Artículo
de consumo
Advierte Su Santidad Benedicto XVI del peligro
de convertir la religión en artículo
de consumo, en cosa banal y de poca monta. Es
fácil, en estos días recios, desinflar
de contenido la fe y poner en el mercado un producto
más que deslumbre por su color, olor y
belleza. La coquetería con el mundo y
sus vanidades deja un saldo de quiebra espiritual,
de una avalancha de propuestas baladies que no
responden a las legítimas aspiraciones
del hombre y de la mujer de nuestros días.
A través de la pasión consumista
se propone un Dios hecho a la medida, antropomórfico,
eternamente risueño. Aquel Señor
de barba blanca, serio y viejo, ha sido echado
al olvido para suplantarlo con los amorcitos vanos.
Muchos se ejercitan en las frases; ¡“que
buenos somos”! “Aquí está Dios” en
un círculo reducido de humanos. Es decir,
la fe ha adquirido visión de contentura
humana elevada al cubo de un yo soy yo, humano
y terrenal.
La fe, entrelazada con loterías y éxitos
a tutiplén representa un pastiempo, una
forma de lujo y boato. En medio de la euforia que
producen los logros humanos, se trae a colación
la religión como un trofeo ganado en buena
lid, a orillas de Dios hecho monedas. Los propulsores
de la fe “light” sólo entienden
de ganancias, abundancia, graneros repletos. La
felicidad general es para ellos meta, obsequio
celestial, siestas interminables.
La vida merece vivirse en pleno convenio de cielo
y tierra. El ser humano, débil y pecador,
necesita con urgencia atarse al Dios distante y
cercano, al Dios que atrae y repele. Ese Dios,
categórico, transparente y amoroso se ha
revelado en su Hijo, Jesucristo quien murió por
todos. Las exigencias de Cristo, igual a las del
Padre, conllevan un sí en un discipulado
que representa la auténtica palabra luminosa,
porque El es el camino, la verdad y la vida.
La fe cristiana no pude hacer rutas paralelas,
ni adentrarse en otro misterio que no sea el de
Cristo, nacido de mujer, muerto en la Cruz, resucitado
para siempre. El camino está trillado como única
invitación para pasar por él, portando
la antorcha de la fe de los siglos y repitiendo
sin cesar: Creo, Señor.
Se ha caído en el abismo de los asentaderos
religiosos que presentan a un Dios ávido
de luces y aplausos. Ese tejido esplendoroso realza
a los comensales prefiriendo mantener a raya al
Santo y Bueno. Toda reunión cultual, basada
en la persona de Cristo, tiene que mantener el
equilibrio de que El es justo y digno y los demás
están necesitados de redención y
santidad.
Nuestra isla reboza en iglesias, capillas, salones
para el culto a Dios. Si no hay fe verdadera y
servicial las fuerzas maléficas se adueñan
del entorno.
aplaude
Sudor
Que se ofrezca a los confinados que cualifiquen
para ello una oportunidad de cooperar con la
comunidad y recibir una paga por sus gastos.
Salir a trabajar implica una disposición
de alma y cuerpo, una libertad anticipada para
cuando regresen a la libre comunidad.
Al ejercitar los músculos y compenetrarse
de una obligación social, el entendimiento
se abre en solidaridad y perdón.
El ocio y la monotonía son malos consejeros.
Como todo ser humano los confinados necesitan de
un coloquio vivo con su entorno y con las personas
que luchan día a día en la comunidad.
Técnica
A
los estudiantes que no pierden una oportunidad
de conocer y utilizar las computadoras como trampolín
a un mundo más exigente.
Hay que ir a la escuela con un solo propósito:
aprender, navegar, auscultar horizontes.
Las quejas y comentarios negativos hunden al
alumno en al desolación y desorientan para lograr
lo apropiado y justo.
A temprana edad, la mente se acerca al milagro
y perpetúa su genialidad en el estudio y
en la participación.
En esta época de “intransigencia virtual” se
impone el conocimiento que vuele y lleve un mensaje
contundente.
A mejor preparación técnica mejor
será el rendimiento mental.
Editor
censura
Sin
merecimientos
Que se le conceda el privilegio de usar grilletes
a aquellos que no cualifican para ello.
Los deslices y el por debajo de la mesa no pueden
convertirse en lo rutinario, o en aquello que se
convierte en fuerza de costumbre.
El sistema penal debe mantener como escudo y
balanza la misma vara, el mismo entendimiento,
la más
cabal disposición de hacer justicia.
El pueblo vive aterrado con los últimos
acontecimientos y se encuentra desvalido y débil
ante la situación de urgencia que arropa
al país.
Guerra
La
declaración de guerra oculta y abierta
que se ha entablado por el bizcocho de los medicamentos
de la reforma.
El afán económico no tiene tregua y los entusiastas de las monedas
no conocen de miramientos, ni de escrúpulos.
La salud del pueblo está cada día peor, porque las medicinas se
tragan un presupuesto demasiado alto. Los mayores, que reciben su seguro social
flaco, lo entregan a las farmacias para pagarles sus recetas.
Si algo se ve feo es el mercantilismo de productos
farmacéuticos, ya que éstos
son básicos y necesarios.
No es bueno abarcar todo, porque se cae en la
gula y en las zancadillas organizadas.
Editor