Edición 37 • 11 al 17 de septiembre de 2005
Hoy es domingo, 5 de septiembre de 2010

La cruz del Apostolado de la Cruz

Maricarmen Rivera
Para EL VISITANTE

La cruz del Apostolado es el emblema de las Obras de la Cruz que fue manifestada por el Señor a través de una visión a la Venerable Concepción Cabrera de Armida (Conchita). La experiencia de la Visión sucedió en la iglesia de la Compañía en la ciudad de San Luis Potosí, después de ella comulgar, estando recogida en oración.

Después de consultar con su director espiritual, se hicieron los preparativos para elaborar la cruz de madera, dando la impresión que el Señor urgía que enseguida se conociera y se le diera culto. La primera cruz de 12 metros de altura se levantó en la hacienda Jesús Maria en San Luis Potosí, el 3 de mayo de 1894.

En ese día Jesús le dice a Conchita: “Mira, Hijita; Esta Cruz del Apostolado ahuyentará al demonio, esparcirá virtud, como que toda ella está empapada y con esto curará las almas y también los cuerpos, hará muchos milagros”(CC.3/89) Aún es objeto y meta de continuas y fervorosas peregrinaciones y ha sido un instrumento de gracias muy especiales por parte del Señor.

La Cruz del Apostolado tiene varios elementos muy importantes. Por eso, en este emblema se encuentra una escuela de perfección, un camino de santidad, una lección de amor y de todas las demás virtudes. Más que objeto de veneración y de culto, es una lección constante la que nos brinda cada vez que la contemplamos. En ella se encuentra todo el camino que debe recorrer quien quiera alcanzar la perfección.

Sus elementos: La paloma – representa el Espíritu Santo, protector del Apostolado de la Cruz. “Él cobijará con sus alas este Apostolado de la Cruz” (CC. 2/3 y S). No esta impregnada de dolorismo, pero si iluminada y empapada por el amor divino del Espíritu Santo.

La cruz grande – es la Cruz de Cristo y la nuestra; la Cruz de Jesús que dio tanta gloria su Padre y es fuente de salvación y de vida para la humanidad. En la nuestra, al ser participada con Jesús, se encuentra nuestra santificación si la llevamos con amor, con la que glorificamos al Padre y alcanzamos gracias de salvación para el mundo. Es seguir a Cristo, no hay otro camino. (Lc. 9,23)

El Corazón de Jesús – expresión de su amor divino-humano, amor que atrae y enamora para poder aceptar y abrazar la Cruz. “Se presenta la Cruz con mi Corazón en su centro, para indicar a las almas el camino del cielo, el modo verdadero para llegar con seguridad a mi Corazón, a la perfección el cual no es otro que el del la Cruz, o sea el del sacrificio que envuelve a todas las virtudes y al amor mas puro.” (CC. 16,12-14).

La cruz pequeña – Jesús vivió una variedad de tormentos en su cuerpo durante su pasión interior, pero llevó en el fondo de su alma durante toda su vida sufrimientos muy íntimos y desgarradores. Es al mismo tiempo una cruz sacerdotal, al tener una actitud de oblación continua para cumplir en toda la voluntad de su Padre. El llamado en el Apostolado de la Cruz, su llamado sacerdotal se realizará recibiendo con gratitud el deseo de Jesús, de que sus dolores íntimos sean comprendidos, en la medida en que cada miembro una su propia oblación a la de Cristo y trabaje por “participar de su cáliz y de su Cruz interior mediante una fusión de voluntades, una unión estrechísima de corazones y un abandono amoroso y pleno de la Divina Voluntad”.

Las llamas que rodean la cruz pequeña – representan el martirio interno de Jesús y significa el amor de unión. La unión tiende a lo alto, sin entretenerse en los alrededores y por eso sus llamas suben. Las llamas que rodean el Corazón – representan el dulce amor de comunicación, por eso se extienden, como buscando almas para abrazarlas, comunicándose con ellas.

La llaga y la herida del Corazón – manifiesta el costado abierto del Nuevo Adán y donde surge la Iglesia, la Nueva Eva, María, personificación de la Iglesia; los sacramentos, fuente de vida y santidad. Además el bautismo es representado por el agua y la Eucaristía por la sangre.

Las nubes y las luces – representan a Dios Padre, particularmente el amor con que el Padre entrega a su Hijo para nuestra salvación. Todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, en quien no hay cambio ni sombra de alteración (Santiago 1,17). Se manifiesta en la creación, con el propósito de salvar al hombre después de su caída. La nube era la representación del Padre cuando caminaba junto al pueblo escogido que sacó de Egipto.

Esta es una Cruz pascual, gloriosa. Esta suspendida en el aire, en un fondo de luz, cobijada e iluminada con la luz del Espíritu Santo. Toda ella se nos ofrece entre resplandores de gloria, es la victoria del amor sobre el sufrimiento y sobre el pecado. Es una Cruz redentora (Ef.2,13). Es una fuente inagotable de perdón, de gracia, de amor, es manantial de vida, es luz que ilumina el camino que nos conduce a la gloria, ya reconciliados con Dios.

En otras palabras “La Cruz es todo, es Camino, es Amor y es Recompensa y estas tres prerrogativas están simbolizada en la Cruz del Apostolado: La Cruz Grande es Camino, el Corazón es Amor y la Cruz Intima es Recompensa” (Venerable Mons. Martinez, CC.56,125-127).

¡ Jesús, Salvador de los hombres, sálvalos, sálvalos!

Referencia: Cruz de Cristo, Cruz del Cristiano
Autor: Padre Salvador Sánchez Magaña, M.Sp.S
(La autora es Coordinadora Centro Local Arquidiócesano)

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