Soluciones
Caóticas
El panorama isleño, nada halagador, ha generado
una variedad de opciones que aceleran el proceso
de malversación de la mente y el corazón.
La emergencia económica hiere el bolsillo
y desinfla las aspiraciones familiares y aturde
inmisericordemente. El mar picado, con oleaje de
ajustes a todos los niveles, es trago amargo que
muchos ponen en la balanza del “yo lucho” o “yo
me deshidrato” en la sofocación del
momento.
Los boricuas tienen una salida a la mano: partir
para Estados Unidos. El destino: Nueva York, Orlando,
Chicago. Van a las grandes urbes con la pregunta
a cuestas: ¿Qué será de Borinquen,
mi Dios querido? El ir y venir, tener parte de
la familia acá y otra allá, arriesgar
el retorno, produce escalofríos y una especie
de desestabilización emotiva y sicológica.
Nadar en dos aguas lleva consigo el naufragio,
una desolación que amarra el espíritu
y produce melancolía, recuerdos de tristezas.
Algunos se aferran a los juegos de azar lícitos,
a los ilícitos, a los casinos como botín
y consuelo. Los de la tercera edad, los bendecidos
por el día tres de cada mes, mezclan su
chequecito con la esperanza de un “Jack Pot” milagroso
que colmará sus expectativas y anhelos.
A las cuatro de la mañana lloran su mala
suerte y se convierten en mendigos mañaneros.
Allí están como almas en penas, contando
los segundos para que llegue el tres del próximo
mes.
Muchos se dan de baja de sus empleos, porque
se gana poco, prefieren la hamaca, la sombra del árbol,
la rutina de ir y venir, hablar lo mismo y comentar
de lo difícil que está la situación.
No entienden que esa monotonía les atrofia
el pensamiento, que la tierra necesita del abono
del sudor, que hay que cumplir con el propósito
de Dios.
Las soluciones caóticas están a la
orden del día. Éstas encierran confusión,
baja autoestima, debilidad. Los que se acogen a
esas salidas eufóricas, sin discernimiento
claro, se aventuran a quedarse sin la soga y sin
la cabra. Los vacíos emotivos que acompañan
a esas soluciones no se llenan nunca, porque contienen
parte de un fracaso, aunque los espejismos se agiganten
y desmientan lo que queda por dentro, de pérdida.
Antes de hacer una decisión hay que poner
a Dios de frente, el presente y el futuro, el amor
patrio y las desventajas que acompañan la
ilusión momentánea. Somos seres pensantes,
hombres y mujeres que visten de sol, de armonía
de verdores, de pequeñeces geográficas,
que en nada reflejan el enanismo enfermizo y débil.
Es la hora de luchar por el bien común,
observando de cerca los paisajes del alma y del
corazón. Las rutas de Dios no son las nuestras. Él
bendice a los que trabajan con amor y se inmolan
en la solicitud social, y convierten el agua en
vino y salen airosos en su lealtad.
Nos toca sacrificarnos, sin caer en las justificaciones
más insensatas. Los que pierden el control,
obscurecen el día nuevo y la perspectiva
de luz necesaria para estos momentos.
| aplaude
Premiación A
los servidores públicos que han sido
galardonados con el Premio Manuel A. Pérez.
Estos gentiles trabajadores saborean sus
ocho horas de faena altruista y rinden una
labor
de excelencia.
Los que se desempeñan con amor, logran
garantizar un estilo de servicio y de buena
voluntad.
Servir a la comunidad implica un corazón
solidario, una mirada de fervor que se nutre
de una convicción de olores fraternales.
En momentos de aflicción, estos servidores
públicos mitigan el golpe social y dan
fe de que vale la pena servir al país
con entusiasmo y dedicación.
Dadivas honrosas:
A
los que están dispuestos a dar su óbolo en favor de una causa
noble o de aquellos que llevan con resignación y paciencia una enfermedad
crónica.
Al partir el pan de la bondad se abre el
horizonte de la solidaridad compartida.
Muchos lo tienen todo, otros carecen hasta
de lo mínimo.
El ser humano gana en dones y en alegría cuando da de lo que tiene. “El
que da tacañamente, recibirá tacañamente”, dice la
palabra de Dios.
En tiempos de precariedad, las manos unidas
y el corazón en llamas virtuosas,
hacen la gran diferencia. |
censura
Mal
situados A
los que se dedican a leer los periódicos
en las gasolineras impidiendo que los asiduos
clientes puedan obtener el suyo.
Estos lectores a la ligera se contentan
con leer el periódico, obstruir el paso
y hacerse de la vista larga.
Esta actitud, que se ha convertido en parte
del proceder cotidiano, implica una indiferencia,
un “allá ellos” desolador.
La crisis social ha hecho estragos en la
mente de muchos puertorriqueños que no entienden
de buenos modales, ni de la etiqueta tan necesarios
para la convivencia entre todos.
Controversia
dañina:
A
los que tienen la responsabilidad de conducir
a los accidentados en urgencia y
se echan a
volar sobre la controversia y el dime y te
diré.
El servicio de helicópteros para salvar
vidas tiene que estar exento de zancadillas
o del fuego cruzado.
Las ambulancias aéreas representan la
diferencia entre la vida y la muerte. En la
medida en que los ciudadanos oigan de luchas
y encontronazos de los trabajadores de la salud,
perderán la confianza en ese servicio.
Hay que aclarar y seguir adelante con piedad
y verdad. |