Edición 33 • 14 al 20 de agosto de 2005
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012

Vestir de sayal

Palidece la economía gubernamental y la incertidumbre azota los rostros y los corazones de aquellos que viven de día a día. Los espejismos y las quimeras que han traído estas realidades dolorosas han quedado desenmascaradas por los estragos de alcancía vacía. Los mitos que rondan desde hace décadas por el país se enfrentan a la realidad que tarde o temprano se impone.

En momentos de crisis, la voluntad servicial es pródiga y entiende cabalmente la belleza de la justicia distributiva. Los que se mantienen ocultos en despilfarro de afanes económicos recibirán la paga con el látigo de la conciencia. El presupuesto de amor no es una conveniencia puramente religiosa, es un convencimiento fraternal que fluye de los abastos de la misericordia y la solidaridad.

Las distancias económicas tienen que achicarse para dar de lo mucho a los que tienen poco. Los que almacenan miel y celebran las mil y una noche bajo carpas a lo “Sha de Irán”, tienen que abrir sus panales para que algo de ese néctar llegue a los Lázaros del mundo. La riqueza es una bendición cuando se comparte el pan y los obreros son apadrinados por la justicia, la humildad y la paz.

Ningún país está inmune al virus de la bancarrota que está patente en la corrupción, los gastos excesivos y la mentalidad “gastemos hoy, que otros pagarán mañana”. Ese frenesí que ha vivido Puerto Rico ha colmado la copa de los recursos. Las locuras como trampolín para el festejo son aves de mal agüero. Acarrean toda clase de males y el desenfreno emotivo que se palpa en todo el país.

La metanoia o conversión a lo justo y a lo verdadero es un proceso curativo que debe comenzar por los que ostentan un puesto de honor en Puerto Rico. Hay que cambiar actitudes, mentalidades, estilo de vida y utilizar la moderación y la sobriedad como tablas de salvación en medio de la debacle. No hay otra alternativa que no sea la de revivir el zayal, la ceniza, el sacrificio y el compromiso comunitario.

Los pasos a seguir están marcados por la realidad que es áspera, pero sorprende por su solvencia y contundencia. Se hace patria cuando ésta pide de sus hijos una total entrega, un sí de gran envergadura ética y social. Los que rehúyen esta oportunidad de inmolación por amor se extravían en las alianzas más torpes y enfermizas.

El momento es útil y necesario para poner término a los cuentos de hadas y entender que si no despertamos, las pesadillas serán la orden del día y el naufragio colectivo se dejará sentir en toda la bella Isla de Borinquen.


aplaude

censura

Tarea ardua

A los obreros de la construcción que siempre están al borde de la caída estrepitosa o de que algún artefacto pesado les sepulte.

Mientras muchos viven en la dimensión de lo fácil, otros puertorriqueños exponen sus vidas para llevar a sus hogares el pan de cada día.

Los sacrificados dan oxígeno al país; levantan edificios, construyen puentes, escuelas y hoteles.

Hay que entender que el dinero a secas no lo es todo, pues es el obrero el que lo multiplica con su dolor y su esfuerzo.

La sociedad justa esparce la virtud en todos sus componentes y da a cada uno lo que le corresponde.

Solidarios

A los de “arriba”, que se han bajado el sueldo en señal de compañerismo y solidaridad.

Los que más tienen, son los llamados a compartir con aquellos que apenas tienen lo básico para subsistir.

En momentos de precariedad económica, el corazón digno alarga sus sentimientos para que nadie caiga en el atolladero de la insania o la locura.

El buen puertorriqueño, que tiene a flor de piel el “Ay bendito”, que reparte bienes allende los mares, no puede pensarlo dos veces para dar su óbolo.

Esta urgencia nacional debe abrir el entendimiento para hacer un pare en este torbellino de impiedad que vivimos.

Editor

Falta de humanismo

A los que gritaban “lánzate” al Sr. William Milián Escobar mientras éste se “columpiaba” en una grúa para protestar “sui generis”

Esa mofa especificada en gritos de desprecio a la vida desdice de las personas que así obran. En momentos de peligro, conviene elevar el pensamiento y orar para que haya un final feliz.

Los que menosprecian la vida se hunden en sus devaneos frívolos.

La piedad es siempre una ruta de luz, un llamado a pensar en Dios como compañero de viaje.

No hay que empujar a las personas al abismo, sino darles la mano y la bendición.

Negativos

A los que viven bajo el manto del negativismo y sólo miran una parte de un todo.

Al comienzo del curso escolar los comentarios adversos fluyen como el agua; pero se olvidan de que hay muchas escuelas que son de primera: con aire acondicionado, computadoras, buenos y calificados maestros.

Esa desproporción en la crítica deja una cola de malos augurios y peores insatisfacciones.

Conviene abrir la mente y expandir el radio de acción crítica para que al final de la jornada las cosas y el juicio adquieran luz y nitidez.

Editor

 

 

 

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