Riqueza
de la Iglesia Católica
Rev. P. Floyd L. McCoy Jordán
Editor invitado
floyd@caribe.net
En la avenida 65 de Infantería en Río
Piedras, cerca de la avenida Campo Rico, los pentecostales
tienen un templo que le llaman “catedral”,
así también tienen otro en la carretera
número dos, antes de llegar a Bayamón,
bajo ese mismo título. ¿Cuántas
otras “catedrales” tienen? No sé,
pero sí sé que el término
no va de acuerdo con su cultura religiosa. ¿Por
qué usar un término que es muy propio
del mundo católico? Pienso que puede ser
por dos razones: ignorancia o para confundir a
los católicos. El problema es que ni los
mismos católicos muchas veces saben la diferencia
entre una catedral , un templo parroquial y una
capilla. Hace poco uno me hablaba de la catedral
de San Germán de Auxerre, y otro me hablaba
de la catedral de Cabo Rojo. Pero, para añadir
más a la confusión, ya algunos ministros
pentecostales se hacen llamar o son llamados “obispos”.
Otra variante de estos préstamos del mundo
católico al mundo pentecostal son los atuendos
litúrgicos. La utilización de la
toga en las iglesias históricas protestantes
es muy común. Lo extraño es que sean
hermanos de tradición pentecostal, que tanto
han criticado las vestiduras litúrgicas
de la Iglesia Católica, los que ahora, paulatinamente,
vayan apareciendo en público con ellas.
Es interesante ver cómo, a través
de estos ejemplos, algunas tradiciones pentecostales
se han ido apropiando de elementos de la Iglesia
Católica, que antes criticaban con mucha
aspereza. Sin embargo, mi preocupación es
otra y la expondré enseguida.
Después del Concilio Vaticano II muchos
creyentes católicos empezaron a criticar
y a abandonar una serie de elementos que tenían
que ver con nuestra cultura católica. En
Puerto Rico esa situación cobró otros
matices que contribuyeron a agravarla ante el avance
del protestantismo agresivo furibundamente anticatólico
del mundo pentecostal. Entre ellos mismos eran
muy estrictos e intolerantes con una serie de situaciones:
no veían televisión (la llamaban
la “caja del diablo”), las mujeres
tenían un estilo de vestir sumamente recatado,
incluyendo la manera en que se peinaban y el absoluto
desdén por el maquillaje, tampoco se afeitaban
los vellos del cuerpo y, en términos generales,
uno podía identificar una pentecostal cuando
venía de lejos por el talante de su porte.
Una característica esencial era el desprecio
con el que trataban a los creyentes católicos.
Hasta se atrevieron a querer arrebatarnos el título
de “cristianos”, después de
que nuestros mártires en los primeros siglos
de la Iglesia derramaran su sangre para que ellos,
muchos siglos después, cuando fueron fundados,
encontraran un cristianismo hecho y derecho.
Ante el ataque continuo de esos hermanos y hermanas,
muchos católicos les han creído el
cuento y se han acomplejado o se han protestantizado.
Hoy día tenemos feligreses en nuestras parroquias
que cuestionan una serie de elementos importantes
de nuestra tradición religiosa católica
trimilenaria: el culto a la Virgen y a los Santos,
las imágenes religiosas, la confesión,
las diferentes devociones que enriquecen nuestra
vida espiritual, la transustanciación, la
devoción a Jesús en el Santísimo
Sacramento y muchas otras.
Lo más curioso de todo esto es que mientras
nosotros nos hemos ido acomplejando y rechazando
elementos de nuestra fe, los hermanos que antes
nos criticaban, se van apoderando de muchos de
esos elementos. De ahí lo absurdo de las
catedrales y los obispos pentecostales, en una
tradición cristiana que es de tipo congregacionista
y no episcopal. No nos extrañe que un día
pasemos frente a una iglesia pentecostal que tenga
como nombre “Templo María de Nazaret
del Taller de José, M.I.” , y más
adelante en la carretera encontremos otra con el
nombre de “Primera Iglesia Pentecostal María
Llena de Gracia del Monte Sión, M.B”.
Al menos los adventistas tienen un templo en la
carretera 117 en el pueblo de Lajas que se
llama “Iglesia Adventista del 7mo. Día
de Santa Rosa”. Claro, en ese caso se entiende,
ya que está localizada en el barrio Santa
Rosa. Pero, como quiera, uno podría pensar
que lo hacen con el fin de confundir a muchos católicos
que ya de por sí andan confundidos con su
propia religión.
Yo estoy profundamente de acuerdo con el ecumenismo.
Me parece un contrasentido que los que estamos
bajo la Ley del Amor que Jesús tanto enfatizó vivamos
en un ambiente de odio y tirantez. Pero no creo
en un ecumenismo donde tenemos que vivir de rodillas
y acomplejados frente a las demás tradiciones
cristianas. Al contrario, nosotros los católicos
tenemos una gran riqueza doctrinaria, litúrgica
y bíblica que ya tiene tres mil años
de añeja y de la cual nos podemos sentir
más que orgullosos. Esa riqueza la tenemos
que vivir de acuerdo con los tiempos modernos,
tenemos que actualizarla, que modificarla, para
ajustarla a las necesidades del ser humano del
2005. Sin embargo, eso no quiere decir erradicarla
por completo o ser tímidos o acomplejados
ante ella. Lo que sí debemos hacer es conocerla
mejor, vivirla con alegría y crecer espiritualmente
viviendo un cristianismo más dinámico
y comprometido.