Edición 37 • 11 al 17 de septiembre de 2005
Hoy es miércoles, 8 de febrero de 2012

La Santa Cruz
Fiesta titular del Vicariato General de la Santa Cruz de Puerto Rico

Fray Carlos Alberto Rodríguez Villanueva, O.P.
Para EL VISITANTE

Antes de optar por la vida religiosa en la Orden de Predicadores, nunca había pensado en la trayectoria histórica de los dominicos en Puerto Rico. Fue el 14 de septiembre, en la fiesta de la Invención de la Santa Cruz, cuando hice mis primeros votos. Los frailes neoprofesos hemos sido admitidos a una de las órdenes religiosas más antiguas de la cristiandad. Sin embargo, ahí no está la esencia de nuestras vidas como frailes. Nuestra vida como religiosos se fundamenta en la oración, en la vida comunitaria y en el estudio-predicación.

En esta Fiesta Titular de la Santa Cruz del Vicariato de Puerto Rico debemos hacer memoria histórica. Hoy la historia ha perdido sentido en muchos escenarios de la vida social y religiosa. Los estudiantes universitarios muestran poco interés por la historia patria. Esa actitud ha llegado a sentirse entre los religiosos y las religiosas de varias congregaciones. La Historia – con mayúscula – es vital para saber de dónde venimos y, sobre todo, con ella saber hacia dónde nos dirigimos en esta sociedad globalizada, hedonista y pragmática.

La historia del Vicariato General de la Santa Cruz se remonta al siglo XVI. Un siglo de ebullición cultural en todo el sentido de la palabra, la cual se inicia con los grandes descubrimientos geográficos y la aparición de nuevos inventos. Es el siglo del Renacimiento. Además es el siglo de la explosión demográfica de Europa. Por ejemplo, el testimonio de Andrea Navajero en 1526 evidencia que desde Sevilla “… salen tantas personas para el Nuevo Mundo, que la ciudad se halla poco poblada y casi en poder de las mujeres. Todo el vino y el trigo que aquí se cría se manda a las Indias, y también se envían jabones, camisas, calzas y cosas semejantes que, hasta ahora no se hacen allá y de que sacan grandes ganancias”. (Viajes por España de Jorge de Einghen, 1879). Sevilla es la puerta de salida hacia el Nuevo Mundo. Los frailes dominicos que llegan a La Española, Puerto Rico y Nuevo México proceden de los conventos de San Pablo y Santo Tomás de Aquino ubicados en aquella ciudad andaluza.

Los conquistadores y colonizadores españoles arribaron a las playas de Puerto Rico hacia el 1508 para iniciar la colonización. Sin embargo, esto ocurría varios años después de su descubrimiento en 1493. Los primeros frailes dominicos llegaron a la Isla en 1521. Aunque previo a ese año los frailes que venían en las embarcaciones desde el puerto de Sevilla hacían parada en el puerto de Puerto Rico de la Isla San Juan Bautista – como se le había bautizado. El mismo fray Antonio de Montesinos visitó la Isla como lo hicieron también fray Pedro de Córdoba, fray Bartolomé de las Casas y muchos otros que pasaban a las Indias Occidentales.

A fin de fortalecer la presencia dominica en La Española y Puerto Rico, fray Pedro de Córdoba logró la autorización del rey Fernando en 1521 para asignar seis frailes a la colonia de la Isla de San Juan Bautista de Puerto Rico. Los frailes pertenecían a la Provincia de Andalucía o Bética. No obstante, desde 1518, el Capítulo General ordenó la transfiliación de todos los frailes de América a la Provincia del sur de España; es decir, a la Bética. De esta manera, se explica que viniesen luego a nuestras tierras frailes del Convento de San Esteban de Salamanca.

Fray Antonio de Montesinos, considerando que la primera comunidad dominica en Puerto Rico estaba en gestación, decidió acompañar por un tiempo a sus hermanos recién llegados. La fundación del nuevo convento de Puerto Rico estuvo bajo la responsabilidad de fray Luis Cáncer, quien será más tarde el prior de dicho convento. En 1525 es enviado a La Española y marchó con fray Bartolomé de las Casas hacia Nicaragua. Hacia el 1548 va de misionero a la Florida – hoy Estados Unidos – donde muere como mártir junto a fray Roque Venegas y fray Diego de Tolouse.

Los frailes dominicos emprendieron la empresa de construir el Convento Santo Tomás de Aquino en los terrenos cedidos por el gobernador Juan Ponce de León. Con los abatares de las revoluciones liberales de España y con la reforma de Mendizábal el convento pasó a manos de los jesuitas. La construcción de la Iglesia dominica empezó en 1532 y finalizó en 1636 (Iglesia San José). Sin embargo, ya en 1523 se había finalizado la construcción del convento. En 1528, el total de frailes era de treinta. Éste es el segundo convento dominico de América.

Es así que se cierra este capítulo en la historia dominica en tierras puertorriqueñas a fines del siglo XVI. La presencia dominica en la colonia había echado sus raíces y sus frutos. La predicación de los frailes dominicos y la llegada de más frailes españoles condujeron al desarrollo de la comunidad. En 1530, después de varias gestiones, se fundó la Provincia de la Santa Cruz de las Indias. Podemos llegar a la conclusión de que el nombre de la recién provincia se registró hacia el mes de mayo de dicho año. La Provincia de la Santa Cruz de las Indias incluyó La Española, Puerto Rico, Cuba, Jamaica y las Antillas Menores hasta Canarias en España quedaron bajo la jurisdicción de la Santa Cruz hasta la cuarta década del siglo XVII. Fray Tomás de Berlanga, obispo de Panamá, fue el primer provincial de la Santa Cruz de las Indias.

Los dominicos en Puerto Rico estuvieron bajo el título de la Santa Cruz hasta la época liberal española. Aquellos frailes eran de origen español con preparación académica y con un espíritu para realizar misiones en las nuevas tierras. Entre los años 1540 el noviciado adquirió características “criollas” – si cabe utilizar el término. Los novicios eran hijos de los colonizadores nacidos en nuestra tierra. El hijo de Juan Ponce de León entró a la Orden en este periodo. Durante estos años se registran 70 frailes. De estos, 40 de ellos eran criollos, lo cual deja clara la sólida presencia dominica que gestó el catolicismo y la educación en la Isla.

Hacia 1820 con los vaivenes políticos y liberales de la Península los conventos y órdenes religiosas fueron secularizados. En Puerto Rico se aplicó esta ley en el año 1821. Los dominicos se mantuvieron en el claustro hasta 1839. El ejército de Cataluña ocupó las instalaciones de lo que era el Convento de Santo Tomás. La presencia dominica permaneció hasta 1858 cuando murió el último de los frailes de aquella sucesión del siglo XVI.

Los frailes regresaron a Puerto Rico en 1903 bajo el Vicariato Regional de la Provincia de Holanda. Los dominicos de Puerto Rico recuperaron su fiesta titular en noviembre de 1994, cuando se convirtió en el vicariato General de la Santa Cruz bajo la aprobación del Maestro fr. Timothy radclife, O.P. A no ser por sucesos fuera del control de los dominicos, podemos afirmar que la presencia de la Orden de Predicadores en puerto Rico ha sido casi ininterrumpida: de 1530 a 1820, y de 1903 al presente.

La Fiesta Titular del 3 de mayo asume mayor relevancia porque bajo su advocación y su sombra hemos caminado en la predicación, la oración y la educación. Cada fraile, desde los orígenes de la Orden hasta hoy día, ha dejado su huella y compromiso con el ideal de nuestro Padre Santo Domingo. Junto a la familia dominica, el laicado puertorriqueño y sus fraternidades, con los postulantes y estudiantes dominicos, frailes, amigos y bienhechores celebramos la Eucaristía el pasado 3 de mayo presidida por fray Luis Marcos Espinel, Vicario General de la Santa Cruz de Puerto Rico. Oramos y agradecemos a Dios por nuestra historia, por todos aquellos frailes que han cruzado el Atlántico para predicar en Puerto Rico y en América, en general, y por los frailes nacidos en esta tierra.

Concluyo con algunos extractos de la reflexión ofrecida por fray Mario Rodríguez León, O.P., con motivo de la predicación en nuestra Fiesta Titular el 3 de mayo del año en curso en la Parroquia Santa Cruz del pueblo de Bayamón.

“Nuestro mundo postmoderno, sin necesidad de haber leído a Federico Nietzche, rechaza por instinto huidizo el radical contenido cristiano de la Cruz. Pero hoy queridos hermanos y hermanas, estamos aquí convocados por este emblemático y problemático signo que da nombre al Vicariato General de la Santa cruz de Puerto Rico.

¿ Cómo recuperar la Cruz de Cristo para ser hombres y mujeres sanos y felices, llenos de vitalidad, amor, justicia, misericordia y esperanza? Lo primero que debemos hacer es rechazar la cruz burguesa y adormecida que cargamos en el cuello pero no en el corazón. No usemos incorrectamente la doctrina de la resurrección como argumento para eliminar la radicalidad de la Cruz. No olvidemos que el valor de la Cruz no radica en sí misma sino en aquel que cuelga derramando sangre y amor.

La cruz es el camino que nos conduce hacia la santidad a la cual todos estamos llamados. La Cruz es un grito permanente para ser santos y santas. La Cruz exige conversión radical y cambio de mentalidad porque dios no necesita de nuestros juegos y mentiras”.

De esta manera, fray Mario nos ha invitado a retomar la Cruz, a contemplar la Cruz sin temores, sin falsos miramientos para vivir la vida cristiana de cara a la Cruz como lo hizo Santo Domingo, de pie junto a la Cruz. Una Cruz que nos interpela, que os llama a la santidad viviendo y practicando la justicia y la paz con nuestros semejantes. Que vivamos desde los valores de la Cruz para recrear con el Espíritu Santo nuestro país.

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