| Edición 36 • 4 al 10 de
septiembre de 2005 |
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012
|

Vigésimo
tercer domingo
La
correción en el amor
P. Angel Manuel Santos Santos
psantos@elvisitante.biz
Para EL VISITANTE
Ezequiel 33, 7-9
La tercera parte de este libro contiene los
oráculos pronunciados después
que Nabucodonosor invadió Palestina. En los primeros versículos
habla del profeta como centinela o atalaya para el pueblo de Dios. El profeta
debe poner en guardia al malvado para que cambie de conducta.
Salmo 94, 1-2.5-9
Este salmo es una invitación a la alabanza
divina. Se ensalza a Dios como Rey del mundo
y pastor de su pueblo. Se pide que los fieles
no abandonen a este
poderoso protector.
Romanos 13, 8-10
La plenitud y resumen de la ley es el amor
o la caridad. El que ama a Dios y, con amor divino,
ama al prójimo, cumple todos los mandamientos.
Mateo 18, 15-20
El evangelio nos presenta la difícil tarea de corregir al hermano. Esta
tarea debe nacer del amor, debe ser motivada por el amor y debe hacerse con mucha
caridad porque la intención es salvar al hermano.
La deuda del amor
Las enfermedades nunca se ignoran sino que se
enfrentan para sanar a los enfermos y evitar que
se extienda el contagio. La Iglesia tampoco ignora
el pecado, que
es la enfermedad del alma. Primero sana al pecador anunciándole y llevándole
el perdón de Cristo Jesús. Segundo, trata de que el pecado no se
extienda y se esfuerza para que los fieles crezcan en santidad. El camino de
la santidad es la caridad o el cumplimiento de los mandamientos de Dios. Por
eso la única deuda permitida en la Iglesia es la deuda del amor. «A
nadie le debáis nada más que amor; porque el que ama tiene cumplido
el resto de la ley» dice san Pablo.
Todos los mandamientos se resumen en «Amarás a tu prójimo
como a ti mismo» porque uno que ama a su prójimo no le hace daño;
por eso amar es cumplir la ley entera. La curación de la enfermedad del
pecado es la conversión y su prevención es la práctica del
amor, de la caridad y de los mandamientos. En la celebración de la Eucaristía,
en espíritu de oración, recibimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo
para llenarnos del amor para practicar la caridad.
Aunque no hayamos cometido pecado en la Iglesia
todos somos responsables en la prevención y la curación del pecado. Por la boca del hermano que
se acerca para corregir con el testimonio del amor, está hablando Dios.
Este cristiano está actuando como centinela poniendo en guardia al fiel
que ha pecado para que cambie su conducta y viva para Dios. La mejor manera de
mostrar el camino de la vida es viviendo el amor. La mejor manera de sanar el
pecado es mostrando compasión y haciéndole el bien al pecador.
Una corrección que no esté motivada por el amor, que esté marcada
por la manipulación o se hace para controlar al otro, nunca tendrá éxito.
La Iglesia no está para publicar el pecado a los cuatro vientos. Esa es
una realidad sicológica y sociológica, que mientras más
se habla de un pecado, aunque sea con la intención de sofocarlo, más
se difunde. Constatamos cómo los anuncios televisivos contra la droga
tienen muy poco efecto para disminuir su uso. Por eso el Señor exhorta
a corregir al hermano pecador en el secreto de la intimidad de dos o más
testigos. Sólo en los casos extremos debemos recurrir al tercer paso.
La Iglesia no encubre el pecado, pero tampoco habla de ello para que no se difunda
el mal ni se enfríe la caridad.
Este tercer paso parece implicar que hay que
publicar el pecado y corregir delante de todos
al pecador empedernido. A los culpables, repréndeles delante
de todos, para que los demás cobren temor, dice el Apóstol (I Tim
5, 20). El fiel cristiano recibe de Cristo un último recurso: el aviso
a la comunidad sobre un peligro espiritual para los fieles. La curación
del pecado, que es la conversión en la comunidad, hay que hacerla pronto,
no sólo por el bien de la persona y por el bien de la Iglesia, sino para
evitar que el mundo y sus medios publiquen los pecados de los miembros de la
Iglesia, especialmente si están en posición de liderato.
El fiel católico tiene el deber de poner todas sus energías en
llevar una vida santa. A veces el plan pastoral no hace claro que los fieles
tienen ese sublime deber, que encierra todos los demás deberes y derechos
del cristiano en la Iglesia. Por eso el fiel cristiano, sea laico, sacerdote
o consagrado, no debe comulgar si tiene conciencia de pecado mortal. Primero
debe acercarse arrepentido al sacramento de la Confesión y decir íntegramente
sus pecados mortales al sacerdote. Así la celebración de la Santa
Misa brilla como el encuentro de los santos reunidos en el mutuo amor para darle
culto de adoración al Hijo de Dios presente en la Eucaristía.
lecturas
| 4 |
XXIII Domingo del Tiempo Ordinario. |
| ve |
Misa pr, Gl, Cr, Pf dominical |
| |
L 1 Ez 33, 7-9; Sal 94 |
| |
L 2 Rm 13, 8-10 |
| |
Ev Mt 18, 15-20 |
| |
Oficio dominical. Te Deum. |
| |
(OL: Am 7, 1-17) |
| |
|
| 5 |
Lunes XXIII s.t.o. Feria |
| ve |
Misa de feria |
| |
L 1 Col 1, 24---2,3; Sal 61 |
| |
Ev Lc 6, 6-11 |
| |
Oficio de feria |
| |
(OL: Am 8, 1-14) |
| |
|
| 6 |
Martes XXIII s.t.o. Feria |
| ve |
Misa de feria |
| |
L 1 Col 2, 6-15; Sal 144 |
| |
Ev Lc 6, 12-19 |
| |
Oficio de feria |
| |
(OL: Am 9, 1-15) |
| |
|
| 7 |
Miércoles XXIII s.t.o. Feria |
| ve |
Misa de feria |
| |
L 1 Col 2, 6-15; Sal 144 |
| |
Ev Lc 6, 12-19 |
| |
Oficio de feria |
| |
(OL: Os 1, 1-9; 3, 1-5) |
| |
|
| 8 |
Jueves XXII s.t.o. Fiesta |
| |
La Natividad de la Virgen María |
| bl |
Misa pr, Gl, Pf I Ð V de la Sma. Virgen |
| |
L 1 Miq 5, 1-4a — Rm 8, 28-30; Sal 12 |
| |
Ev Mt 1, 1-16. 18-23 (— 18-23) |
| |
Oficio de la fiesta Te Deum. Hr, ant pr y |
| |
Salm de la semana correspondiente. |
| |
|
| 9 |
Viernes XXIII s.t.o. Feria o Memoria libre |
| |
San Pedro Claver, pbro. |
| ve |
Misa de feria o (bl) de la memoria |
| |
L 1 I Tim 1, 1-2. 12-14; Sal 15 |
| |
Ev Lc 6, 39-42 |
| |
Oficio de feria o de la memoria |
| |
(OL: Os 4, 1-10; 5, 1-7) |
| |
|
| 10 |
Sábado XXIII s.t.o. Feria o Memoria libre: |
| |
Beatos Carlos Spinola y |
| |
Jerónimo de Angelis, |
| |
pbrs y mrs. o Santa María en sábado. |
| ve |
Misa de feria o (ro Ð bl) de una de las memorias |
| |
(para la misa de los beatos, Cf MRPR, p.
142) |
| |
L 1 I Tim 1, 15-17; Sal 112 |
| |
Ev Lc 6, 43-49 |
| |
Oficio de feria o de una de las memorias |
| |
(para el oficio de los beatos, Cf LHPR, p.
60) |
| |
(OL: Os 6, 1---7,2) |
| ve |
I V’sp del domingo sig. Comp Dom I |
| |
Misa vespertina del domingo sig. |
| |
|
| 11 |
XXIV Domingo del Tiempo Ordinario. |
| ve |
Misa pr, Gl, Cr, Pf dominical |
| |
L 1 Sir 27, 33---28,9; Sal 102 |
| |
L 2 Rm 14, 7-9 |
| |
Ev Mt 18, 21-35 |
| |
Oficio dominical. Te Deum. |
| |
(OL: Os 8, 1-14 |
|
 



|
|