Edición 36 • 4 al 10 de septiembre de 2005
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012

vida de santos

5 de septiembre
Fiesta litúrgica de la Beata Madre Teresa de Calcuta

Laicos Misioneros de la Caridad
Para EL VISITANTE

“Una luz para nuestro mundo”

Madre Teresa, madre de los pobres, hija acogida de la India, nació en Albania el 26 de agosto de 1910. Tenía un alma misionera. A los 18 años de edad, salió hacia la India atendiendo la llamada al servicio de los pobres. Con su vida siguió la invitación que le hiciera Jesús en 1946: “Ven, sé mi luz...”, luz que iluminó toda su vida y penetró todo su ser dirigiéndola a una entrega total a Dios. Consagrada como Misionera de la Caridad, optó por saciar la infinita sed de Jesús en la Cruz, laborando por la santificación y salvación de las almas, a través de las obras de misericordia, comprendiendo a los pobres, conociendo la pobreza. En 1950 fundó la Orden de las Misioneras de la Caridad activas, que se expandió día a día en número y en casas por el mundo entero.

Alimentada y sostenida por la Eucaristía permitió a Jesús amar al mundo por medio de ella, para gloria de Dios. Siendo un lápiz en la mano de Dios escribió en los corazones de los pobres, ricos, ancianos, jóvenes, niños, católicos, no católicos, creyentes, no creyentes, la Palabra de Dios –Dios es amor-.

Madre Teresa era una “oración viviente”; solía decir: “Dios es amigo del silencio. Necesitamos encontrar a Dios, pero no podemos encontrarlo a El en el ruido, en agitación. Miren la naturaleza, los árboles, las flores, la hierba, crecen en profundo silencio. Miren como las estrellas, la luna y el sol se mueven en silencio. Mientras más recibamos en nuestra oración silenciosa, más podemos dar en nuestra vida activa. El silencio nos da una forma nueva de mirarlo todo. Necesitamos del silencio para tocar las almas. Lo importante no es lo que decimos, sino lo que Dios nos dice a nosotros y qué dice El a través de nosotros. No hay vida de oración sin silencio”.

Cantidad de libros exponen la vida de Madre Teresa, por la gran obra que hizo Dios a través de ella. El Padre Benedict J. Groeschel C.F.R., comenta en el libro “In all things trust in God” (En todas las cosas confía en Dios) lo siguiente de Madre Teresa: “Ocho semanas antes de su muerte, el día antes de ella partir hacia la India (desde el convento de las misioneras contemplativas en el Bronx), yo fui a verla y celebré una Misa para ella. Madre Teresa estaba como “una botella de champagne recién abierta”, estaba “burbujeante”, era una persona diferente, llena de gozo y me estaba diciendo que tenían 565 conventos alrededor del mundo. Yo le dijo al Padre Andrew Apostoli C.F.R. -que me acompañaba, cuando salíamos- “no volveremos a verla otra vez. Ella está entrando por las puertas del paraíso. Su personalidad completa fue transformada ese día en la presencia de la Eucaristía. Muchos místicos afirman que esto ocurre en los santos cuando se acerca la muerte. Para mí, Madre Teresa no sólo es una gran santa de nuestro tiempo, sino también una profetisa de la era cristiana. Pienso que es una estrella del milenio y si aún hay gente alrededor del año 3000, ellos recordarán a la Madre Teresa de Calcuta. Paguémosle con un gran cumplido aprendiendo de su vida, escritos y oraciones”.

El Padre Groeschel tenía razón, pues sí subió al Cielo a las ocho semanas, el 5 de septiembre de 1997 y fue beatificada en Roma, el 19 de octubre de 2003, por el Papa Juan Pablo II. En la homilía durante la beatificación él la llamó “icono del buen samaritano” y destacó dos aspectos que constituían la fuerza de su tarea: “contemplación y acción; evangelización y promoción humana. Madre Teresa proclama el Evangelio con su vida entregada a los pobres, pero envuelta en la oración”.

Las enseñanzas que Madre Teresa nos dejó en herencia:

• Atender a Jesús en los más pequeños de sus hermanos y así el Evangelio estará en nuestras manos, en los cinco dedos: “A mí me lo hicisteis”.

• Ser santo no es el privilegio de algunos, sino el deber de todos: “yo quiero, yo puedo, con la Gracia de Dios ser santo”.

• Mantener la devoción al Santísimo Sacramento y adorar a Jesús en la Eucaristía.

• Defender la familia y encontrar a los pobres en nuestro propio hogar.

• Compartir la alegría y el amor con cada ser humano.

• Dar hasta que duela con una sonrisa.

• Mirar a Jesús en los rostros desfigurados de los pobres más pobres y encontrar la presencia oculta de Dios en ellos.

• Llevar vida de oración y vaciarnos de todo lo que no sea Dios.

• Ser portador del amor de Dios.

• Honrar a la Virgen María rezando el Rosario con amor y devoción e irradiar su humildad pidiéndole a Ella que nos dé su corazón hermoso y puro.

• Repetir varias veces al día: “Jesús, yo creo en Tu infinito amor por mí, yo te amo”.

• Vivir en la Paz del Señor, camino hacia la paz mundial.

• Amar a Dios, a través de acciones vivientes.

• Hacer pequeñas cosas con gran amor.

• Dejar que Cristo ore en nosotros, trabaje en nosotros, piense en nosotros, mire a través de nuestros ojos, hable por medio de nuestras palabras, trabaje con nuestras manos, camine con nuestros pies, ame con nuestro corazón.

• Tomar todo lo que Dios nos da y dar todo lo que El nos pide con una sonrisa.

• Hacerlo todo por Jesús, sin El no podemos hacer nada.

La “lámpara” que Madre Teresa encendió aún brilla en todo el mundo, a través de las Misioneras de la Caridad y todas las ramas de la Congregación. La profunda misión al servicio de los pobres sigue activa en el corazón de la Iglesia. Ese legado de amor, bondad y generosidad que dejó la Madre Teresa lo tenemos en Puerto Rico en tres casas: en Ponce, Aguadilla y Bayamón, donde sus “hijas” nos irradian la Luz de Cristo por medio de su trabajo y siguen llevando almas al encuentro con Cristo con el simple “Secreto de la Oración”.

“ Beata Madre Teresa de Calcuta, ruega por nosotros.”


Oración a la Beata Teresa de Calcuta

Beata Teresa de Calcuta, tú permitiste que el amor sediento de Jesús en la cruz se convirtiese en una llama viva dentro de ti, y así te hiciste la luz de su amor para todos. Intercede ante el Corazón de Jesús (menciona aquí el favor que deseas obtener). Enséñame cómo dejar que Jesús penetre en mí y posea por completo todo mi ser para que mi vida también pueda irradiar su luz y amor a los demás. Amén.

Corazón Inmaculado de María, Causa de Nuestra Alegría, ruega por mí.

Beata Teresa de Calcuta,
ruega por mí.

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