dios verdadero; y sabiendo que Jesús estableció Su
Iglesia -- ¡la católica!-para continuar
su obra salvadora, para lo cual le transmitió sus
poderes (Juan 20,21), y le prometió su asistencia
hasta el fin del mundo (Mateo 28, 19-20), bien
podemos decir que nuestra fe es racional e inteligente.
Contenido de la fe
Todo lo que Dios ha querido revelarnos en materia
de fe y buenas costumbres, lo tenemos en la Biblia
y en la Tradición. Su contenido esencial
lo hallamos en los dos Credos (el de los apóstoles-
el corto - y el Niceno-Constantinopolitano, allí llamado
por haberse formulado en esos Concilios, años
325 y381, respectivamente). Además de esas
verdades, sólo hay otras tres que, por haberse
formulado más tarde, no están en
los mismos. Son: la infalibilidad del papa cuando
habla ex cathedra, es decir de modo solemne y explícito,
definida en los Concilios Vaticanos I y II, años
1869-1870 y 1962-1965; la Inmaculada Concepción
de la Virgen María (1850), y la Asunción
de la Santísima Virgen en cuerpo y alma
a los cielos (1950). Todo eso es lo que debemos
creer explícitamente para salvarnos. Y la
explicación autorizada de toda la fe la
encontramos en el CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA,
publicado en el año 1977. Con la Biblia,
ese Catecismo no debería faltar en ninguna
familia.
¡ Señor, auméntanos la fe!