Edición 35 • 28 de agosto al 3 de septiembre de 2005
Hoy es lunes, 21 de mayo de 2012

para meditar

Salvación y santidad
en Rosa de Lima

Fray Antonio González Pola, O.P.
Para EL VISITANTE

De aperitivo al plato fuerte presento con gozo la beatificación reciente de sor Ascensión Nicol Goñi (1868-1940) cofundadora de las Misioneras dominicas del Rosario. Es la primera dominica española elevada a los altares, el 14 de mayo, víspera de Pentecostés. Rosa de Lima es “la primera que del Nuevo Mundo se ha de poner en el catálogo de los santos” como reza el documento de su canonización, fechado en 1671. Y por ello fue proclamada patrona de las Américas de habla hispana y de Filipinas, en vísperas de su canonización (1970). Siguiendo el deseo de Catalina de Siena, su madre y maestra en santidad y amor a la Iglesia, quiso ser varón para poder evangelizar personalmente a los indígenas, [ misión prohibida entonces a las mujeres]. Hoy felizmente se han superado esas limitaciones culturales. A principios del siglo pasado Ascensión Nicol fue la primera mujer misionera que se adentró en la selva peruana para colaborar con el obispo dominico Ramón Zubieta (1864-1921) en la promoción humana y cristiana de la mujer, y en su propio ambiente. Actualmente existen 142 comunidades de esta Congregación repartidas por una veintena de países, entre ellos Puerto Rico. La primera beatificación del nuevo Papa Benedicto 16 lleva el sello de la obra misionera femenina.

La clave de este impulso a evangelizar sentido por Rosa y Nicol es la gracia, y el ser fieles a esa gracia es otra gracia por mas que contraríe nuestra experiencia personal de esfuerzos y luchas.

Hasta que no asumamos esta realidad no alcanzaremos el significado de la humildad. De ver nuestro ser, tener y hacer a la luz del Dador de todo bien.

La vida puede vivirse a nivel superficial y en profundidad tanto en la vida consagrada como en la seglar, desde la escondida selva peruana o entre las paredes de un claustro, o en el servicio doméstico, y entre los libros. Un condiscípulo me confió hace no muchos años que al formar parte del movimiento neocatecumenal había descubierto que en su corazón anidaba una gran dosis de orgullo desconocida para él que dificultaba su vida comunitaria y apostólica.

¿Qué nos dice al respecto Isabel Flores Oliva, Rosa de Santa Maria o Rosa de Lima? Evangelizarse antes de evangelizar. No bastan discursos, hace falta más. La Ciudad de los Reyes (Lima) en tiempos de Rosa era plantel de santos y de cantos, de corazones sensibles y empedernidos. Unos buscaban riquezas (hacer el Perú) de oro y plata, y otros se dejaban llevar por la gracia de la salvación y la santidad (santos Toribio; Martín de Porres, Juan Macías, Bernedo...) También entre nosotros se dan hoy estas actitudes.

Salvación y santidad en la vida de Rosa y de Nicol van íntimamente unidas. La segunda es consecuencia de la primera. Una sin la otra son inconcebibles. Como quien contempla y predica entre los dominicos. Ambas santas, en escenarios parecidos y en tiempos distantes. El diálogo ecuménico hace innecesario echar mano de apologéticas obsoletas aún presentes en nuestros foros. Rosa de Lima, desde la sencillez, puso el dardo en el meollo. Todos somos salvos de balde, hecho que nos impulsa a vivir en conformidad con la voluntad del Salvador. La gratuidad de la salvación para todos conlleva la llamada gratuita de todos a la santidad (Ef. 2,4-6.8-9). El Dios encarnado hizo lo suyo y tiene que hacer también nuestra parte. No abandona la aplicación de la salvación a nuestra libertad, a nuestro esfuerzo o colaboración. Si no nos importa la salvación, Él por su misericordia la hará realidad. Dios nunca deja de amarnos y su amor es eficaz. Rosa lo refleja en su espiritualidad jovial.

La educación religiosa en que las obras y los merecimientos son lo más importante, la religión es más una ética que otra cosa, por eso nos asalta el temor a la gratuidad. Nos hallamos más a gusto cumpliendo mandamientos y acumulando obras en nuestro currículum vitae aunque estén vacías de alabanza a Dios o sean realizadas para alabanza exclusiva nuestra. Somos víctimas de la actitud comercial actual.

Rosa no vivía ‘a su aire’ (como suele decirse) por sentirse salvada sino en continua alabanza y acción de gracias por ese don de la Redención en Jesús, inquiriendo ¿qué quiere Jesús de nosotros? y satisfacer su voluntad, no por mero cumplir y merecer sino por alabanza y acción de gracias: “pajarito ruiseñor/ alabemos al Señor/ tu alaba a tu Creador/ yo canto a mi Redentor” (parafrasea Rosa).

Cuando alguien descubre la inmensa gratuidad que nos rodea queda cautivado e impulsado hacia la santidad. A cumplir la voluntad del Señor en acción de gracias, dejando conducir nuestra barquichuela, a velas desplegadas, por el Espíritu de Jesús.

De la fe y la justificación a las obras, no son dos caminos sino uno sólo. Como el calor sigue a la llama, la luz al sol o el hacer al ser. La fragancia en las rosas es su mejor discurso. Así la vida de nuestra Rosa: “Ay, Jesús de mi alma/ que bien pareces, entre/ Rosas y Flores/ y Olivas verdes” (alude a sus nombres y apellidos).

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