Prof. Carlos Méndez Santos
Para EL VISITANTE
Hablando con una religiosa, la hermana Anita, ésta
me decía que ella creía mucho, “...
en el sistema preventivo del diálogo y el
razonamiento más que en el castigo, en la
esperanza sobre la crisis, y en el optimismo más
que en las dificultades...”, todo esto en la
vida del núcleo familiar en nuestros hogares.
Ya que se puede aprender también mucho de
los jóvenes, de la misma manera que ellos
aprenden de las experiencias de los adultos.
Cuando las familias están debidamente integradas
hay una muy buena comunicación entre todos
sus miembros. Así, los males que afectan a
nuestros jóvenes, como la carencia de valores,
desinterés en los estudios, y vicios de diversa índole,
pueden ser prevenidos. O si no, corregidos a tiempo.
Hay que establecer una buena relación o una
buena amistad y dialogar sobre lo que Dios nos inspira.
En el fondo de todo está cada familia. La
primera escuela es el hogar. La primera lección
que un niño debe de aprender antes de llegar
a joven o a adulto, es la obediencia.
A cada jovencito o jovencita hay que motivarlo
para que comprenda que no debe hacer lo que lo
pueda dañar.
Porque si las familias están desintegradas,
los hijos de seguro tienen grandes problemas. Con
problemas nadie puede reír, jugar o sentirse
feliz.
Cada familia debe ser feliz; debe sentirse optimista
siempre. Debe dejar a un lado todo lo que moleste,
y también aquello que lo haga sufrir. Y la
oración es una buena forma de fortalecerse.
Las buenas lecturas sobre temas que cimenten la vida
hogareña son un valioso recurso. Hay que vivir
la vida con los ojos del corazón para descubrir
a Dios en todos los actos diarios y en todos los
lugares donde estén juntos. No se debe de
ser ingenuo sobre lo que sucede. Pero a la vez no
se debe sucumbir ante las cosas pequeñas que
suceden.
¿Cómo debe de vivir una familia
integrada? Esta debe de vivir con sencillez, con
un espíritu
alegre, en oración. Cada familia debe de sacar
un espacio de su tiempo, para pequeñas reflexiones
en el marco de sus principios religiosos.
¿Que en cada familia hay crisis? Estas
(las crisis), llevan a las personas a estudiar
y a analizar. Ese
estudio y análisis minucioso puede ofrecer
respuestas, ya que de las crisis debe surgir siempre
algo bueno. Nacen nuevas ideas para enfrentar situaciones,
[y] surgen nuevas relaciones, más afectivas,
más fuertes.
Las familias deben estar integradas. Habrá días
de penas, dificultades y tristezas. Habrá días
de fiestas, celebraciones y alegrías. Por
eso unidos, pensemos: “Si uno de ustedes está triste,
que rece. El que esté alegre, que cante himnos
a Dios”. (Santiago 5:13).
(El autor es Profesor Emérito Trabajo Social,
Pontificia Universidad Católica de Puerto
Rico.)