vida de santos
5
de septiembre
Fiesta
litúrgica de la Beata Madre Teresa
de Calcuta
Laicos Misioneros de la Caridad
Para EL VISITANTE
“Una
luz para nuestro mundo”
Madre Teresa, madre de los pobres, hija acogida
de la India, nació en Albania el 26 de agosto
de 1910. Tenía un alma misionera. A los
18 años de edad, salió hacia la India
atendiendo la llamada al servicio de los pobres.
Con su vida siguió la invitación
que le hiciera Jesús en 1946: “Ven,
sé mi luz...”, luz que iluminó toda
su vida y penetró todo su ser dirigiéndola
a una entrega total a Dios. Consagrada como Misionera
de la Caridad, optó por saciar la infinita
sed de Jesús en la Cruz, laborando por la
santificación y salvación de las
almas, a través de las obras de misericordia,
comprendiendo a los pobres, conociendo la pobreza.
En 1950 fundó la Orden de las Misioneras
de la Caridad activas, que se expandió día
a día en número y en casas por el
mundo entero.
Alimentada y sostenida por la Eucaristía
permitió a Jesús amar al mundo por
medio de ella, para gloria de Dios. Siendo un lápiz
en la mano de Dios escribió en los corazones
de los pobres, ricos, ancianos, jóvenes,
niños, católicos, no católicos,
creyentes, no creyentes, la Palabra de Dios –Dios
es amor-.
 |
Madre Teresa era una “oración
viviente”; solía decir: “Dios
es amigo del silencio. Necesitamos encontrar
a Dios, pero no podemos encontrarlo a El en
el ruido, en agitación. Miren la naturaleza,
los árboles, las flores, la hierba,
crecen en profundo silencio. Miren como las
estrellas, la luna y el sol se mueven en silencio.
Mientras más recibamos en nuestra oración
silenciosa, más podemos dar en nuestra
vida activa. El silencio nos da una forma nueva
de mirarlo todo. Necesitamos del silencio para
tocar las almas. Lo importante no es lo que
decimos, sino lo que Dios nos dice a nosotros
y qué dice El a través de nosotros.
No hay vida de oración sin silencio”. |
Cantidad de libros exponen la vida de Madre Teresa,
por la gran obra que hizo Dios a través
de ella. El Padre Benedict J. Groeschel C.F.R.,
comenta en el libro “In all things trust
in God” (En todas las cosas confía
en Dios) lo siguiente de Madre Teresa: “Ocho
semanas antes de su muerte, el día antes
de ella partir hacia la India (desde el convento
de las misioneras contemplativas en el Bronx),
yo fui a verla y celebré una Misa para ella.
Madre Teresa estaba como “una botella de
champagne recién abierta”, estaba “burbujeante”,
era una persona diferente, llena de gozo y me estaba
diciendo que tenían 565 conventos alrededor
del mundo. Yo le dijo al Padre Andrew Apostoli
C.F.R. -que me acompañaba, cuando salíamos- “no
volveremos a verla otra vez. Ella está entrando
por las puertas del paraíso. Su personalidad
completa fue transformada ese día en la
presencia de la Eucaristía. Muchos místicos
afirman que esto ocurre en los santos cuando se
acerca la muerte. Para mí, Madre Teresa
no sólo es una gran santa de nuestro tiempo,
sino también una profetisa de la era cristiana.
Pienso que es una estrella del milenio y si aún
hay gente alrededor del año 3000, ellos
recordarán a la Madre Teresa de Calcuta.
Paguémosle con un gran cumplido aprendiendo
de su vida, escritos y oraciones”.
El Padre Groeschel tenía razón, pues
sí subió al Cielo a las ocho semanas,
el 5 de septiembre de 1997 y fue beatificada en
Roma, el 19 de octubre de 2003, por el Papa Juan
Pablo II. En la homilía durante la beatificación él
la llamó “icono del buen samaritano” y
destacó dos aspectos que constituían
la fuerza de su tarea: “contemplación
y acción; evangelización y promoción
humana. Madre Teresa proclama el Evangelio con
su vida entregada a los pobres, pero envuelta en
la oración”.
Las enseñanzas que Madre Teresa nos dejó en
herencia:
•
Atender a Jesús en los más pequeños
de sus hermanos y así el Evangelio estará en
nuestras manos, en los cinco dedos: “A mí me
lo hicisteis”.
•
Ser santo no es el privilegio de algunos, sino
el deber de todos: “yo quiero, yo puedo,
con la Gracia de Dios ser santo”.
•
Mantener la devoción al Santísimo
Sacramento y adorar a Jesús en la Eucaristía.
•
Defender la familia y encontrar a los pobres en
nuestro propio hogar.
•
Compartir la alegría y el amor con cada
ser humano.
•
Dar hasta que duela con una sonrisa.
•
Mirar a Jesús en los rostros desfigurados
de los pobres más pobres y encontrar la
presencia oculta de Dios en ellos.
•
Llevar vida de oración y vaciarnos de todo
lo que no sea Dios.
•
Ser portador del amor de Dios.
•
Honrar a la Virgen María rezando el Rosario
con amor y devoción e irradiar su humildad
pidiéndole a Ella que nos dé su corazón
hermoso y puro.
•
Repetir varias veces al día: “Jesús,
yo creo en Tu infinito amor por mí, yo te
amo”.
•
Vivir en la Paz del Señor, camino hacia
la paz mundial.
•
Amar a Dios, a través de acciones vivientes.
•
Hacer pequeñas cosas con gran amor.
•
Dejar que Cristo ore en nosotros, trabaje en nosotros,
piense en nosotros, mire a través de nuestros
ojos, hable por medio de nuestras palabras, trabaje
con nuestras manos, camine con nuestros pies, ame
con nuestro corazón.
•
Tomar todo lo que Dios nos da y dar todo lo que
El nos pide con una sonrisa.
•
Hacerlo todo por Jesús, sin El no podemos
hacer nada.
La “lámpara” que Madre Teresa
encendió aún brilla en todo el mundo,
a través de las Misioneras de la Caridad
y todas las ramas de la Congregación. La
profunda misión al servicio de los pobres
sigue activa en el corazón de la Iglesia.
Ese legado de amor, bondad y generosidad que dejó la
Madre Teresa lo tenemos en Puerto Rico en tres
casas: en Ponce, Aguadilla y Bayamón, donde
sus “hijas” nos irradian la Luz de
Cristo por medio de su trabajo y siguen llevando
almas al encuentro con Cristo con el simple “Secreto
de la Oración”.
“
Beata Madre Teresa de Calcuta, ruega por nosotros.”
Oración
a la Beata Teresa de Calcuta
Beata Teresa de Calcuta, tú permitiste que
el amor sediento de Jesús en la cruz se
convirtiese en una llama viva dentro de ti, y así te
hiciste la luz de su amor para todos. Intercede
ante el Corazón de Jesús (menciona
aquí el favor que deseas obtener). Enséñame
cómo dejar que Jesús penetre en mí y
posea por completo todo mi ser para que mi vida
también pueda irradiar su luz y amor a los
demás. Amén.
Corazón Inmaculado de María, Causa
de Nuestra Alegría, ruega por mí.
Beata Teresa de Calcuta,
ruega por mí.