La
canonización
Padre Isaías Revilla Casado,
OSA
frirevilla@hotmail.com
Para EL VISITANTE
P/ Me gusta leer su sección que me ayuda
a aclararme muchas cosas. Perdone mi ignorancia,
pero estoy convencida de que la Madre Teresa de
Calcuta, como Carlos Manuel, como Juan Pablo II
son verdaderamente santos. Mi pregunta es: ¿En
qué ayuda ante Dios el reconocimiento oficial
que supone la canonización?
Nilda Delgado, Manatí.
R/ Supongo que Dios, que es sumamente amoroso,
habrá echado una sonrisita al encontrarse
con tu pregunta. Y habrá formulado otra: “¿A
mí me lo vas a preguntar?”
Entiendo que Dios lo sabe mejor que tú y
que yo. Por tanto, la respuesta sería: ¡“Ante
Dios no sirve para nada”!
Dios sabe de sobra si han sido santos y si los
ha mandado al cielo o al infierno. No tiene que
preguntárnoslo a nosotros.
La Canonización nos sirve a nosotros. Sí tenemos
la esperanza de que podemos salvarnos, pero no
tenemos la constancia de nadie que se haya salvado…,
la verdad es que el esfuerzo que tendríamos
que hacer para el acto de fe sería, en la
mayor parte de las ocasiones, vano. ¿De
qué me vale cumplir con sacrificio los mandamientos
de Dios, si no tengo constancia de que a otros,
que los han cumplido indudablemente mucho mejor
que yo, les han servido en realidad de algo?
Por eso, cambian completamente las cosas, cuando
yo veo que otros, que no han tenido más
ni mejores dotes que yo, pero que las han organizado
bien, ya se encuentran en los altares. Eso, en
el fondo, es una inyección de optimismo
y de seguridad en mi fe. Y Dios, que es bueno,
me da también ese caramelito, para que no
deje de seguir haciendo las cosas bien y para que
un día llegue a lo que ya otros sé que
llegaron.
Por otra parte es fruto de una liturgia que nace
con la misma Iglesia. En las catacumbas uno de
los momentos importantes era el recuerdo de los
que ya habían testimoniado con su sangre
que la redención de Jesús había
sido eficaz para ellos. La historia de la Liturgia
no hace más que enriquecer, tanto en el
plano espiritual, como en el sicológico,
como en el artístico este culto a los muertos,
sobre todo a los que han sido declarados santos
porque se les considera también intercesores
nuestros ante el Padre.
De hecho, canonizar era leer en el Canon de la
Misa los nombres de aquellos que habían
cumplido bien con la regla de conducta (“canon”),
habían triunfado con Cristo y con él
se encontraban ante el trono del Padre en el Cielo.
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