Edición 39 •  25 de septiembre al 1 de octubre de 2005
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012

Riqueza de la Iglesia Católica

Rev. P. Floyd L. McCoy Jordán
Editor invitado
floyd@caribe.net

En la avenida 65 de Infantería en Río Piedras, cerca de la avenida Campo Rico, los pentecostales tienen un templo que le llaman “catedral”, así también tienen otro en la carretera número dos, antes de llegar a Bayamón, bajo ese mismo título. ¿Cuántas otras “catedrales” tienen? No sé, pero sí sé que el término no va de acuerdo con su cultura religiosa. ¿Por qué usar un término que es muy propio del mundo católico? Pienso que puede ser por dos razones: ignorancia o para confundir a los católicos. El problema es que ni los mismos católicos muchas veces saben la diferencia entre una catedral , un templo parroquial y una capilla. Hace poco uno me hablaba de la catedral de San Germán de Auxerre, y otro me hablaba de la catedral de Cabo Rojo. Pero, para añadir más a la confusión, ya algunos ministros pentecostales se hacen llamar o son llamados “obispos”.

Otra variante de estos préstamos del mundo católico al mundo pentecostal son los atuendos litúrgicos. La utilización de la toga en las iglesias históricas protestantes es muy común. Lo extraño es que sean hermanos de tradición pentecostal, que tanto han criticado las vestiduras litúrgicas de la Iglesia Católica, los que ahora, paulatinamente, vayan apareciendo en público con ellas. Es interesante ver cómo, a través de estos ejemplos, algunas tradiciones pentecostales se han ido apropiando de elementos de la Iglesia Católica, que antes criticaban con mucha aspereza. Sin embargo, mi preocupación es otra y la expondré enseguida.

Después del Concilio Vaticano II muchos creyentes católicos empezaron a criticar y a abandonar una serie de elementos que tenían que ver con nuestra cultura católica. En Puerto Rico esa situación cobró otros matices que contribuyeron a agravarla ante el avance del protestantismo agresivo furibundamente anticatólico del mundo pentecostal. Entre ellos mismos eran muy estrictos e intolerantes con una serie de situaciones: no veían televisión (la llamaban la “caja del diablo”), las mujeres tenían un estilo de vestir sumamente recatado, incluyendo la manera en que se peinaban y el absoluto desdén por el maquillaje, tampoco se afeitaban los vellos del cuerpo y, en términos generales, uno podía identificar una pentecostal cuando venía de lejos por el talante de su porte. Una característica esencial era el desprecio con el que trataban a los creyentes católicos. Hasta se atrevieron a querer arrebatarnos el título de “cristianos”, después de que nuestros mártires en los primeros siglos de la Iglesia derramaran su sangre para que ellos, muchos siglos después, cuando fueron fundados, encontraran un cristianismo hecho y derecho.

Ante el ataque continuo de esos hermanos y hermanas, muchos católicos les han creído el cuento y se han acomplejado o se han protestantizado. Hoy día tenemos feligreses en nuestras parroquias que cuestionan una serie de elementos importantes de nuestra tradición religiosa católica trimilenaria: el culto a la Virgen y a los Santos, las imágenes religiosas, la confesión, las diferentes devociones que enriquecen nuestra vida espiritual, la transustanciación, la devoción a Jesús en el Santísimo Sacramento y muchas otras.

Lo más curioso de todo esto es que mientras nosotros nos hemos ido acomplejando y rechazando elementos de nuestra fe, los hermanos que antes nos criticaban, se van apoderando de muchos de esos elementos. De ahí lo absurdo de las catedrales y los obispos pentecostales, en  una tradición cristiana que es de tipo congregacionista y no episcopal. No nos extrañe que un día pasemos frente a una iglesia pentecostal que tenga como nombre “Templo María de Nazaret del Taller de José, M.I.” , y más adelante en la carretera encontremos otra con el nombre de “Primera Iglesia Pentecostal María Llena de Gracia del Monte Sión, M.B”. Al menos los adventistas tienen un templo en la carretera 117  en el pueblo de Lajas que se llama “Iglesia Adventista del 7mo. Día de Santa Rosa”. Claro, en ese caso se entiende, ya que está localizada en el barrio Santa Rosa. Pero, como quiera, uno podría pensar que lo hacen con el fin de confundir a muchos católicos que ya de por sí andan confundidos con su propia religión.

Yo estoy profundamente de acuerdo con el ecumenismo. Me parece un contrasentido que los que estamos bajo la Ley del Amor que Jesús tanto enfatizó vivamos en un ambiente de odio y tirantez. Pero no creo en un ecumenismo donde tenemos que vivir de rodillas y acomplejados frente a las demás tradiciones cristianas. Al contrario, nosotros los católicos tenemos una gran riqueza doctrinaria, litúrgica y bíblica que ya tiene tres mil años de añeja y de la cual nos podemos sentir más que orgullosos. Esa riqueza la tenemos que vivir de acuerdo con los tiempos modernos, tenemos que actualizarla, que modificarla, para ajustarla a las necesidades del ser humano del 2005. Sin embargo, eso no quiere decir erradicarla por completo o ser tímidos o acomplejados ante ella. Lo que sí debemos hacer es conocerla mejor, vivirla con alegría y crecer espiritualmente viviendo un cristianismo más dinámico y comprometido.

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