Tarea ardua
A
los obreros de la construcción que siempre
están al borde de la caída estrepitosa
o de que algún artefacto pesado les sepulte.
Mientras muchos viven en la dimensión
de lo fácil, otros puertorriqueños
exponen sus vidas para llevar a sus hogares el
pan de cada día.
Los sacrificados dan oxígeno al país;
levantan edificios, construyen puentes, escuelas
y hoteles.
Hay que entender que el dinero a secas no
lo es todo, pues es el obrero el que lo multiplica
con su dolor y su esfuerzo.
La sociedad justa esparce la virtud en todos
sus componentes y da a cada uno lo que le corresponde.
Solidarios
A
los de “arriba”, que se han bajado
el sueldo en señal de compañerismo
y solidaridad.
Los que más tienen, son los llamados a
compartir con aquellos que apenas tienen lo básico
para subsistir.
En momentos de precariedad económica,
el corazón digno alarga sus sentimientos
para que nadie caiga en el atolladero de la insania
o la locura.
El buen puertorriqueño, que tiene a flor
de piel el “Ay bendito”, que reparte
bienes allende los mares, no puede pensarlo dos
veces para dar su óbolo.
Esta urgencia nacional debe abrir el entendimiento
para hacer un pare en este torbellino de impiedad
que vivimos.
Editor |
Falta de humanismo
A
los que gritaban “lánzate” al
Sr. William Milián Escobar mientras éste
se “columpiaba” en una grúa
para protestar “sui generis”
Esa mofa especificada en gritos de desprecio
a la vida desdice de las personas que así obran.
En momentos de peligro, conviene elevar el pensamiento
y orar para que haya un final feliz.
Los que menosprecian la vida se hunden en
sus devaneos frívolos.
La piedad es siempre una ruta de luz, un
llamado a pensar en Dios como compañero de viaje.
No hay que empujar a las personas al abismo,
sino darles la mano y la bendición.
Negativos
A
los que viven bajo el manto del negativismo
y sólo miran una parte de un todo.
Al comienzo del curso escolar los comentarios
adversos fluyen como el agua; pero se olvidan
de que hay muchas escuelas que son de primera:
con aire acondicionado, computadoras, buenos
y calificados maestros.
Esa desproporción en la crítica
deja una cola de malos augurios y peores insatisfacciones.
Conviene abrir la mente y expandir el radio
de acción crítica para que al final
de la jornada las cosas y el juicio adquieran
luz y nitidez.
Editor |