La Estola
Padre Isaías Revilla Casado,
OSA
frirevilla@hotmail.com
Para EL VISITANTE
P/ Cada semana leo su columna con sus acertadas
repuestas. Estoy de acuerdo en cuanto a que muchos
ya no respetamos adecuadamente las normas de comportamiento
en la Misa: no apagamos los celulares, admitimos
modas en el vestir inadecuadas, llegamos tarde,
participamos muy de lejos en la liturgia, hablamos
demasiado en el templo, incluso en los momentos
de las ceremonias, no observamos las posturas que
se mandan para cada momento… Pero hay una
cosa concreta que me inquieta: en mi parroquia
los sacerdotes no usan la casulla; sólo
llevan el alba y la estola. ¿Por qué ese
cambio? ¿Está permitido que los sacerdotes
utilicen los ornamentos que mejor les parezca para
celebrar la Eucaristía?
Pedro Mulero
R/ ¡Totalmente de acuerdo en la presentación
de tu pregunta! Por mucho que se haya dicho que
el templo es la casa de Dios y que hay que venir
adecuadamente y tenerle el respeto que se merece
por parte de todos, sigue sin llevarse a cabo convenientemente.
Y yo he añadido que cuando el que no cumple
es el sacerdote me produce una pena mayor. Pero
también he dicho que la liturgia ha venido
haciéndose a través de los siglos;
y que hay detalles que han ido cambiando y acomodándose
al momento y a la cultura con que se ha encontrado
la Iglesia en su desarrollo histórico.
Es el caso de los ornamentos, que son herencia
de los vestidos que habitualmente usaban los magistrados
romanos. Aunque luego se hayan ido modificando
con el tiempo y los estilos artísticos o
costumbristas: la túnica se transformó en
el alba, el manto en la casulla, y la estola, que
era el símbolo de la autoridad, tomó este
significado para ser en la Iglesia un signo de
la potestad del Sacramento del Orden. El manípulo
o sudadero desapareció con la reforma litúrgica
posterior al Concilio Vaticano II. El amito, desde
el invento del tergal, perdió su prestancia.
En cuanto a la estola hay que recordar que tradicionalmente,
sobre todo cuando la casulla adoptó la forma
de guitarra, tenía una anchura de unos 8
centímetros (unas 3 pulgadas). Luego, al
venir lo que se llamó es estilo gótico,
en que la casulla era muy ampulosa, la estola apenas
cambió la anchura, aunque sí se alargó un
poco.
Pero ocurrieron otros dos fenómenos que
son dignos de tener en cuenta: en la vida conventual,
se abandonó la multiplicidad de altares
para que cada sacerdote pudiese decir su misa privada,
en aras de concelebrar con toda la comunidad. La
concelebración supondría que habría
que tener casullas para todos ellos a la vez, lo
cual no era fácil de lograr. El alba era
particular de cada sacerdote, no así la
casulla, que era usada sucesivamente por los que
decían Misa en el mismo altar.
El otro fenómeno ocurrió en los países
cálidos. No era fácil soportar la
casulla gótica y aguantar el sudor y sus
malos olores.
Por eso, tanto en una ocasión como en la
otra, se adoptó lo que se llamó vulgarmente
el “estolón”, es decir una estola
cuya anchura llegase a los 16 o 18 centímetros
(unas 7 pulgadas) y así se pudiese distinguir
el color litúrgico del sacerdote y sustituir
a la casulla.
Es lo que hacemos habitualmente en Aguada: los
días de ordinario usamos esa estola amplia
y los domingos y fiestas la casulla. No creo que
ese detalle sea de tanta trascendencia
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