El
estado y la unción de los enfermos
Rev. P. Floyd L. McCoy Jordán
Editor invitado
floyd@caribe.net
Existe un sacramento en la Iglesia Católica
que si los creyentes supieran el impacto inmediato
que produce para obtener la salud, no nos darían
vida a los sacerdotes para que continuamente se
lo administráramos. Y esto, porque entre
sus requisitos para ser administrado incluye que
lo puede recibir cualquier persona que se encuentre
enferma o que vaya a pasar por una intervención
quirúrgica, aunque sea menor. El sacramento
de la Unción de los Enfermos (no de la Extremaunción,
como se le llamaba antes) tiene como fundamento
bíblico la carta de Santiago (5:14) donde
se invita a la comunidad de los fieles a llamar
al presbítero si alguno se encuentra enfermo
para que le imponga las manos, le ore y le unja
con aceite.
Uno de los medios que el Señor utilizó para
que yo me diera cuenta de cuál era mi vocación
en la vida fue ese sacramento. Mientras terminaba
los estudios de bachillerato en historia en la
Universidad de Puerto Rico, en Río Piedras,
yo trabajaba a tiempo parcial en diferentes hospitales
del área metropolitana, en las unidades
de intensivo y coronaria. Fue en esas labores que
empecé a darme cuenta de cómo los
pacientes reaccionaban después de que un
sacerdote pasara por la unidad y les administrara
el sacramento. Fueron tantas las ocasiones en que
vi a algunos que estaban graves levantarse de sus
camas, a otros obtener algunos días adicionales
de vida en lo que llegaba un familiar, y a otros
que estaban deprimidos, llenarse de luz y de alegría
para morir en paz con el Señor, que no pasó desapercibido
para mí lo milagroso del sacramento. Eventualmente,
cuando respondí a la llamada y fui ordenado
al sacerdocio he sido testigo de las maravillas
que Dios obra con la Unción de los Enfermos.
No todos los católicos, y mucho menos los
no católicos, están conscientes del
poder que ejerce el Señor a través
de la unción. Yo he sido testigo de eso
en dos ocasiones en estas últimas semanas,
en circunstancias muy delicadas. El primero de
julio de este año sufrí un accidente
muy grave en la carretera de Hormigueros a San
Germán en el cual iba a perder la vida.
Estuve consciente en todo momento y después
del aturdimiento del impacto, alcancé el
aceite que siempre llevo para los enfermos y yo
mismo, después de hacer examen de conciencia
y arrepentimiento, me administré el Sacramento.
Válido o no, lo importante para mí era
que si no llegaba vivo, ya Dios tendría
en cuenta la intención. Me llevaron en ambulancia
inmediatamente al Hospital de la Concepción,
donde yo pensaba que no iba a llegar con vida Sin
embargo, tan pronto llegamos al hospital, le pedí a
una amiga que enseguida buscara al capellán
para que me ungiera. De repente, una voz masculina
fuerte, detrás de mí, le dijo autoritariamente
que no se fuera, que le diera una información.
Mi amiga le contestó que iba a buscar al
sacerdote para que me ungiera y la misma voz le
dijo en el mismo tono que dar la información
era más importante. Mi amiga me miró nerviosa
y yo le indiqué que le hiciera caso. Al
fin y al cabo, cuando el policía le hizo
las preguntas, ella no las podía contestar
y fui yo quien le dio la información. Después,
al pasar el tiempo me enteré que el oficial
es católico.
Un mes y medio después, cuando ya estaba
en proceso de recuperación los médicos
me dijeron que podía regresar con mucha
cautela a mis funciones pastorales. Con mucho esfuerzo
he venido celebrando misas en mi pueblo de Hormigueros.
Fue ahí que, un domingo en la mañana,
cuando regresaba de un campo, al llegar al Santuario-Basílica,
me encontré un pequeño tapón.
Cuando una de las hermanas Dominicas de Fátima
se dio cuenta que yo llegaba, corrió hacia
el carro y me pidió que le diera el sacramento
de la Unción a un peregrino que estaba grave
en la ambulancia del 911. Enseguida que fui a hacerlo,
otra hermana me dijo que no podía entrar
porque le habían dicho los paramédicos
que ni aún para eso se iba a permitir a
nadie dentro. Como enfermero y como sacerdote yo
sé que en ese caso yo sí podía
entrar y así lo hice. Le expliqué al
personal quién yo era y procedí a
administrar el sacramento sin esperar el consentimiento
de los paramédicos. La cara de alegría
del paciente valió el mal rato que pasé.
Todo esto me ha hecho reflexionar muchísimo.
Tal vez la Iglesia no ha enfatizado más
el valor de este sacramento y los efectos que produce,
hasta el punto de ser desconocido entre los fieles.
Tal vez el personal de seguridad y de emergencias
de este pais no conoce, aunque sean católicos,
lo que para nosotros significa, en un momento en
que podemos perder la vida o ya la hemos perdido,
la recepción de este sacramento. Y digo
la hemos perdido, porque el sacramento se puede
recibir hasta una hora después de la persona
haber fallecido.
Fue una experiencia maravillosa el día de
mi accidente cuando, pensando que iba a morir en
cualquier momento, tuve aquel encuentro con Cristo
a través del sacramento. En todo momento
pude mantener la calma y hablar animadamente con
el personal que me atendía. Yo espero que
se pueda desarrollar una pastoral donde se le pueda
informar al personal de seguridad y de emergencias
médicas del país que en el momento
de la tragedia, cuando se está en peligro
de perder la vida, nosotros los católicos
queremos recibir al Señor de la Vida a través
de ese sacramento, y que eso es vital en el tratamiento
que se nos dé. Si el problema es el tiempo
que se toma y la incomodidad del lugar, eso no
importa. Los sacerdotes tenemos fórmulas
breves y maneras diferentes de administrarlo de
acuerdo con las circunstancias
aplaude |
censura |
A los padres que se preparan para educar
en la fe a sus hijos.
El único legado con valor de felicidad
que un papá y una mamá le pueden
entregar a sus hijos es que su palabra y ejemplo
reflejen un continuo esfuerzo por corresponder
a la voluntad de Dios.
La catequesis no sólo debe impartirse
a los niños sino también a los
padres que además pueden enriquecer
su formación mediante buenos libros,
charlas o foros adecuados en la internet como
pionet.org, encuentra.com o evpp.org (escuela
virtual para padres).
Redacción |
Aquellas
publicaciones del gobierno que desvarían
su propósito y ofenden la espiritualidad
del pueblo.
El caso más reciente del Instituto de Cultura Puertorriqueña muestra
una expresión pornográfica del onanismo femenino, reflejo del deterioro
del arte que no se atiene a la verdad, la bondad, la belleza y la búsqueda
de la trascendencia.
Para colmo, ante la deteriorada situación fiscal actual del estado, hiere
la retina el mal uso de los fondos públicos que en el caso del Instituto
además pervierten su misión.
Redacción |