Edición 35 • 28 de agosto al 3 de septiembre de 2005
Hoy es lunes, 21 de mayo de 2012

El Hijo de María

Padre Isaías Revilla Casado, OSA
frirevilla@hotmail.com
Para EL VISITANTE

P/ Los protestantes se apoyan en que Cristo después de resucitado dejó de ser hijo de la Virgen María. Esto sucedió después de obtener un cuerpo glorioso y transfigurado al resucitar. ¿Cómo puede acoplarse esto a la tradición de los 20 siglos de historia de La Iglesia Católica?

Rosa. M. Mateo

R/ ¡Buena pregunta! En la escuela de mi pueblo, cuando queríamos demostrarle a uno que era tonto, le decíamos que habíamos visto pasar un buey volando. Si lo creía, o al menos dudaba, ya debía saber lo que le iba a pasar: que todos se reirían de él.

Pues este apoyo de los protestantes es algo parecido, pero con mucha más malicia que la de aquellos juegos infantiles. Lo curioso es que los que se lo creen, en lugar de pensar que existen todas las razones del mundo para que nos riamos de ellos, han llegado a la conclusión de que esa patraña es la verdad y de que los católicos somos los tontos. Pues bien, lo seremos, pero nos reímos de su listeza.

Ese postulado es una afirmación gratuita, que no se apoya en nada histórico, ni bíblico, ni científico, ni humano, ni divino.

Cristo se transfiguró en el Tabor y siguió siendo el mismo. Y su Madre siguió siendo su Madre, a pesar de estar casi tres años sin tener contacto con El. Lo demostró bien claro ante la Cruz. Y si quieren hablar de la transformación que supuso la resurrección, tendrán que demostrar, primero, que fue distinta de la del Tabor y, segundo, tendrán que explicarnos qué pintaba la Virgen María en las apariciones de Jesús en el cenáculo o esperando con sus discípulos la venida del Espíritu Santo.

Por otra parte, a mí me parece uno de los argumentos más imbéciles, entre los muchos que he leído de ellos, para justificar la no devoción a la Virgen María. Si no quieren ver que Jesús estuvo treinta años (30) dependiendo de su Madre (Lc. 2, 51) y amándola como muy pocos hijos habrán amado a la suya, pues que se revuelquen en el lodo de su sucio pensamiento. !Allá ellos! Pero pensar que su madre dejó de serlo, ni aquí en el suelo, ni allá en el cielo, es la idea más burda que he oído jamás.

Nadie puede obligarme a pensar que, para recordar a la que me dio el ser, tenga que olvidarme de la que murió hace 30 años y que, sin duda, está ya ante el trono de Dios en el cielo. Nadie la sustituirá en mi recuerdo y mi cariño. Se llamaba Prudenciana (tal vez el nombre parezca feo) y era pequeñita, pero inteligente y valiente. Y sobre todo: ¡se trata de mi madre! ¡No me digan que el único Hijo que no puede contemplar a su madre en el cielo es Jesús de Nazaret!

A mí me da la sensación de que están llevando a cabo el consejo que les da San Pablo a los gálatas (5,12: Utinam et escindantur qui vos conturbant) para que no hagan caso de los que les conturban con teorías absurdas: están cercenándose su mente.

Como ves, todas estas teorías sectarias no pueden acoplarse en nada a la sencillez de la tradición católica que se mantiene limpia del polvo y paja de tantas herejías que han surgido a través de estos 20 siglos de su historia. Habrá que decir aquello que Unamuno ponía en boca de D. Quijote: “¿Nos persiguen, amigo Sancho? - Pues que es que corremos”. Pero, en este caso, sin alterarnos.

Para otros temas relacionados vea http://sududa.tripod.com sección Mariología

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