La
Santa Cruz
Fiesta titular del Vicariato General
de la Santa Cruz de Puerto Rico
Fray Carlos Alberto Rodríguez
Villanueva, O.P.
Para EL VISITANTE
Antes de optar por la vida religiosa en la Orden
de Predicadores, nunca había pensado en
la trayectoria histórica de los dominicos
en Puerto Rico. Fue el 14 de septiembre, en la
fiesta de la Invención de la Santa Cruz,
cuando hice mis primeros votos. Los frailes neoprofesos
hemos sido admitidos a una de las órdenes
religiosas más antiguas de la cristiandad.
Sin embargo, ahí no está la esencia
de nuestras vidas como frailes. Nuestra vida como
religiosos se fundamenta en la oración,
en la vida comunitaria y en el estudio-predicación.
En esta Fiesta Titular de la Santa Cruz del Vicariato
de Puerto Rico debemos hacer memoria histórica. Hoy la historia ha perdido sentido en muchos
escenarios de la vida social y religiosa. Los estudiantes universitarios muestran
poco interés por la historia patria. Esa actitud ha llegado a sentirse
entre los religiosos y las religiosas de varias congregaciones. La Historia – con
mayúscula – es vital para saber de dónde venimos y, sobre
todo, con ella saber hacia dónde nos dirigimos en esta sociedad globalizada,
hedonista y pragmática.
La historia del Vicariato General de la Santa
Cruz se remonta al siglo XVI. Un siglo de ebullición cultural en todo el sentido de la palabra, la cual
se inicia con los grandes descubrimientos geográficos y la aparición
de nuevos inventos. Es el siglo del Renacimiento. Además es el siglo de
la explosión demográfica de Europa. Por ejemplo, el testimonio
de Andrea Navajero en 1526 evidencia que desde Sevilla “… salen tantas
personas para el Nuevo Mundo, que la ciudad se halla poco poblada y casi en poder
de las mujeres. Todo el vino y el trigo que aquí se cría se manda
a las Indias, y también se envían jabones, camisas, calzas y cosas
semejantes que, hasta ahora no se hacen allá y de que sacan grandes ganancias”.
(Viajes por España de Jorge de Einghen, 1879). Sevilla es la puerta de
salida hacia el Nuevo Mundo. Los frailes dominicos que llegan a La Española,
Puerto Rico y Nuevo México proceden de los conventos de San Pablo y Santo
Tomás de Aquino ubicados en aquella ciudad andaluza.
Los conquistadores y colonizadores españoles arribaron a las playas de
Puerto Rico hacia el 1508 para iniciar la colonización. Sin embargo, esto
ocurría varios años después de su descubrimiento en 1493.
Los primeros frailes dominicos llegaron a la Isla en 1521. Aunque previo a ese
año los frailes que venían en las embarcaciones desde el puerto
de Sevilla hacían parada en el puerto de Puerto Rico de la Isla San Juan
Bautista – como se le había bautizado. El mismo fray Antonio de
Montesinos visitó la Isla como lo hicieron también fray Pedro de
Córdoba, fray Bartolomé de las Casas y muchos otros que pasaban
a las Indias Occidentales.
A fin de fortalecer la presencia dominica en
La Española y Puerto Rico,
fray Pedro de Córdoba logró la autorización del rey Fernando
en 1521 para asignar seis frailes a la colonia de la Isla de San Juan Bautista
de Puerto Rico. Los frailes pertenecían a la Provincia de Andalucía
o Bética. No obstante, desde 1518, el Capítulo General ordenó la
transfiliación de todos los frailes de América a la Provincia del
sur de España; es decir, a la Bética. De esta manera, se explica
que viniesen luego a nuestras tierras frailes del Convento de San Esteban de
Salamanca.
Fray Antonio de Montesinos, considerando que
la primera comunidad dominica en Puerto Rico estaba
en gestación, decidió acompañar por un
tiempo a sus hermanos recién llegados. La fundación del nuevo convento
de Puerto Rico estuvo bajo la responsabilidad de fray Luis Cáncer, quien
será más tarde el prior de dicho convento. En 1525 es enviado a
La Española y marchó con fray Bartolomé de las Casas hacia
Nicaragua. Hacia el 1548 va de misionero a la Florida – hoy Estados Unidos – donde
muere como mártir junto a fray Roque Venegas y fray Diego de Tolouse.
Los frailes dominicos emprendieron la empresa
de construir el Convento Santo Tomás de Aquino en los terrenos cedidos por el gobernador Juan Ponce de
León. Con los abatares de las revoluciones liberales de España
y con la reforma de Mendizábal el convento pasó a manos de los
jesuitas. La construcción de la Iglesia dominica empezó en 1532
y finalizó en 1636 (Iglesia San José). Sin embargo, ya en 1523
se había finalizado la construcción del convento. En 1528, el total
de frailes era de treinta. Éste es el segundo convento dominico de América.
Es así que se cierra este capítulo en la historia dominica en tierras
puertorriqueñas a fines del siglo XVI. La presencia dominica en la colonia
había echado sus raíces y sus frutos. La predicación de
los frailes dominicos y la llegada de más frailes españoles condujeron
al desarrollo de la comunidad. En 1530, después de varias gestiones, se
fundó la Provincia de la Santa Cruz de las Indias. Podemos llegar a la
conclusión de que el nombre de la recién provincia se registró hacia
el mes de mayo de dicho año. La Provincia de la Santa Cruz de las Indias
incluyó La Española, Puerto Rico, Cuba, Jamaica y las Antillas
Menores hasta Canarias en España quedaron bajo la jurisdicción
de la Santa Cruz hasta la cuarta década del siglo XVII. Fray Tomás
de Berlanga, obispo de Panamá, fue el primer provincial de la Santa Cruz
de las Indias.
Los dominicos en Puerto Rico estuvieron bajo
el título de la Santa Cruz
hasta la época liberal española. Aquellos frailes eran de origen
español con preparación académica y con un espíritu
para realizar misiones en las nuevas tierras. Entre los años 1540 el noviciado
adquirió características “criollas” – si cabe
utilizar el término. Los novicios eran hijos de los colonizadores nacidos
en nuestra tierra. El hijo de Juan Ponce de León entró a la Orden
en este periodo. Durante estos años se registran 70 frailes. De estos,
40 de ellos eran criollos, lo cual deja clara la sólida presencia dominica
que gestó el catolicismo y la educación en la Isla.
Hacia 1820 con los vaivenes políticos y liberales de la Península
los conventos y órdenes religiosas fueron secularizados. En Puerto Rico
se aplicó esta ley en el año 1821. Los dominicos se mantuvieron
en el claustro hasta 1839. El ejército de Cataluña ocupó las
instalaciones de lo que era el Convento de Santo Tomás. La presencia dominica
permaneció hasta 1858 cuando murió el último de los frailes
de aquella sucesión del siglo XVI.
Los frailes regresaron a Puerto Rico en 1903
bajo el Vicariato Regional de la Provincia de Holanda.
Los dominicos de Puerto Rico recuperaron su fiesta
titular
en noviembre de 1994, cuando se convirtió en el vicariato General de la
Santa Cruz bajo la aprobación del Maestro fr. Timothy radclife, O.P. A
no ser por sucesos fuera del control de los dominicos, podemos afirmar que la
presencia de la Orden de Predicadores en puerto Rico ha sido casi ininterrumpida:
de 1530 a 1820, y de 1903 al presente.
La Fiesta Titular del 3 de mayo asume mayor relevancia
porque bajo su advocación
y su sombra hemos caminado en la predicación, la oración y la educación.
Cada fraile, desde los orígenes de la Orden hasta hoy día, ha dejado
su huella y compromiso con el ideal de nuestro Padre Santo Domingo. Junto a la
familia dominica, el laicado puertorriqueño y sus fraternidades, con los
postulantes y estudiantes dominicos, frailes, amigos y bienhechores celebramos
la Eucaristía el pasado 3 de mayo presidida por fray Luis Marcos Espinel,
Vicario General de la Santa Cruz de Puerto Rico. Oramos y agradecemos a Dios
por nuestra historia, por todos aquellos frailes que han cruzado el Atlántico
para predicar en Puerto Rico y en América, en general, y por los frailes
nacidos en esta tierra.
Concluyo con algunos extractos de la reflexión ofrecida por fray Mario
Rodríguez León, O.P., con motivo de la predicación en nuestra
Fiesta Titular el 3 de mayo del año en curso en la Parroquia Santa Cruz
del pueblo de Bayamón.
“Nuestro mundo postmoderno, sin necesidad
de haber leído a Federico Nietzche,
rechaza por instinto huidizo el radical contenido cristiano de la Cruz. Pero
hoy queridos hermanos y hermanas, estamos aquí convocados por este emblemático
y problemático signo que da nombre al Vicariato General de la Santa
cruz de Puerto Rico.
¿
Cómo recuperar la Cruz de Cristo para ser hombres y mujeres sanos y felices,
llenos de vitalidad, amor, justicia, misericordia y esperanza? Lo primero que
debemos hacer es rechazar la cruz burguesa y adormecida que cargamos en el cuello
pero no en el corazón. No usemos incorrectamente la doctrina de la resurrección
como argumento para eliminar la radicalidad de la Cruz. No olvidemos que el valor
de la Cruz no radica en sí misma sino en aquel que cuelga derramando sangre
y amor.
La cruz es el camino que nos conduce hacia la
santidad a la cual todos estamos llamados. La Cruz
es un grito permanente para ser santos y santas.
La Cruz exige
conversión radical y cambio de mentalidad porque dios no necesita de nuestros
juegos y mentiras”.
De esta manera, fray Mario nos ha invitado a
retomar la Cruz, a contemplar la Cruz sin temores,
sin falsos miramientos para vivir la vida cristiana
de cara
a la Cruz como lo hizo Santo Domingo, de pie junto a la Cruz. Una Cruz que
nos interpela, que os llama a la santidad viviendo
y practicando la justicia y la
paz con nuestros semejantes. Que vivamos desde los valores de la Cruz para
recrear con el Espíritu Santo nuestro país.