La cruz del Apostolado de la Cruz
Maricarmen Rivera
Para EL VISITANTE
La cruz del Apostolado es el emblema de las Obras
de la Cruz que fue manifestada por el Señor
a través de una visión a la Venerable
Concepción Cabrera de Armida (Conchita).
La experiencia de la Visión sucedió en
la iglesia de la Compañía en la ciudad
de San Luis Potosí, después de ella
comulgar, estando recogida en oración.
Después de consultar con su director espiritual,
se hicieron los preparativos para elaborar la cruz
de madera, dando la impresión que el Señor
urgía que enseguida se conociera y se le
diera culto. La primera cruz de 12 metros de altura
se levantó en la hacienda Jesús Maria
en San Luis Potosí, el 3 de mayo de 1894.
En ese día Jesús le dice a Conchita: “Mira,
Hijita; Esta Cruz del Apostolado ahuyentará al
demonio, esparcirá virtud, como que toda
ella está empapada y con esto curará las
almas y también los cuerpos, hará muchos
milagros”(CC.3/89) Aún es objeto y
meta de continuas y fervorosas peregrinaciones
y ha sido un instrumento de gracias muy especiales
por parte del Señor.
La Cruz del Apostolado tiene varios elementos
muy importantes. Por eso, en este emblema se encuentra
una escuela de perfección, un camino de
santidad, una lección de amor y de todas
las demás virtudes. Más que objeto
de veneración y de culto, es una lección
constante la que nos brinda cada vez que la contemplamos.
En ella se encuentra todo el camino que debe recorrer
quien quiera alcanzar la perfección.
Sus elementos: La paloma – representa el
Espíritu Santo, protector del Apostolado
de la Cruz. “Él cobijará con
sus alas este Apostolado de la Cruz” (CC.
2/3 y S). No esta impregnada de dolorismo, pero
si iluminada y empapada por el amor divino del
Espíritu Santo.
La cruz grande – es la Cruz de Cristo y la
nuestra; la Cruz de Jesús que dio tanta
gloria su Padre y es fuente de salvación
y de vida para la humanidad. En la nuestra, al
ser participada con Jesús, se encuentra
nuestra santificación si la llevamos con
amor, con la que glorificamos al Padre y alcanzamos
gracias de salvación para el mundo. Es seguir
a Cristo, no hay otro camino. (Lc. 9,23)
El Corazón de Jesús – expresión
de su amor divino-humano, amor que atrae y enamora
para poder aceptar y abrazar la Cruz. “Se
presenta la Cruz con mi Corazón en su centro,
para indicar a las almas el camino del cielo, el
modo verdadero para llegar con seguridad a mi Corazón,
a la perfección el cual no es otro que el
del la Cruz, o sea el del sacrificio que envuelve
a todas las virtudes y al amor mas puro.” (CC.
16,12-14).
La cruz pequeña – Jesús vivió una
variedad de tormentos en su cuerpo durante su pasión
interior, pero llevó en el fondo de su alma
durante toda su vida sufrimientos muy íntimos
y desgarradores. Es al mismo tiempo una cruz sacerdotal,
al tener una actitud de oblación continua
para cumplir en toda la voluntad de su Padre. El
llamado en el Apostolado de la Cruz, su llamado
sacerdotal se realizará recibiendo con gratitud
el deseo de Jesús, de que sus dolores íntimos
sean comprendidos, en la medida en que cada miembro
una su propia oblación a la de Cristo y
trabaje por “participar de su cáliz
y de su Cruz interior mediante una fusión
de voluntades, una unión estrechísima
de corazones y un abandono amoroso y pleno de la
Divina Voluntad”.
Las llamas que rodean la cruz pequeña – representan
el martirio interno de Jesús y significa
el amor de unión. La unión tiende
a lo alto, sin entretenerse en los alrededores
y por eso sus llamas suben. Las llamas que rodean
el Corazón – representan el dulce
amor de comunicación, por eso se extienden,
como buscando almas para abrazarlas, comunicándose
con ellas.
La llaga y la herida del Corazón – manifiesta
el costado abierto del Nuevo Adán y donde
surge la Iglesia, la Nueva Eva, María, personificación
de la Iglesia; los sacramentos, fuente de vida
y santidad. Además el bautismo es representado
por el agua y la Eucaristía por la sangre.
Las nubes y las luces – representan a Dios
Padre, particularmente el amor con que el Padre
entrega a su Hijo para nuestra salvación.
Todo don perfecto viene de lo alto, desciende del
Padre de las luces, en quien no hay cambio ni sombra
de alteración (Santiago 1,17). Se manifiesta
en la creación, con el propósito
de salvar al hombre después de su caída.
La nube era la representación del Padre
cuando caminaba junto al pueblo escogido que sacó de
Egipto.
Esta es una Cruz pascual, gloriosa. Esta suspendida
en el aire, en un fondo de luz, cobijada e iluminada
con la luz del Espíritu Santo. Toda ella
se nos ofrece entre resplandores de gloria, es
la victoria del amor sobre el sufrimiento y sobre
el pecado. Es una Cruz redentora (Ef.2,13). Es
una fuente inagotable de perdón, de gracia,
de amor, es manantial de vida, es luz que ilumina
el camino que nos conduce a la gloria, ya reconciliados
con Dios.
En otras palabras “La Cruz es todo, es Camino,
es Amor y es Recompensa y estas tres prerrogativas
están simbolizada en la Cruz del Apostolado:
La Cruz Grande es Camino, el Corazón es
Amor y la Cruz Intima es Recompensa” (Venerable
Mons. Martinez, CC.56,125-127).
¡
Jesús, Salvador de los hombres, sálvalos,
sálvalos!
Referencia: Cruz de Cristo, Cruz del Cristiano
Autor: Padre Salvador Sánchez Magaña,
M.Sp.S
(La autora es Coordinadora Centro Local Arquidiócesano)