| Edición 35 • 28
de agosto al 3 de septiembre de 2005 |
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012
|

Vigésimo
Segundo Domingo
Vivos para Dios
P. Angel Manuel Santos Santos
psantos@elvisitante.biz
Jeremías
20, 7-9
Este pasaje, tomado de las confesiones de Jeremías, nos habla de la fuerza
poderosa de la Palabra de Dios en el corazón del profeta. Ésta
se compara a un fuego ardiente, que el profeta lleva en el corazón
y que no se puede apagar.
Salmo 62,2-6.8-9
El salmista, con el alma sedienta de Dios,
aspira a encontrarlo en su morada. Este salmo,
verdadero
poema del hijo pródigo, expresa la angustia,
la esperanza y el arrepentimiento en nuestro
regreso a Dios.
Romanos 12,1-2
Este pasaje es una exhortación al culto espiritual como víctimas
santas y agradables a Dios. Este culto es una transformación de
la mente para conocer la voluntad de Dios y no acomodarse al mundo.
Mateo 16,21-27
Este pasaje nos anuncia la Pasión del Señor,
su regreso para juzgar nuestra conducta y las
condiciones para seguirlo: negarse a uno mismo,
tomar
la cruz y entregar la vida a Cristo.
El culto razonable
El culto razonable del cristiano es presentarse
como hostia viva, santa y agradable a Dios. Este
culto se realiza en la celebración de la Eucaristía,
fuente y cumbre de toda la vida cristiana. En ella se nos da la vida divina,
que es Cristo, el bien espiritual de la Iglesia. Por esa vida divina o gracia
los cristianos estamos vivos y somos santos y agradables a Dios.
Este culto verdadero comienza con la exigencia
de no ajustarse a este mundo, sino transformarse
por la renovación de la mente, para saber discernir
lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto. Como
seres débiles, pertenecientes a una naturaleza humana caída por
el pecado, los cristianos vivimos en un mundo imperfecto que nos tienta continuamente
con el pecado. Por eso es tan apropiado el acto penitencial al comienzo de la
celebración de la Eucaristía. Pedimos a Dios que nos purifique
interiormente para escuchar su Palabra y así conocer lo que le agrada,
para celebrar dignamente el santo Sacrificio de la Eucaristía, en el cual
recibimos y nos ponemos en comunión con el Cuerpo y la Sangre Cristo,
que se hacen realmente presentes bajo las especies del pan y del vino.
Pensamos como los hombres y no como Dios cuando
aceptamos el procedimiento de las empresas de lucro
y los postulados desnudos de la psicología y sociología,
sin empaparlos de los valores del Evangelio. A veces, estos criterios desnudos
los hemos colocado como directrices pastorales en la Iglesia. Tal vez hemos caído
en el peligro que le apuntó Jesús a Pedro: ¿De qué le
sirve al hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? Podríamos decir: ¿De
qué le sirve a la asamblea tener un hermoso templo con aire acondicionado
y un gran estacionamiento, si hemos perdido la capacidad de adorar a Dios y de
amar al prójimo, si hemos perdido la gracia y se ha enfriado la caridad?
Pedro, después de manifestar su fe en Cristo Jesús como el Hijo
de Dios vivo, no ha dejado de pensar como los hombres. La fe, el conocimiento
de Jesús y la confianza en Dios, sólo es el principio. Durante
toda nuestra vida, a través del crecimiento espiritual, vamos cambiando
nuestra forma de ver el mundo y los demás y, poco a poco, empezamos a
contemplar la creación como Dios la ve. La respuesta de la mujer cananea
resume la actitud verdadera ante la Palabra de Dios: «Tienes razón,
Señor». Al comenzar la Santa Misa decimos a Dios: «Tienes
razón, Señor. Soy un pecador, tu Palabra me salva y debo enderezar
mi mente y corazón para sentir y pensar como Tú».
Por la Palabra, conocemos a Dios mismo y su proyecto
de amor. Por otro lado, el desconocimiento de Dios
por su Palabra debilita la caridad y el apostolado.
El conocimiento del poder, la santidad y el amor de Dios permite que nuestro
corazón anhele a Dios y trabajemos con entusiasmo en el apostolado y en
la caridad. De ese corazón que siente como Dios y de esa mente que piensa
como Dios, debemos sacar todo lo que decimos y hacemos. Debemos rechazar los
criterios del mundo, cuando están en conflicto con la Palabra, para ser
fieles a Dios. Sólo así podremos dar a Dios el culto razonable
en la Santa Eucaristía, que nos lleva a conducir una vida santa porque
en ella afianzamos la pertenencia a la Iglesia santa.
lecturas
| |
AGOSTO |
| |
|
| 28 |
XXII Domingo del Tiempo Ordinario. |
| ve |
Misa pr, Gl, Cr, Pf dominical |
| |
L 1 Jer 20, 7-9; Sal 62 |
| |
L 2 Rm 12, 1-2 |
| |
Ev Mt 16, 21-27 |
| |
Oficio dominical. Te Deum. |
| |
(OL: 2 Re 14, 1-27) |
| |
|
| 29 |
Lunes XXII s.t.o. Memoria obligatoria: |
| |
El martirio de San Juan Bautista |
| ro |
Misa de la memoria pr, Pf pr. |
| |
L 1 1 Tes 4, 13-18; Sal 95 |
| |
Ev Mc 6, 17-29 |
| |
Oficio de la memoria. Laudes y Vísperas prs. |
| |
(OL: Am 1, 1—2,3) |
| |
|
| 30 |
Martes XXII s.t.o. Fiesta |
| |
Santa Rosa de Lima, vg. |
| |
Patrona de América Latina |
| bl |
Misa de la fiesta, Gl, Pf de Vírgenes y |
| |
Religiosos (MRPR, p. 140) |
| |
L 1 2 Cor 10, 17-----11,2; Sal 148 |
| |
Ev Mt 13, 44-46 (LPR, p. 28) |
| |
Oficio de la fiesta Te Deum. Hr ant y |
| |
Salm de la semana correspondiente. |
| |
(LHPR, P. 54) |
| |
|
| 31 |
Miércoles XXII s.t.o. Feria |
| ve |
Misa de feria |
| |
L 1 1 Col 1, 1-8; Sal 51 |
| |
Ev Lc 4, 38-44 |
| |
Oficio de Feria |
| |
(OL: Am 3, 1-15) |
| |
|
| |
SEPTIEMBRE |
| |
|
| 1 |
Jueves XXII s.t.o. Feria |
| ve |
Misa de feria |
| |
L 1 1 Col 1, 9-14; Sal 97 |
| |
Ev Lc 5, 1-11 |
| |
Oficio de feria |
| |
(OL: Am 4, 1-13) |
| |
|
| 2 |
Viernes XXII s.t.o. Feria |
| ve |
Misa de feria. Se puede decir (bl) la |
| |
misa votiva del Sagrado Corazón de Jesús. |
| |
L 1 Col 1, 15-20; Sal 99 |
| |
Ev Lc 5, 33-39 |
| |
Oficio de feria |
| |
(OL: Am 5, 1-17) |
| |
|
| 3 |
Sábado XXII s.t.o. Memoria |
| |
obligatoria: |
| |
San Gregorio Magno, papa y dr. |
| bl |
Misa de la memoria. Tres ors prs. |
| |
L 1 Col 1, 21-23; Sal 53 |
| |
Ev Lc 6, 1-5 |
| |
Oficio de la memoria, ant Ben pr. |
| |
(OL: Am 5, 18---6,15) |
| ve |
I Vísp del domingo sig. Comp Dom I |
| |
Misa vespertina del domingo sig. |
| |
|
| 4 |
XXIII Domingo del Tiempo Ordinario. |
| ve |
Misa pr, Gl, Cr, Pf dominical |
| |
L 1 Ez 33, 7-9; Sal 94 |
| |
L 2 Rm 13, 8-10 |
| |
Ev Mt 18, 15-20 |
| |
Oficio dominical. Te Deum. |
| |
(OL: Am 7, 1-17) |
|

 


|
|