Edición 39 •  25 de septiembre al 1 de octubre de 2005
Hoy es miércoles, 8 de febrero de 2012

Un centenario abrazo de fraternidad

Fray Yamil Samalot Rivera, O.P.
Para EL VISITANTE

Según una Antigua tradición, Santo Domingo de Guzmán, cuya fiesta celebramos el 8 de agosto, y San Francisco de Asís, se encontraron una vez en Roma. Estos dos grandes santos medievales inmortalizaron un abrazo que indicaba cómo debían ambas órdenes, la de los Frailes Predicadores y la de los Frailes Menores, colaborar en fraternidad a través de los siglos. Este centenario abrazo nos lo dimos una vez más franciscanos y dominicos en medio de la Eucaristía en la Iglesia Nuestra Señora del Carmen de Cataño, presidida, como es tradición, por un franciscano. En esta ocasión, presidió Fray Alberto Figueroa, OFM. Cap., Vice Provincial de los capuchinos, quien invitó en su homilía a ambas órdenes a hacer concreto el “centenario abrazo” de los fundadores a través de una colaboración en nuestra misión en Puerto Rico. Junto a él, concelebró el Custodio de los Frailes Menores, Fray Luis Olmo, OFM., y el Vicario General de los Frailes Predicadores, Fray Marcos Espinel, O.P.

La misa en honor al Padre de los Predicadores se vio engalanada por tantos otros frailes menores y capuchinos, y por representantes de todas las ramas de la Familia Dominica: frailes de las diversas comunidades en Puerto Rico, hermanas de las congregaciones de la Santa Cruz (Amityville), de Fátima, Jesús mediador y de la Presentación; laicos de las fraternidades y de nuestras parroquias. Además, se sintió la presencia espiritual de nuestras monjas del monasterio Madre de Dios (Utuado) a través de una carta que nos fue leída. El ministerio de música del Santuario Nacional a San Martín de Porres nos invitó a alabar y a bendecir a Dios por la vocación común recibida de contemplar y dar a los demás el fruto de la contemplación.


Al centro, el Viceprovincial de los Padres Capuchinos, Padre Alberto Figueroa, junto al Padre Marcos Espinel, Vicario de los Padres Dominicos y el Padre Luis Olmo, superior de los Padres Franciscanos Menores, concelebran junto a otros sacerdotes dominicos, franciscanos y capuchinos.

Santo Domingo de Guzmán (España, 1170 – Italia. 1221), atento a la necesidad de saciar el hambre de verdad que tenía la gente con la que se topó al sur de Francia, gente al embate de una herejía que destruía la propia dignidad del ser humano, concibió una orden de hermanos que dedicados a la oración y al estudio asiduo de la Palabra de Dios, se entregaran en comunidad a predicar la Buena Noticia que hace libre (Jn 8, 31-32). En 1215, nacía la primera comunidad de frailes predicadores que, al amparo de la oración de las monjas dominicas fundadas en 1206, se desperdigaron luego por toda Europa. Santo Domingo enviaba a sus frailes a fundar conventos en las ciudades universitarias para que se formaran bien, influir en el mismo meollo en donde se cocinaban los problemas acuciantes de la época, y para reclutar jóvenes estudiantes y profesores que quisiesen ser parte de la Santa Predicación. Herederos de su carisma han sido santos y santas como Catalina de Siena, Tomás de Aquino, Alberto Magno, el mártir Pedro de Verona, Rosa de Lima, Martín de Porres, y nuestra Madre Dominga Guzmán.

Este año en el que el Vicariato General de la Santa Cruz continúa celebrando con agradecimiento cien años de la restauración de la presencia dominica en Puerto Rico por los frailes de Holanda (su llegada a Bayamón, Cataño e Isabela), con más razón nos dirigimos a nuestro Padre Fundador para suplicarle: “Oh Luz de la Iglesia, Doctor de la Verdad… Predicador de la Gracia, únenos a los santos.”

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