testimonio
Dos ángeles:
una maestra y una catequista
Eliezer Vázquez León
Para El VIsitante
Hoy día, cuando la sensibilidad se va alejando
de muchos corazones, es bueno recordar aquellas
personas muy especiales en nuestra vida. Son ángeles
que Dios nos envía para irnos formando en
el caminar de la vida. Por supuesto, caminar hacia
Dios. San Ireneo de Lyon en su obra Adversus haereses
dice que: “ La gloria de Dios es el hombre
en su plenitud.” Y a esa plenitud han contribuído
en mi vida dos almas santas: la señorita
Carmen María Camacho (mi maestra de primer
grado) y Sor María Escala, Hija de la Caridad,
que fué mi catequista de primera comunión.
Quiero narrar un poquito de cada una de ellas.

Sor María y Eliezer Vázquez. (Foto
suministrada)
Carmen María Camacho: en agosto de 1968,
en la Escuela Elemental José Celso Barbosa
en Ponce, comenzó mi vida de estudiante.
En el salón #2 tomé mis primeras
clases con una gran maestra, la que guió mis
primeros pasos en la vida escolar. Todavía
conservo mi diploma de primer grado. Por cierto,
el documento dice que nunca olvidaremos a nuestra
maestra de primer grado. Y yo nunca he olvidado
esto. Me acuerdo que en diciembre de el mismo año
le obsequié un perfume. Lo abrió,
lo olió y me dió las gracias. Hoy
día no sé si mi maestra está viva
o ha pasado a la eternidad. De todos modos, donde
quiera que esté: muchas gracias, miss Camacho.
Dios premie tu labor tan santa. Siempre te recuerdo.
Tu hijo Eliezer.
Sor María Escala, H.C: La conocí en
Ponce en 1970, en el salón parroquial de
la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe.
Allí, esta venerable religiosa me habló de
Dios. Y preparé mi mente y mi corazón
para recibir a Jesús Eucaristía.
Fue el domingo 31 de mayo de 1971. Todavía
conservo mi certificado de Primera Comunión.
Curiosamente (Dios siempre nos sorprende), cuando
fuí enviado por el señor obispo de
Arecibo (Mons.Miguel Rodríguez, C.S.S.R.)
de feliz memoria, a concluir mis estudios de filosofía
a Miami, Florida...me encontré allí con
el Padre Rafael Escala (hermano de Sor María).
Fué mi confesor y director espiritual por
dos años. Logré encontrarme con Sor
María en el hogar Santa Luisa en Caimito
hace unos meses. Desde entonces hemos hablado y
recordado experiencias hermosas. Quiero por este
medio darte las gracias, Sor María. Gracias
a una Hija de la Claridad que me dió a conocer
a Dios. Dios y la Virgen te bendigan. Tu hijo espiritual,
Eliezer.
¡Bendito sea Dios que se nos manifiesta
en almas santas!