para
meditar
Salvación
y santidad
en Rosa de Lima
Fray Antonio González
Pola, O.P.
Para EL VISITANTE
De aperitivo al plato fuerte presento con gozo
la beatificación reciente de sor Ascensión
Nicol Goñi (1868-1940) cofundadora de las
Misioneras dominicas del Rosario. Es la primera
dominica española elevada a los altares,
el 14 de mayo, víspera de Pentecostés.
Rosa de Lima es “la primera que del Nuevo
Mundo se ha de poner en el catálogo de los
santos” como reza el documento de su canonización,
fechado en 1671. Y por ello fue proclamada patrona
de las Américas de habla hispana y de Filipinas,
en vísperas de su canonización (1970).
Siguiendo el deseo de Catalina de Siena, su madre
y maestra en santidad y amor a la Iglesia, quiso
ser varón para poder evangelizar personalmente
a los indígenas, [ misión prohibida
entonces a las mujeres]. Hoy felizmente se han
superado esas limitaciones culturales. A principios
del siglo pasado Ascensión Nicol fue la
primera mujer misionera que se adentró en
la selva peruana para colaborar con el obispo dominico
Ramón Zubieta (1864-1921) en la promoción
humana y cristiana de la mujer, y en su propio
ambiente. Actualmente existen 142 comunidades de
esta Congregación repartidas por una veintena
de países, entre ellos Puerto Rico. La primera
beatificación del nuevo Papa Benedicto 16
lleva el sello de la obra misionera femenina.
La clave de este impulso a evangelizar sentido
por Rosa y Nicol es la gracia, y el ser fieles
a esa gracia es otra gracia por mas que contraríe
nuestra experiencia personal de esfuerzos y luchas.
Hasta que no asumamos esta realidad no alcanzaremos
el significado de la humildad. De ver nuestro
ser, tener y hacer a la luz del Dador de todo bien.
La vida puede vivirse a nivel superficial y en
profundidad tanto en la vida consagrada como en
la seglar, desde la escondida selva peruana o entre
las paredes de un claustro, o en el servicio doméstico,
y entre los libros. Un condiscípulo me confió hace
no muchos años que al formar parte del movimiento
neocatecumenal había descubierto que en
su corazón anidaba una gran dosis de orgullo
desconocida para él que dificultaba su vida
comunitaria y apostólica.
¿Qué nos dice al respecto Isabel
Flores Oliva, Rosa de Santa Maria o Rosa de Lima?
Evangelizarse
antes de evangelizar. No bastan discursos, hace
falta más. La Ciudad de los Reyes (Lima)
en tiempos de Rosa era plantel de santos y de cantos,
de corazones sensibles y empedernidos. Unos buscaban
riquezas (hacer el Perú) de oro y plata,
y otros se dejaban llevar por la gracia de la salvación
y la santidad (santos Toribio; Martín de
Porres, Juan Macías, Bernedo...) También
entre nosotros se dan hoy estas actitudes.
Salvación y santidad en la vida de Rosa
y de Nicol van íntimamente unidas. La segunda
es consecuencia de la primera. Una sin la otra
son inconcebibles. Como quien contempla y predica
entre los dominicos. Ambas santas, en escenarios
parecidos y en tiempos distantes. El diálogo
ecuménico hace innecesario echar mano de
apologéticas obsoletas aún presentes
en nuestros foros. Rosa de Lima, desde la sencillez,
puso el dardo en el meollo. Todos somos salvos
de balde, hecho que nos impulsa a vivir en conformidad
con la voluntad del Salvador. La gratuidad de la
salvación para todos conlleva la llamada
gratuita de todos a la santidad (Ef. 2,4-6.8-9).
El Dios encarnado hizo lo suyo y tiene que hacer
también nuestra parte. No abandona la aplicación
de la salvación a nuestra libertad, a nuestro
esfuerzo o colaboración. Si no nos importa
la salvación, Él por su misericordia
la hará realidad. Dios nunca deja de amarnos
y su amor es eficaz. Rosa lo refleja en su espiritualidad
jovial.
La educación religiosa en que las obras
y los merecimientos son lo más importante,
la religión es más una ética
que otra cosa, por eso nos asalta el temor a la
gratuidad. Nos hallamos más a gusto cumpliendo
mandamientos y acumulando obras en nuestro currículum
vitae aunque estén vacías de alabanza
a Dios o sean realizadas para alabanza exclusiva
nuestra. Somos víctimas de la actitud comercial
actual.
Rosa no vivía ‘a su aire’ (como
suele decirse) por sentirse salvada sino en continua
alabanza y acción de gracias por ese don
de la Redención en Jesús, inquiriendo ¿qué quiere
Jesús de nosotros? y satisfacer su voluntad,
no por mero cumplir y merecer sino por alabanza
y acción de gracias: “pajarito ruiseñor/
alabemos al Señor/ tu alaba a tu Creador/
yo canto a mi Redentor” (parafrasea Rosa).
Cuando alguien descubre la inmensa gratuidad
que nos rodea queda cautivado e impulsado hacia
la
santidad. A cumplir la voluntad del Señor
en acción de gracias, dejando conducir nuestra
barquichuela, a velas desplegadas, por el Espíritu
de Jesús.
De la fe y la justificación a las obras,
no son dos caminos sino uno sólo. Como el
calor sigue a la llama, la luz al sol o el hacer
al ser. La fragancia en las rosas es su mejor discurso.
Así la vida de nuestra Rosa: “Ay,
Jesús de mi alma/ que bien pareces, entre/
Rosas y Flores/ y Olivas verdes” (alude a
sus nombres y apellidos).