Nuestra fe, nuestro credo
J.J. Koppany Santa-Pinter
Para EL VISITANTE
Por más de medio siglo me ha tenido preocupado
la frase misteriosa de Nuestro Señor: “Cuando
venga el Hijo del hombre encontrará fe en
la tierra?” (Lc 18:8), pero los acontecimientos
de los últimos años me han hecho
vislumbrar una tenue luz cada vez más poderosa:
los primeros pronunciamientos de nuestro nuevo
Santo Padre me están dando la respuesta
durante las ceremonias de su inauguración
y en la Basílica de San Giovanni in Laterano.
Me refiero a su firme posición tradicional
católica en materia del relativismo, de
la decristianización de Europa, el ciego
terrorismo en espantosa expansión mundial,
la insulsa, maliciosa e impertinente inmoralidad
oficiosa y así sucesivamente.
La fe es fundamental, esencial e indispensable,
sobre ella se construye toda religión y
sin fe todo esfuerzo resulta vano pues “sin
fe es imposible agradar a Dios” (Heb 11:6),
aunque ciertamente “no es de todos la fe” (2
Tes 3:12), pero “el justo vivirá por
la fe” (Rom 1:17 y Heb 10:37) y el hombre “es
justificado por la fe (...) independientemente
de las obras de la ley” (Rom 3:28). Confiado,
pues, en lo que dice Nuestro Señor: “Lo
que a vosotros digo, a todos lo digo” (Mc
13:37), sigo aferrado a El: “No temas, cree
no más” (Mc 5:36; Lc 8:50) y me siento
apoyado por el ejemplo de Abraham y otros personajes
bíblicos (Heb 11:8-38) y repito con el padre
del niño lunático: “Creo; socorre
a mi fe, aunque sea poca” (Mc 9:24) y exclamo
con los apóstoles: “Auméntanos
la fe” (Lc 17:5).
Con fe de tamaño de un granito de mostaza
podemos “mover montañas” (Mt
21:21, Mt 17:20) y mandar a un moral: “Arráncate
de raíz y plántate en el mar, y os
obedecería” (Lc 17:6); también “Todo
cuanto pidiereis en la oración con fe, lo
recibiréis” (Mt 21:22). Es larga la
lista de los pasajes bíblicos donde Jesús
afirma expressis verbis (expresamente) que la fe
de la persona solicitante es la que la ha salvado
(Mt 9:22 y 29; Mc 5:36; Lc 8:51), etc. En otros
lugares El dice que obra milagros por la fe del
solicitante (Mt 15:28, 20:34: Mc 1:41, 5:37, 9:23,
10:52; Lc 5:12-13, 7:10 y 50, 17:19, 18:42; Jn
4:51, 11:40, etc.)
En cambio, la falta de fe es la causa para no
obrar un milagro (Mt 14:31, 17:20; Mc 4:40, 6:5).
En conclusión, confieso con San Pablo a
los cuatro vientos: “Sé a quién
he creído” (2 Tes 1:12).