Edición 37 • 11 al 17 de septiembre de 2005
Hoy es miércoles, 8 de febrero de 2012

Por la señal de la Santa Cruz

Fray Antonio González Pola, O.P.
Para EL VISITANTE

Reflexionar sobre el simbolismo de la Cruz implica trasladarse en el espacio y tiempo al Calvario de Jerusalén, y a los años en que Dios hecho hombre se ofrece en holocausto por salvar a toda la humanidad. Escándalo ella para unos y necedad para otros. ¡Cómo todo un Dios puede dejarse matar en tan ignominioso patíbulo! Suplicio destinado a ladrones, truhanes, terroristas, piratas, etc. “Maldito el que pende de una cruz”. Por eso la Cruz fue y sigue siendo un verdadero escándalo. Un Salvador divino: sabio, milagrero, etc. es comprensible en nuestra lógica. En cambio, un Dios humillado es sorprendente. Nos agrada más un Dios a nuestra medida, apeluchado... por razones de conveniencia.

El pagano se gloriaba en el rayo de Júpiter... el cristiano, con San Pablo, dice: “nuestra gloria está en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Gal., 6,14) De signo ignominioso cambia a trofeo de victoria. La costumbre cristiana sella con cruces: personas vivas y difuntas; espacios y tiempos; entradas de casas, encrucijadas de caminos... cumbres. Los primeros cristianos se identificaban como “religiosos de la Cruz” Pablo solía decir que su modelo era Jesús y éste crucificado. ¡Que difícil nos resulta dejar a Dios ser Dios!

Pero ¿qué fue de la Veracruz? Jerusalén había sido planchada por los soldados de Tito y Adriano. Tras la libertad de los cristianos en el 313, Constantino y su madre Santa Elena, sustituyen por basílicas los templos paganos de la Ciudad santa. Se identifican así para la posteridad los lugares santificados por la presencia del Salvador. Dice la tradición que en una cisterna (ahora dentro de la basílica del Santo Sepulcro) Elena encontró varios travesaños de cruces. Uno de ellos se lo identificó como el de la Cruz de Jesús pues al tocar con él a una enferma, ésta quedó curada (327) Acontecimientos que inician las peregrinaciones del mundo cristiano a Jerusalén. De reyes y plebeyos. Las reliquias del santo madero se dispersaron por doquier y con ellas la fiesta de la Santa Cruz, para tocarla y verla. Esta celebración, original de Jerusalén (335) era y es el 14 de septiembre (Egeria), fecha considerada como el quicio entre el verano y el otoño litúrgico. Al descenso de luminosidad otoñal lo sustituye la claridad de la Cruz. En el siglo VI se conoce por Exaltación de la Santa Cruz. Con liturgia semejante al Viernes Santo. En los países de Europa meridional (entre ellos España y más tarde Iberoamérica) se promueve la fiesta de la Invención de la Santa Cruz (3 de mayo) Las conocidas “fiestas de cruz” aun con mucho arraigo y folclore en Bayamón, ciudad que nace en torno a la Iglesia de La Plaza (1772) y bajo esta advocación. Los dominicos nos hacemos cargo de ella desde 1905. Este año es centenario de nuestra presencia. La reforma litúrgica del Vaticano II suprime la fiesta de la Invención (3 de mayo) aunque continúe la costumbre patronal con liturgia del 14 de septiembre.

Los cristianos somos privilegiados en el disfrute de sabernos salvos por el acontecimiento de la Veracruz. Desnuda o con crucifijo nos remite al hecho salvífico que divide nuestra historia en antes y después de Jesús muerto y resucitado. Ya la cruz, de por sí, es signo de universalidad: el palo vertical y el horizontal unidos, son al mismo tiempo fuerzas centrífugas (puntos cardinales) o de dispersión, pero también son fuerzas centrípetas, de vuelta o regreso hacia el centro o encrucijada de ambos segmentos.

Este símbolo del macrocosmos (universo) cual otra ‘rosa de los vientos’, y de todo el hombre con su tronco y brazos extendidos o microcosmos (universo en pequeño) es signo también de Dios pues Éste se halla presente en todo; y es signo histórico-bíblico y personal de Jesús muerto y resucitado, especialmente sugestivo y cargado de significado para nosotros. La Cruz, hay que decirlo claro, no nos salva, como tampoco la fe, ni el Evangelio, ni la misma iglesia, sino la persona de Jesús. Ellos nos hablan del Jesús muerto y resucitado. Y no tanto por sus sufrimientos físicos o morales sino por el hecho de haber sido fiel a su Misión.

La Cruz no es signo de ascesis y penitencias como representan algunas películas de la Pasión o ciertas procesiones de Semana Santa (aterradoras) Lo que la Veracruz nos dice es que en ella Jesús nos ha salvado de una vez por todas, y que lo digamos a quienes aún no tienen noticia de ello, y que a pesar de todo ninguno se perderá. Es la buena nueva.

Benedicto XVI invita a los jóvenes de todo el mundo a mostrar públicamente el símbolo de nuestra salvación con gozo en el corazón y semblante alegre. Así lo presenciamos en las jornadas de la juventud en Colonia (Alemania) el pasado agosto. Por fin se nos ofrece una esperanza sólida, hartos de tanta promesa fallida.

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